Estados Unidos ha decidido flexibilizar las sanciones sobre el petróleo de Venezuela mientras el presidente Donald Trump busca aumentar la oferta mundial de crudo en medio de la guerra con Irán.
La medida permitirá que empresas estadounidenses y de otros países compren petróleo venezolano, aunque los pagos deberán pasar por cuentas controladas por Estados Unidos y no directamente al gobierno sancionado.
La decisión llega en un contexto de fuerte aumento de los precios del petróleo, impulsado por el conflicto con Irán, que ha interrumpido el flujo de crudo a nivel global, especialmente por la situación en el estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte energético.
El objetivo de Washington es incentivar la inversión en el sector energético venezolano, aumentar la oferta global de petróleo y ayudar a estabilizar los precios internacionales.
Sin embargo, las nuevas reglas incluyen restricciones: no se permiten transacciones con países como Rusia, Irán o China, ni pagos en oro o criptomonedas.
Además, el gobierno estadounidense también suspendió temporalmente una ley que limita el transporte marítimo entre puertos del país, con el fin de reducir costos y mejorar el suministro interno de energía.
Aunque la medida podría impulsar la economía venezolana, críticos advierten que podría beneficiar a estructuras de poder cuestionadas y con antecedentes de corrupción.






