La confrontación en Venezuela ha marcado la política de por menos el último cuarto de siglo. La negación del contrario ha sido la norma. Este escenario llevó por delante el 80 % del Producto Interno Bruto (PIB) con las consabidas consecuencias en la calidad de vida de los habitantes de esta tierra de gracia.
Luego del 3 de enero la vida de los venezolanos sufrió un estremecimiento en todos los tableros donde se mueven las piezas de su destino.
Un evento violento forzó al cambio de actitudes y se vienen abriendo ventanas para diálogos que tratan de superar las iniciativas de este tipo que los antecedieron.
En ese contexto nació el Programa para la Paz y la Convivencia Democrática que tiene como su secretaria ejecutiva a Ana María Sanjuan, quien accedió a conversar con nosotros en el marco del foro denominado “Entendimiento, estabilización y cambio político», realizado en la Universidad Central de Venezuela.
La conversa
Con su porte imponente y la voz cálida de maestra, la sicóloga social nos regala una sonrisa al darnos el “sí” para comenzar el intercambio.
-La sociedad venezolana ha sido incapaz de ponerse de acuerdo, de tolerarse, eso nos trajo a este momento político. ¿Qué cambió? ¿Por qué ahora sí es posible?
-Porque cambió todo, cambió el contexto. Somos los mismos. Somos los mismos venezolanos que estábamos antes en 3 de enero, pero ese 3 de enero de 2026 generó un nuevo contexto muy desafiante para el país. Un país que necesita estar sólido y unido para recuperar su soberanía, parte de su soberanía que ha sido esquilmada y tomada de una manera feroz. Creo que aunque seamos los mismos tenemos que llegar a vernos de una diferente manera.
“Es el momento del reconocimiento del otro. Es el momento del respeto de las ideas del otro. Es el momento del diálogo desarmado, es el momento de la paz y de construir. Yo creo que tenemos una oportunidad, tenemos una puerta abierta y es el momento de pasar, de cruzar el marco de la puerta y avanzar”, sentencia con vehemencia y esperanza.
-Una encuesta de Naciones Unidas dice que los venezolanos quieren dialogar. Sin embargo, se quejan de la falta de espacios y condiciones para un intercambio respetuoso. ¿Cómo construirlo?
-Eso es lo que estamos haciendo. Estamos aprendiendo, escuchando a las personas con las que nos hemos reunido, a los grupos sociales, a los partidos políticos, a los grupos económicos. En general a las personas representantes de la sociedad venezolana.
-¿Cómo se construye ese espacio?
-Ese espacio requiere de la política con “P” mayúscula. El espacio lo construye la política. No tiene que haber un espacio ideal. Tenemos un espacio en la Asamblea Nacional. Tenemos un espacio en el Programa para la Paz y la Convivencia Democrática, pero tenemos un espacio también en los gremios. Tenemos un espacio en todas partes, porque la idea es que retornemos a discutir nuestros problemas en el marco de la convivencia democrática. Nosotros tenemos una Constitución; tenemos unas leyes que permiten perfectamente llegar a acuerdo sobre los problemas más graves del país, como es el tema del desarrollo y la inclusión social. Entonces, creo que el diálogo se gana dialogando. El diálogo se gana con el espacio para dialogar.
No es “un yo con yo”
Sanjuan advierte que “no se trata de hablar nosotros con nosotros. La idea es que hablemos nosotros con ellos y ellos con nosotros. Esa es la única forma de construir un espacio para avanzar sobre los problemas del país, ponernos de acuerdo y, sobre todo, reconocernos, tener confianza en el otro. La demonización del contrario ha llevado a que no tengamos confianza en la otra persona.
– Y… ¿cómo se construye esa confianza?
-Dialogando. Si yo sé que tú no eres un monstruo, que tú no eres un demonio, que tú no eres una persona que lo único que quieres es arrebatarme lo que yo tengo, o que yo no soy una persona que lo único que quiero es destruirte, es posible. Esas percepciones existen, porque se han construido de una manera muy compleja y no ha habido espacios en los cuales dialogar. Por eso hay que recoger la palabra armada.
En este momento recuerda la iniciativa del papa León XIV sobre la posibilidad de detener el lenguaje ofensivo entre los seres humanos durante la cuaresma. Señala que “ese ayuno que mandó a hacer el papa sobre el verbo es necesario para construir esos espacios de diálogo”.
– Usted ha hablado de heridas son transversales a toda la sociedad venezolana. ¿Con qué se han topado en esos encuentros con diversos sectores? ¿Dónde están esos dolores de los venezolanos?
-Los dolores están básicamente porque este conflicto ha cobrado vidas, pero no solamente vidas de un lado. No solamente hay problemas de un lado. Este conflicto ha cobrado vidas de todo el país. Hay ausencia de familiares por muerte y por exclusión. Hay trabajadores despedidos en todo el país. Es decir, no es un conflicto sobre una única persona. No se puede decir que “soy el único sector con dolor”. No se puede decir eso porque no es cierto.
