Un jugador que personifica el alma uruguaya, ídolo de una afición fuera de su tierra y más que un simple destructor de juego, su nombre es: Nahitan Nández

Cuando Nahitan Nández, de veintitres años, titular inamovible de la selección uruguaya, había sido asociado al Cagliari durante la pasada ventana de invernal de mercado, las reacciones se situaron sobre la escala cromática de la sorpresa, o mejor dicho, de la incredulidad. Fue un verdadero cortocircuito cognitivo: ¿cómo pueden estar esos dos nombres en una misma línea?

¿Por qué un jugador en el pico máximo de su carrera escogió un destino “menor” como el Cagliari? (Alguien simpáticamente en Twitter lo definió como “el Patronato de Italia”. Patronato es un modesto equipo de la Superliga Argentina)

El año pasado, después de varias semanas de negociaciones, que nunca prosperaron, dejaron a Nahitan en La Bombonera. Según su nuevo técnico xeneixe, Gustavo Alfaro, tenía más sentido que el jugador fuese buscado por un club de primer nivel, como la Juventus o el Inter, sin embargo, jugó otro semestre en Boca y una Copa America entre las sombras, momento en el cual se le presentaron al uruguayo nuevas oportunidades de ir a Europa. Lo buscaron con suma insistencia el Watford, el Napoli, la Lazio y el Cagliari, este último, movido por la venta de Barella.

Finalmente, el presidente del Cagliari, Giulini, logró contratarlo. A este punto, la pregunta puede ser la siguiente: ¿está Nández verdaderamente preparado para Europa?

¿Como juega Nández?

Si alguien que no siguió regularmente la Superliga argentina y se limitó a ver la tragicómica “Superfinal” de la Libertadores cerrara los ojos un momento, volvería a ver este Nández del primer gol de Boca contra River Plate en Madrid.

Como lo evidencia este video, que muestra las dos características antípodas de su estilo de juego.

Nández entra en posesión del balón después de la salida temeraria del portero y el rebote que le sigue. Buffarini, el lateral derecho, se le presenta como descarga, pero Nahitan prefiere aventurarse en un drible muy ambicioso, del cual sale derrotado, algo que es constante en él, quien suele perder el balón (1,7 veces por partido), por exceso de confianza en si mismo.

Por suerte, el contragolpe de River no se concreta, el balón pasa por los pies de Pablo Pérez, que busca nuevamente a Nahitan para armar la jugada. El 16 se acomodó el balón a dos toques, verticalizó con el externo del pie hacía Benedetto: de aquel lanzamiento quirúrgico, nació el gol del Boca.

Suspendido entre estos dos extremos, la perdida del balón ingenua y la gran jugada, se extiende el estilo de Nández, es decír, un jugador “pesado”, tanto en términos de personalidad y lidership, como (y sobre todo) desde el punto de vista técnico y táctico.

Si se observan sus estadísticas y se le comparan con aquellas del exmediocampista del Cagliari, a quien vendrá a sustituir el uruguayo, Nicolò Barella, es posible conseguir que: Nández gana el 40% de los uno a uno, justamente como el italiano, pero completa 3,9 tacleadas cada 90 minutos, superando a Barella (2,8).

Esta tendencia hacía el contraste lo define, más que en el plano de la eficiencia, en el plano estético: la manera como arponea los balones vagantes es el esencia de su “estar en el campo”, de su impetuosidad, de un mood que coquetea con el entusiasmo. Pero Nández, en su manifestación más destilada, recuerda mucho a la mejor versión de Daniele De Rossi, que a su vez, en un juego del destino, será su sustituto en el Boca.

Pero Nández es mucho más que un simple “destructor” (justamente, como Barella): su dinamismo, sus capacidades de corrida y su intensidad, lo ayudan en la constante aplicación de la presión sobre el conductor adversario y los segundos balones. Demuestra toda su técnica cuando se trata de efectuar pases de desmarque; cosa que lo convierte en un perfecto interprete de ambas fases del juego.

El “minus” más evidente, si se quiere insistir en una comparación con Barella, es la capacidad de encontrar el arco, no suele patear (0.9 cada 90 minutos), posee una diestra de mucha potencia, pero no muy precisa, la mitad de sus tiros van al arco (Barella patea 1,5 veces al arco en 90 minutos, y tampoco es muy preciso, 0,4 veces)

Nández dribla mucho (2,2 intentos y 1,2 completados) y como dicho anteriormente, no es un jugador plenamente independiente, es de quienes gustan asociarse con sus compañeros de reparto, o con las puntas, para triangular e insertarse, o para llegar a la conclusión; aunque a veces sus intentos parecen apresurados y superficiales.

La excelente coordinación con la cual anotó uno de sus goles más famosos en un Superclásico en el Monumental, fue una excepción a la regla.

Enamorar Cagliari

Nahitan Nández es, sobre todo un futbolista polivalente: se desempeña mucho como volante de ruptura; por el medio, pero también más perfilado hacía la derecha; en otras ocasiones incluso era usado como ala pura.

Tiene recorrido, solidez y equilibrio, todas las potencialidades para llevar a cabo los movimientos correctos, que necesita para jugar en el rombo fluido de Maran (), que en fase de construcción se transforma en un cuadrado con dos medianos y dos enganches.

Tras la derrota en la final de Libertadores (diciembre 2018, Nández se convirtió en uno de los símbolos más representativos de la “derrota digna xeneixe”: el estoicismo con el cual siempre salió a la cancha lo convirtió en ídolo de la hinchada, tanto que José Beraldi, candidato a la presidencia del Boca, en sus próximas elecciones le dedicó una carta abierta que bailaba entre lo emotivo y lo propagandístico, suplicando que se quedara.

El siguiente semestre en Boca parecía un intento de postergar algo que era inevitable, mientras tanto, Nández logró consolidar la posición positiva ante los ojos de los bosteros. En ese tiempo ganó otro trofeo con el xeneixe, la Supercopa Argentina, partido que jugó lesionado, o como el mismo expresó “con los pies hechos una mierda”.

Tras el penúltimo partido jugado en Brasil contra Paranaense, en octavos de Libertadores, dijo: “mi despedida es sólo un hasta pronto”. Una frase retórica, que suele decirse mucho, pero para Nahitan parece tener mucho sentimiento. Con 23 años conquistó un título en Uruguay y uno con Boca, pero ahora quiere convertirse en alguien también en el viejo continente. La última Copa America no fue una gran vitrina para él debido también a la entrada al plantel de Bentancourt, Torreira y Valverde, jugadores que lo mantuvieron alejado de su zona de confort en la media.

Cagliari, después de todo esto, es de verdad el destino perfecto para él. Quizás después del infierno de los últimos meses, Nández necesitaba algo así; un equipo por el cual jugar con la clásica dedicación, su clásico ímpetu, para demostrar que el tiempo de Nahitan Nández, sí tiene que haber uno, ha llegado.