Hablamos con el señor Daniel Romero en la parroquia Carayaca, en el estado La Guaira el 25 de julio pasado. Fuimos al callejón Los Olivos de la comuna Tirima Socialista del Consejo Comunal Despertar es Vencer.
– ¿Cómo vivió usted el terremoto?
– Ese día nos encontrábamos acá en la casa, yo con con mis con mis hijos. Y de repente siento que comenzó a temblar, a moverse el mueble. Entonces, le digo a mi hijo, Daniel, ¿qué pasa que a mí no me gustan esos juegos? Pues me dice, «No, pues papá, es que no soy yo.» Entonces, en ese momento arreció con más fuerza. Entonces, me tocó levantarnos y sacarlo. Salimos los dos y decirle a los otros dos niños que estaban también acá que corrieran, qué corrieran pues. Salimos todos corriendo hacia arriba de este mismo sector y nosotros corrimos hacia allá. Este, pasó el primer terremoto. Vino seguidamente después y viene el que fue el más fuerte. No podíamos ni siquiera sostenernos porque era la tierra que hacía unos movimientos demasiado con fuerza.
El señor Romero mira su casa y, encontrando refugio en la fe, dice que le dio “gracias a Dios porque pasó ese terremoto que fue más fuerte y se calmó. Luego siguió como siguieron movimientos constantes, como cinco movimientos más, pero ya más leves”.
La consternación sigue dibujada en su rostro. Su casa era revisada en ese momento por inspectores voluntarios de la UCV y mientras esto sucedía nos decía: “Le doy gracias a Dios. Por acá se acontecieron cosas y nosotros estamos vivos”.
– ¿Usted hoy qué siente? ¿Cómo está su casa?
– Bueno, siento que quedó afectada, compa. Quedó… ¿cómo decirle? De pie. Pero tiene bastantes grietas. Tiene una columna que se separó un poquito de la pared.





