La reciente crisis en Medio Oriente ha puesto de relieve la vulnerabilidad del mercado energético mundial. Entre precios elevados, riesgos de suministro y oportunidades de exportación, los efectos son distintos según la posición de cada país en el mapa energético.
“La dependencia del petróleo y el gas importados marca la diferencia. Los que producen internamente y no están en la zona de conflicto pueden aprovechar los precios altos; los demás enfrentan presiones crecientes”, explica el ingeniero petrolero de nacionalidad peruana Jorge Miroslav Jara Salas.
Ganadores y perdedores en el nuevo escenario
La región experimenta un panorama heterogéneo. Mientras algunos países pueden sacar provecho de la coyuntura, otros enfrentan mayores desafíos por su dependencia externa:
- Brasil se beneficia del aumento del precio del petróleo gracias a su producción offshore, aunque al mismo tiempo importa parte de su gas, generando un efecto mixto sobre sus costos internos.
- Argentina, con el desarrollo de Vaca Muerta, fortalece su autosuficiencia energética, permitiendo aprovechar precios elevados y exportar excedentes de gas y petróleo.
- Perú enfrenta un desafío por su limitada producción interna de petróleo, dependiendo de importaciones para cubrir la demanda, lo que lo hace sensible a los incrementos de precios.
- Ecuador se ve afectado por su necesidad de importar gas, aunque puede obtener algún beneficio de su petróleo exportable.
- Colombia tiene un efecto mixto: exporta petróleo pero depende de importaciones de gas, por lo que la crisis puede elevar sus costos internos.
- Venezuela, con reservas masivas y posición estratégica, podría consolidarse como proveedor clave para América Latina y más allá si logra aumentar su producción.
- Panorama europeo
En Europa, la situación es particularmente delicada, “porque importa tanto petróleo como gas. Por eso, una crisis prolongada en Medio Oriente puede tener un efecto inflacionario importante y afectar el crecimiento económico del continente”, explica Jorge Jara Salas.
Alemania, Francia e Italia enfrentan incrementos significativos en los costos energéticos y presiones sobre la industria y los hogares.
“La crisis energética es un recordatorio de que la diversificación y la autosuficiencia no son solo estrategias económicas, sino de seguridad energética. Quienes logren adaptarse a este nuevo escenario tendrán ventaja competitiva”, concluye el especialista Jorge Jara Salas.






