Los infectólogos insisten en que, antes de levantar la cuarentena, se necesitan más pruebas PCR y tener resultados en menos tiempo para saber qué pasa realmente con la COVID-19 en Venezuela

Cada vez que un funcionario se refiere a “la nueva normalidad” no queda claro si es nueva o, siquiera, si es normal. No hay que echar a volar la imaginación para pensar que en ese futuro inmediato seguro hay tapabocas y gel para lavarse las manos, y posiblemente guantes. Tampoco queda duda sobre el llamado “distanciamiento social”, que por lo visto, llegó para quedarse un buen tiempo. Tal parece que los días de los abrazos y besos cariñosos a los amigos y familiares tendrán que esperar a cuando haya una vacuna o un medicamento específico.

El director ejecutivo de la OMS para Emergencias Humanitarias, Mike Ryan, indicó que “la salida debe hacerse con mucha prudencia y esto puede conllevar cambios importantes en nuestras vidas hasta que consigamos una vacuna y un tratamiento efectivos”. Según un reporte de EFE, Ryan enfatizó: “Hay que admitir que la actual situación es algo que nos seguirá acompañando, será muy difícil, y ahora que algunos países han comenzado a relajar medidas esto da esperanza a aquellos que están entrando” en las fases más virulentas.

Aunque “los números en Venezuela han sido más bajos de lo que se pudo imaginar o aproximar”, en palabras de la infectóloga Patricia Valenzuela hay que mantener la cuarentena y las medidas restrictivas. “La flexibilización de la cuarentena nos puede conducir a un aumento importante de los casos”, advierte. Según cifras oficiales Venezuela supera los 400 contagios.

Todavía no sabemos dónde estamos en Venezuela porque la epidemia está en curso, señala el infectólogo Mario Comegna. Lo que sí se sabe es que hasta ahora no hay un colapso de los sistemas de salud, ni personas con trastornos respiratorios que estén abarrotando las consultas. Comegna comenta que posiblemente el comportamiento de la enfermedad es diferente del de otros países porque las medidas de aislamiento se tomaron precozmente, porque en el país había menos vuelos internacionales y poca entrada de extranjeros.

Flexibilizar la cuarenta y avanzar hacia la “nueva normalidad” requiere de la educación de la sociedad, que la gente sepa que no debe bajar la guardia, remarca Valenzuela. También, de una clara logística de diagnóstico, aislamiento de pacientes, hospitales bien acondicionados con servicios básicos, equipos de protección personal y sistemas de vigilancia epidemiológica.

Pero la gente debe entender que la única utilidad de la cuarentena es retrasar la transmisión del virus, a fin de que las personas con infecciones sean atendidas paulatinamente sin que se colapse el sistema y que se genere inmunidad de rebaño (que la población tenga defensas contra la afección), explica Comegna. Otros países que la relajaron tuvieron una experiencia terrible, por lo que debe ser manejado con mucha precaución.

Integrantes de la Sociedad Venezolana de Infectología han insistido en que Venezuela necesita más pruebas PCR (diagnóstico molecular) para saber qué sucede realmente en el país con la COVID-19. “Es posible que tengamos un registro bajo porque se hacen menos pruebas de las necesarias”, apunta Valenzuela. A su juicio, “tenemos un retrato a medias”.

No hay que cantar victoria, ratifica Comegna, porque el virus está en toda Venezuela y la gente puede bajar la guardia y confiarse. También resalta que son imprescindibles más PCR y tener resultados en menos tiempo, porque actualmente se pueden tardar más de una semana.