Tenemos que acostumbrarnos a vivir en la incertidumbre, que es lo verdaderamente definitorio en la vida” porque en realidad no tenemos control de nada”, subraya el psicólogo Roger Garcés

Para superar el duelo que produce la pérdida de un ser querido debido a la COVID-19 hay que hablar y hay que llorar. El psicólogo Roger Garcés afirma que no tenemos la costumbre de hacer ambas cosas “a pata suelta”, y mientras no lo hagamos, más nos costará superarlo.

“Nosotros no lloramos bien. Lloramos para adentro, trancando el llanto, como si fuese una crisis de asma. Y lo otro es que lloramos en soledad, y eso también está mal. El verdadero llanto sanador es el que se hace ante una persona a quien le cuentas tus cosas; el llanto en soledad se reedita una y otra vez”, expuso durante el programa Punto a favor, transmitido por la cuenta en Instagram de contrapunto.com.

Garcés refiere que hay un duelo por la pérdida de seres queridos, y también, un duelo histórico “porque estamos asistiendo a un cambio civilizatorio”. Para el primero hay que “llorarlo todo, pero llorarlo bien; y hablar de las cosas, hablar de la persona que murió, que se fue”.

Hay que “hablar, hablar, hablar” ya que “cada vez que lo repetimos la gente lo va elaborando y lo vemos de una forma distinta. Lo otro es llorarlo, llorarlo todo pero llorarlo bien”.

Considera que es un error limpiar los objetos de la persona que falleció, cada quien por su lado, entristecerse y encerrarse a llorar. Lo sanador es todo lo contrario: ver la foto de la abuela, por ejemplo, y conversar sobre ella. “¿Qué es lo que puede pasar? ¿Qué llores? Sí, hay que llorar. ¿Qué las personas terminen abrazadas llorando? Eso no es malo; eso une a la gente”.

Llorarlo bien es “hacerlo ante una persona, y a moco suelto. Pa’fuera”. Pero es tan difícil que las personas se permitan llorar, que “he tenido que hacer autorizaciones: por medio de la presente se autoriza a la señora para que llore en su casa, para que hable”. Llorar ayuda; no llorar “es lo que hace daño”.

Está dentro de lo esperado que la tristeza dure unos seis meses; más allá “se necesita una orientación”, comenta Garcés.

El otro duelo, el del cambio civilizatorio, lo sufre el planeta entero “y todavía estamos averiguando cómo manejarlo”. Involucra el teletrabajo, el trabajo en casa “sin condiciones favorables”, sin horario. La falta de contacto. “Se ha entendido mal el distanciamiento social, que no es social, sino físico”. Los seres humanos necesitan el vínculo “por la vía que tengamos”.

La ansiedad está presente y “es consecuencia de este cambio civilizatorio que estamos viviendo. Tenemos que acostumbrarnos a vivir en la incertidumbre, que es lo verdaderamente definitorio en la vida” porque en realidad no tenemos control de nada, subraya Garcés. Surgen las fantasías catastróficas y es una cadena de malos ratos. Garcés recomienda la meditación; hay que aprender a controlar la mente, sentencia. “Debemos aprender a vivir a la incertidumbre. No tenemos control de las cosas, y el control que creemos que tenemos es ilusorio”.