En medio de la devastación que deja un terremoto, las imágenes de rescatistas extrayendo a un sobreviviente de entre los escombros suelen interpretarse como el final feliz de una tragedia. Sin embargo, los protocolos internacionales de medicina de emergencias advierten que el peligro para la vida del afectado no termina al retirar el último bloque de concreto. Un acto tan intuitivo y humano como ofrecer un vaso de agua o comida a quien ha permanecido atrapado puede desencadenar un desenlace fatal en cuestión de minutos.
Los especialistas en gestión de traumas y emergencias médicas coinciden en que la asistencia a estas víctimas requiere una rigurosa abstención de ingesta oral debido a dinámicas fisiológicas complejas que ocurren bajo la presión de estructuras colapsadas.
El Síndrome de Aplastamiento y la «muerte sonriente»
El principal argumento médico para prohibir el suministro de líquidos y alimentos a personas que han sufrido atrapamientos prolongados es el desarrollo del Síndrome de Aplastamiento (Crush Syndrome), una condición estrechamente ligada a la rabdomiólisis o destrucción del tejido muscular.
Cuando una extremidad permanece comprimida durante horas, los músculos privados de oxígeno comienzan a necrosarse. En este proceso, las células musculares se rompen y liberan al espacio circundante altas concentraciones de potasio y mioglobina, una proteína que transporta oxígeno en el tejido muscular. Mientras la persona sigue atrapada, el mismo objeto pesado actúa como un torniquete que retiene estas sustancias de manera localizada.
«La liberación del miembro atrapado o un aumento repentino del volumen sanguíneo por la ingesta de agua rompe ese dique natural, permitiendo que las toxinas viajen masivamente hacia el torrente sanguíneo», señalan los manuales de atención prehospitalaria de trauma.
El exceso de potasio en la sangre (hiperpotasemia) puede provocar arritmias letales o un paro cardíaco fulminante de forma inmediata, un fenómeno que en la literatura médica de emergencias se ha denominado históricamente como la «muerte sonriente», debido a que el paciente fallece poco después de manifestar alivio por haber sido rescatado. Asimismo, la acumulación de mioglobina obstruye los túbulos renales, derivando en una insuficiencia renal aguda.
Riesgos mecánicos y requerimientos quirúrgicos
Más allá de las complicaciones químicas en la sangre, existen factores mecánicos e inmunológicos de ejecución inmediata en el sitio del suceso. Las personas rescatadas de un sismo suelen presentar estados de shock severo, deshidratación extrema y fluctuaciones en su nivel de conciencia.
Los protocolos de soporte vital explican que en pacientes con consciencia alterada o traumas graves existe un riesgo elevado de aspiración pulmonar. Si se introduce comida o bebida en la boca de una persona en estado de shock, el contenido puede desviarse hacia las vías respiratorias en lugar del tracto digestivo, provocando asfixia inmediata o neumonía química.
Por otra parte, la experiencia en zonas de desastre demuestra que un porcentaje significativo de los sobrevivientes extraídos de los escombros presenta fracturas, lesiones internas o síndromes compartimentales que requieren intervención quirúrgica inmediata una vez trasladados a un centro hospitalario.
«Para realizar cualquier procedimiento anestésico y quirúrgico de emergencia de manera segura, es un requisito indispensable que el paciente mantenga el ayuno», advierten los especialistas en cirugía de trauma, explicando que la presencia de alimentos en el estómago incrementa el riesgo de regurgitación durante la anestesia, lo que obligaría a retrasar cirugías críticas para la preservación de la vida o de los miembros afectados.
El protocolo correcto en la escena
La International Search and Rescue Advisory Group (INSARAG) y diversas organizaciones de atención médica prehospitalaria estipulan que la hidratación de un paciente atrapado nunca debe ser por vía oral. En su lugar, el abordaje correcto exige que los equipos médicos estables instalen una vía intravenosa para suministrar soluciones salinas o de bicarbonato de sodio antes de remover los escombros que aprisionan a la víctima, con el objetivo de diluir de forma anticipada la carga de toxinas y proteger la función renal.
Para canalizar el deseo de ayudar de los voluntarios no profesionales en la escena de un rescate, las guías de primeros auxilios limitan la acción a humedecer los labios del sobreviviente con una gasa o paño limpio mojado para mitigar la sensación de sequedad extrema, evitando estrictamente que este trague cualquier tipo de fluido.





