El ataque masivo con drones del ejército ucraniano contra la capital rusa tuvo como blanco principal la refinería de Moscú y forma parte de una intensa campaña contra las infraestructuras petroleras del país.
Una herramienta cada vez más costosa para el Kremlin, destinada a socavar su capacidad de financiar el esfuerzo de guerra.
El cielo de Moscú estuvo cubierto de humo negro durante toda el jueves 18 de junio. Mientras la capital rusa despertaba tras uno de los ataques con drones ucranianos más intensos desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucranai, la refinería de petróleo de la capital rusa seguía ardiendo.
El complejo industrial de Kapotnia, ubicado apenas 15 kilómetros al sur del Kremlin, es un «sitio clave para las necesidades energéticas de toda la región», afirma James Henderson, especialista en el sector petrolero ruso del Oxford Institute for Energy Studies.





