En el partido socialcristiano COPEI se vive un momento de tensión. Entre quienes tienen la facultad entregada por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de administrar los símbolos de la organización se ha desatado un batalla que puede hacerlos pagar un precio muy alto a un partido que ya ha sufrido divisiones y ha perdido la incidencia que tuvo.
Para abordar el tema llamamos al presidente de COPEI, Miguel Salazar para hablar sobre los cuestionamientos que ha hecho al secretario general de su partido.
Señala que “cuando los principios del partido son sustituidos por decisiones unilaterales o por imposiciones de criterios externos al partido, criterios impuestos por el PSUV, sin el debido debate interno, se corre el riesgo de afectar la vida democrática de la organización. Nuestra lucha no es contra una persona, es una defensa de la institucionalidad, de la participación de la militancia y el derecho de todos los copeyanos a ser escuchados”.
-¿Qué consecuencias puede traer este enfrentamiento?
-Toda confrontación interna genera siempre costos políticos e institucionales. Cuando un partido concentra sus energías en resolver conflictos internos, inevitablemente disminuye su capacidad para atender los problemas del país y conectarse con los ciudadanos. Eso es una realidad. Cuando existe este tipo de enfrentamiento nos alejamos de la sociedad, perdemos esa cercanía. Hoy por hoy la ciudadanía no quiere saber nada de los partidos políticos, no se quieren incorporar a ellos y por supuesto que tienen razón. Cuando ven esas diferencias internas entre altos dirigentes de una organización certifican ellos mismos su alejamiento del Partido COPEI.
-¿Cuáles son esos costos de los que habla?
-La ciudadanía se pregunta: si estos, los altos directivos, no son capaces de dialogar entre ellos mismos… ¿Cómo van a dialogar con nosotros? ¿Cómo van a ayudarme a resolver mis problemas? ¿Cómo pueden gobernar si llegan al poder? ¿Qué quedará para nosotros? Sin embargo, también creo que las diferencias pueden convertirse en una oportunidad para revisar procedimientos, fortalecer la democracia interna y reencontrarnos con los principios que dieron origen a COPEI.
Señala que “el verdadero riesgo no es el debate, el verdadero riesgo es impedir el debate. El verdadero riesgo no es escuchar las críticas, es no corregir los errores. El riesgo es hacerse sordo a las críticas y no rectificar a tiempo. Seguiré insistiendo, el 3 de enero nos permite el rescate de la institucionalidad de COPEI”.
-¿Se va a dividir nuevamente el partido?
-La división nunca debe ser el objetivo de ningún socialcristiano. COPEI tiene una historia de 80 años y ha superado momentos de tensión inclusive más difíciles que este, más complejos que los que estamos viviendo. Lo que divide a una organización no es la existencia de opiniones distintas, sino la imposibilidad de procesarlas democráticamente y ese proceso tiene que ser respetando la dignidad del otro.
Sostiene que una organización política sana debe tener “espacios para el diálogo, el respeto a los estatutos, la participación de la militancia, siempre hay posibilidades de preservar la unidad, que es totalmente diferente a las mayorías».
“De nada le vale a COPEI tener mayorías que son siempre circunstanciales si internamente no hay unidad colectiva para la acción política. Las mayorías no son sinónimo de unidad. Una mayoría circunstancial llevó a nuestro Señor Jesucristo a la cruz. Hoy, después de más de 2.000 años, es evidente que esa mayoría nunca tuvo la razón. En Venezuela hace 27 años una mayoría circunstancial, es evidente que tampoco tuvo la razón, hoy lo estamos viviendo”, señala el presidente de COPEI
-¿COPEI está enfrentando un cisma que afecta sus estructuras?
-Bueno, te digo que la palabra cisma es muy fuerte porque supone una ruptura profunda y casi irreversible. Yo en lo particular ni deseo ni promuevo ningún cisma dentro de COPEI. Lo que sí existe es una diferencia importante sobre la conducción del partido, sobre el respeto a la institucionalidad y sobre el papel que debe desempeñar el partido en la Venezuela actual. Voy a insistir una vez más, el 3 de enero es una realidad que nos invita a reflexionar y a rescatar la autonomía partidista. Mi aspiración es que esas diferencias puedan resolverse dentro de los mecanismos democráticos que están previstos en los estatutos.
-¿Quiénes van a quedar si se divide?
-COPEI no pertenece a una persona, a un grupo ni a una directiva circunstancial. Pertenece a su militancia y a la historia del socialcristianismo venezolano. Al final, ¿quiénes quedan? Quienes estén comprometidos con los principios, los valores, la vocación democrática, esa vocación democrática que inspiraron a nuestros fundadores. Eso son los que van a quedar. Ya sabemos el adagio, las personas pasan, las instituciones y las ideas quedan. Deben permanecer en el tiempo.
-¿Qué prevén los estatutos ante el comportamiento que usted denuncia del secretario general Juan Carlos Alvarado?
-Los estatutos establecen mecanismos para la evaluación de la conducta de cualquier dirigente, sin excepciones. También contemplan procedimientos, garantías y el debido proceso para determinar las responsabilidades cuando se considere que existió una actuación contraria al ordenamiento interno y se requiere la sustitución de algún dirigente que ocupe un cargo partidista.
