El sistema sanitario venezolano, ya debilitado desde hace años, se encuentra al borde del colapso, según advirtieron organizaciones humanitarias, casi una semana después de que dos fuertes terremotos dejaran hospitales dañados y con personal insuficiente para atender la creciente cantidad de heridos, en un contexto marcado por condiciones precarias en la zona afectada que favorecen la propagación de enfermedades infecciosas, según reportó la agencia AP.
Decenas de equipos de rescate, tanto nacionales como internacionales, continúan desplegados en distintas zonas del país en labores de búsqueda de sobrevivientes, mientras la cifra oficial de fallecidos supera las 1.900 personas y continúan recuperándose cuerpos entre los escombros.
Sin embargo, más allá de las labores de rescate, comienza a manifestarse una emergencia humanitaria paralela entre quienes lograron sobrevivir. Distintas agencias de Naciones Unidas expresaron preocupación por el impacto en la salud de miles de desplazados que han pasado varios días durmiendo a la intemperie o en refugios improvisados que carecen de condiciones sanitarias adecuadas.
De acuerdo con cifras oficiales citadas por Carlotta Wolf, portavoz de la agencia de la ONU para los refugiados, más de 15.800 personas resultaron afectadas de forma directa por los sismos, cifra que corresponde al número de desplazados reconocido por las autoridades. Muchas de estas personas, que perdieron sus viviendas de manera repentina, se han visto obligadas a dormir en vehículos, espacios públicos y otros lugares improvisados, ante la falta de refugios de emergencia suficientes.
Wolf advirtió que esta cifra podría seguir incrementándose en los próximos días. Asimismo, señaló que buena parte de la población desplazada en el estado La Guaira, uno de los más afectados por la tragedia, enfrenta una severa escasez de alimentos.
Durante una rueda de prensa realizada en Ginebra, el portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Christian Lindmeier, explicó que la población desplazada se encuentra cada vez más expuesta a brotes de enfermedades prevenibles, como el sarampión, debido a las bajas coberturas de vacunación existentes en el país. A esto se suma un repunte en enfermedades transmitidas por el agua, como el dengue, la fiebre amarilla y la malaria.
Lindmeier indicó que el sistema de salud venezolano, ya afectado por años de falta de inversión y una prolongada crisis económica, atraviesa actualmente una situación de presión extrema, con centros asistenciales operando por encima de su capacidad ante el aumento sostenido de casos relacionados con traumatismos físicos.
Según información oficial del Gobierno, los terremotos ocasionaron daños o afectaciones de distinto grado en 38 hospitales a nivel nacional. La OMS precisó que hasta el momento ha logrado evaluar 21 de esas instalaciones, de las cuales tres se encuentran completamente fuera de servicio, otras seis presentan daños estructurales, mientras que el resto enfrenta una sobrecarga por el alto volumen de pacientes.
La OMS también reportó que numerosos médicos especialistas continúan desaparecidos entre los escombros, incluyendo personal encargado de la atención materna en La Guaira, lo que agrava aún más la crisis dentro del sector salud.
Lindmeier señaló que las evaluaciones realizadas evidencian una prestación de servicios médicos desorganizada, caracterizada por el hacinamiento, el retraso creciente en procedimientos quirúrgicos y fallas en los protocolos de bioseguridad. Además, indicó que esta situación ha derivado en el colapso de los servicios forenses y de morgue, así como en un registro deficiente de las víctimas.
De acuerdo con estimaciones de la NASA, aproximadamente 59.000 estructuras resultaron dañadas o destruidas como consecuencia de los sismos, lo que elevaría considerablemente el número de personas afectadas. Por su parte, UNICEF informó que 680.000 niños en todo el país requieren asistencia humanitaria.
Ante la ausencia de un registro oficial de personas desaparecidas, numerosos ciudadanos venezolanos han recurrido a plataformas digitales no gubernamentales para reportar la desaparición de familiares. Una de estas bases de datos contabiliza, hasta el momento, al menos 43.220 personas reportadas como desaparecidas.