En este momento se detiene busca en las gavetas de su pensamiento y luego, desde el convencimiento vestido con una mezcla de firmeza y tranquilidad, sentencia: “El problema es que hasta que no reconozcamos que esas heridas están en los dos lados, que hay consecuencias humanas en las acciones políticas que hemos llevado a cabo por el conflicto… Hasta que no lleguemos a ese momento, no vamos a lograr comprender la inmensidad de la reparación que nos debemos los unos a los otros. Del reconocimiento que nos debemos los unos a los otros para poder avanzar”.
-Usted dice que llegó el momento de la política. En la encuesta de Naciones Unidas se señala que los políticos tienen la mayor responsabilidad en fomentar el desencuentro con su discurso. ¿Cómo reconstruir ese lenguaje que usa el poder? ¿El lenguaje de los sectores que le compraron la confrontación al poder?
-El lenguaje es importante y las palabras también. El lenguaje y las palabras modelan actitudes, modelan percepciones, modelan comportamiento. El tema de la palabra ha sido unánime en todos los sectores con los que hemos hablado de un lado, del otro, de arriba, de abajo. Todos los sectores dicen: «Hay que tener un diálogo respetuoso, hay que tener un diálogo desarmado. Hay que tener un diálogo en que se hable del problema, no se descalifique a la persona».
Destaca que la sociedad venezolana entró “al terreno de descalificaciones masivas, a descalificar a personas porque tienen una idea”.
“La idea es que tengamos un debate sobre esas ideas sin descalificar a las personas. En eso la palabra es muy importante. Creo que este ejercicio de la necesidad de que la palabra debe ir desarmada, que la palabra debe ser para conocer, que la palabra debe ser para discutir en buena ley con argumentos o sin argumentos, pero sin insultos. Eso es muy importante porque la sociedad venezolana está tremendamente cansada del insulto, de la descalificación, de la falta de reconocimiento”, señala la sicóloga social.
En este momento hace foco en el sector político y sentencia “que, ese paso que requiere la sociedad, los dirigentes políticos tienen que entenderlo y acompañarlo”.
-Se dio un paso con la Ley de Amnistía. Imperfecta para algunos, pero es considerada un paso positivo. ¿Cuáles son las iniciativas que siguen para el Programa de Convivencia y Paz?
-La Ley de Amnistía es una propuesta de paz muy importante, que debe ser tenida en cuenta como tal. Es decir, no es una ley obligada, ni es una ley impuesta, ni es una ley obviamente perfecta, pero es una apuesta por la paz.
Indicó que el llamado a la paz solicitado por la presidenta “es para conseguir la paz integral, la paz económica y la paz social. En eso vamos a trabajar. Vamos a hacer mesas de sectoriales para ver cuáles son los nudos, los problemas que impiden que haya paz social en el país”.
“Obviamente ahí nos vamos a encontrar los problemas de exclusión, los problemas de servicios, y una cantidad de cosas. ¿Qué ata a la diatriba de nuestra convivencia? ¿Qué la hace escapar de la democracia para resolver los problemas? Eso es lo que nosotros vamos a trabajar y estamos abiertos a que todo el mundo participe en esa comisión. La presidenta dijo: ‘Aquí está una página en blanco’. Aquí pueden entrar todos los que quieran”, indicó Ana María Sanjuan.
Al hablar de la experiencia de la consulta con los sectores señaló que han solicitado reuniones “y alguna gente nos dice: ‘No, no, no. Nosotros no creemos en esa comisión’. Pero hay mucha gente que ha participado y que nos ha acompañado. Ha sido una experiencia muy interesante”.
-Ha señalado que nuestra democracia ha sido excluyente. ¿Cómo construir la inclusión?
-La democracia tiene que construirse justamente en la inclusión. Nosotros nos podemos decir: «Estos no son aptos para estar en mi democracia. Estos no son ciudadanos que merecen la atención de mi democracia”. Eso ha pasado, no solamente de los años 60, viene de más atrás. A mí me llamó la atención el libro de José Agustín Silva, cuando habló de la crisis de la democracia en 1967. Ya él decía que la democracia había excluido a todos los inmigrantes rurales que vinieron a las grandes capitales para poder vivir mejor con la renta petrolera. Nosotros arrastramos eso desde allí y desde antes, porque hubo el trienio adeco de 1945 y antes hubo el intento de democratización con Medina y con López Contreras. Entonces, siempre ha habido ese intento de democratización, porque en la sociedad había sectores de la excluidos.
“Es un problema que tenemos 100 años trasegando y tratando de resolverlo, sin resolverlo y tratando de montarse sobre el. Al final pasa por el desconocimiento del otro. Es lo que tenemos que lograr: abrir los ojos entre nosotros mismos y entender que la pluralidad de la sociedad venezolana es muy rica y que en esa pluralidad es mejor adentro que afuera. Que alguien fuera del sistema no es bueno, no es correcto”, dijo finalmente Ana María Sanjuan.