Advierte que en una organización democrática nadie puede ser condenado por anticipado ni tampoco estar por encima de las normas. Lo correcto es que cualquier actuación sea examinada conforme a los movimientos estatutarios y con pleno derecho a la defensa. Hacer lo contrario es violentar, no solo los estatutos de COPEI, es violentar el debido proceso contemplado en la Constitución, específicamente en el 49 constitucional. Eso es una realidad”.
-¿Cuáles son esas prácticas autoritarias que denuncia?
-Las prácticas que debilitan la democracia interna del partido y nos alejan de la sociedad como instrumento para recuperar la democracia y las instituciones del país. Esas son las prácticas que estoy denunciando. Entre ellas, la concentración de decisiones en grupos reducidos, la disminución de espacio para la deliberación, la falta de consulta efectiva a las estructuras regionales y municipales, la exclusión de dirigentes de procesos de participación y la utilización de mecanismos que generen dudas sobre su apego a los estatutos.
Los estatutos dicen…
Insiste en que se convocó una “convención nacional extraordinaria cosa que no está contemplada en los estatutos”, que contemplan que hay una convención nacional que se reúne dos veces en un periodo de seis años.
“La primera vez que se reúne coincide con la elección presidencial y para la elección del Comité Nacional. Y la segunda vez que se reúne es a la mitad del periodo constitucional para evaluar la conducción política del Comité Nacional electo al principio del periodo constitucional”, explica Miguel Salazar.
Agrega que tiene las atribuciones de sustituir los miembros, “siguiendo un procedimiento estatutario y constitucional, no puede sustituirlos arbitrariamente. Para que tengas una precisión, nosotros celebramos una Convención Nacional en enero del 2025”.
“Tiene un universo mínimo de 583 delegados en todo el país, de todo el país en estados, municipios, con lo cual el quorum de instalación es de 292 delegados”, señala.
“Según las afirmaciones de Alvarado en sus propias redes sociales, asistió el 82%, es decir, 246 personas. El universo mínimo de la Convención Nacional es 583 personas. Y el quórum de instalación es de 292 delegados. A esta reunión, según las afirmaciones de Alvarado, entraron 246 personas. En el salón de Cujicito no entran 100 personas”, refiere el presidente del partido COPEI.
Partiendo de esa información indica que se debe “presumir que 146 personas se convocaron alrededor de todo el país vía on line”.
“Esos son los números que expone Alvarado. Eso no está certificado, ni está certificado el origen a qué institución partidista, si pertenece a algún municipio, si pertenece a algún estado. No se sabe absolutamente nada, ¿por qué? Porque todas esas personas salieron en un listado”, sostiene Salazar.
Agrega que “hoy hay más de 250 municipios del país donde COPEI no tiene comité municipal constituido, tendrán una, dos personas, pero un comité municipal conformado por una directiva de 11 personas en su totalidad no están constituidos en 250 municipios del país”.
“La institución llamada a certificar a esas personas es es la Comisión Electoral de COPEI Y resulta que en esta reunión, que denominaron Convención Nacional Extraordinaria, designan al presidente de la Comisión Electoral, Antonio Sotillo Luna, como presidente nacional de Copei. Eso es algo aberrante. Eso es como que en el PSUV se reúnen y coloquen a Elvis Amoroso, presidente del PSUV en sustitución de Maduro”, sentencia.
El daño a los partidos
El presidente de COPEI señala que “por actuaciones como esta, es que la sociedad no quiere saber nada de los partidos políticos. Por prácticas irracionales y con extrema ignorancia de la legalidad y la legitimidad, es que la sociedad se aleja. Por actuaciones como esta, COPEI perdió 256 delegados de su convención originaria del mes de enero del 2025”.
“Los copeyanos que hacen verdadero activismo político terminan pasando a la reserva moral del sociocristianismo y debilitan los cuadros internos, que es el sustrato de nuestra actividad partidista. La Democracia Cristiana siempre ha defendido la participación, el pluralismo y el respeto a la dignidad”, dijo el dirigente verde.
Agrega con alarma que “cuando estos principios son sustituidos por decisiones unilaterales o por imposiciones de criterios externos al partido, criterios impuestos por el PSUV sin el debido debate interno, se corre el riesgo de afectar la vida democrática de la organización. Nuestra lucha no no es contrapersona, es una defensa de la institucionalidad, de la participación de la militancia y el derecho de todos los copellanos a ser escuchado.
Finalmente señala que “el problema de fondo no es una disputa entre Miguel Salazar y Juan Carlos Alvarado, el verdadero debate es si COPEI será conducido por la voluntad de sus militantes y sus estatutos o por decisiones tomadas al margen de ello”. “El problema de COPEI es si recuperamos la autonomía política y dejamos de ser un vagón de la Alianza Democrática. El problema de COPEI es si dejamos de ser un satélite del Partido Socialista Unido de Venezuela y recobramos esa órbita política de la doctrina social de la iglesia, ese es el verdadero problema”, sentencia Miguel Salazar.





