A estas alturas es bien sabido que Nicolás Maduro optará en el 2024 por mantenerse en Miraflores. Sin embargo, para salir victorioso, debe atender apropiadamente 3 grandes retos de la compleja realidad social, económica y política de Venezuela.

La recuperación económica es prioridad. Lo constatamos con la reciente aprobación de la “Ley para Zonas Económicas Especiales”, un claro esfuerzo por reducir la dependencia del petróleo. La inspiración de este proyecto en políticas Chinas y Vetnamitas contempla grandes financiamientos en 5 estados del caribe venezolano, con miras a desarrollar un nuevo modelo productivo nacional que atraiga inversiones extranjeras.

Este plan se inscribe en la percepción de que “se está arreglando” la economía venezolana. Si bien no contamos con las cifras oficiales del Banco Central para confirmar esta narrativa, sí podemos afirmar que la dolarizacion transaccional, la reapertura al mercado Internacional y la puerta franca aduanera significó una mayor disponibilidad de bienes para el consumo. Sin embargo, ello no se traduce en una mejoría para el bolsillo de los venezolanos. El poder adquisitivo continúa asediado por la galopante hiperinflación y la crisis de los servicios básicos.

La ausencia de un sistema eléctrico estable, así como del agua, el gas, y la crisis en el sistema de salud y de pensiones, es innegable. Maduro se ve en la obligación de reacomodar esta estructura si busca captar votantes desencantados con su administración.

Por último, en las propias filas del oficialismo también yace un gran reto. En una década el chavismo paso de tener 8.191.132 votos (presidenciales 2012) a 3.722.656 (regionales 2021). En diez años la dirigencia del PSUV perdió más de cuatro millones de votos, que no se han sumado a la causa opositora: se han desencantado de la política nacional. ¿Podrá Maduro volver a ‘enamorarlos’ con su proyecto de país?

El actual presidente debe afrontar con audacia estos 3 retos principales para hacerse con el poder nuevamente. La nuez del asunto será que, a pesar de lograrlo, existe la posibilidad de que la oposición se organice y se unifique, siendo esta vez una opción real para la transición política.

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