La gente está agotada “porque tenemos un exceso de producción de cortisol, que es la hormona del estrés”

Se va la luz y se escuchan gritos, un “nooooo” sostenido y la frase que se puso de moda en el año 2019, con la mentada de madre al mandatario Nicolás Maduro.

Al no haber servicio eléctrico tampoco hay servicio de agua, lo que ha convertido a caraqueñas y caraqueños en una suerte de indigentes en busca de este líquido hasta debajo de las piedras. Parece que no hay otro tema de conversación. En las casas nadie habla de algo distinto que del apagón y la poca agua que queda en los pipotes.

¿Por qué la falta de energía eléctrica y la carencia de agua nos sacan de nuestras casillas, nos llevan a pegar gritos y a un estado de angustia que parece que no podemos controlar? La psicóloga Meury Rivero explica las razones y ofrece algunas recomendaciones para sobrevivir a esta Venezuela.

1) En la base de la pirámide de necesidades de la persona, definida por el psicólogo estadounidense Abraham Maslow, se encuentran los elementos que cubren las necesidades fisiológicas, lo que se supone que “ya está dado”.

2) “Cuando fallan los servicios básicos se está tocando lo más elemental del ser humano”, describe Rivero. “Al no tener cubiertas esas necesidades la persona se desestructura, y se le hace muy difícil conectarse con otras actividades”.

3) Cuando no hay agua ni luz se altera toda la programación de la persona y de la familia. Por ejemplo, “ya no se sabe qué se va a comer cada día”. Resolver ambos problemas “empieza a requerir de toda la energía de la persona”, toda su atención.

Además, esta ausencia de los servicios básicos ha estado antecedida por la crisis económica, la hiperinflación, la pérdida de poder adquisitivo. Ahora se añade la imposibilidad de poder pagar una cisterna o de comprar pan todos los días al no poder cocinar otras comidas.

4) Una de las consecuencias de esa desestructuración es la fatiga. La persona se siente extenuada aunque considere que no ha hecho nada. “Todos reportamos un cansancio que no sabemos de dónde viene”, expone la psicóloga. “Con el apagón me quedé todo el día en mi casa y estoy agotado, me dicen. Es que el gasto energético que hay cuando pensamos y repensamos es idéntico al que tenemos si hacemos actividad física”.

5) Pero esa fatiga no es solo porque la mente trabaja sin cesar. La gente está agotada “porque tenemos un exceso de producción de cortisol, que es la hormona del estrés, y no tenemos cómo sacarlo”. El cortisol “inunda nuestro cerebro y altera nuestros procesos de pensamiento”, señala.

6) También pueden presentarse la hiperventilación, dolores en el pecho y aumento de la presión arterial. Hay una sobredemanda del ambiente “y el cuerpo empieza a responder” como puede.

7) Encima, las alteraciones del sueño dicen presente en esta crisis, tanto “en la conciliación como en el mantenimiento del sueño”.

8) Por la misma ansiedad hay quienes no quieren comer, o por el contrario, se devoran todo lo que está a su paso.

9) No son raros los cambios de estado de ánimo, así como las reacciones desmedidas ante hechos cotidianos: puede ser tristeza, puede ser ira. “Podemos tener reacciones emocionales exageradas”, como por ejemplo, que a alguien se le ofrezca un pedazo de pan y responda “yo no quiero eso” y se ponga a llorar.

10) La respuesta a esta crisis generalizada va a depender de los recursos personales y de las herramientas para compensar las carencias. Para algunos es la espiritualidad; para otros, los años de experiencia, la respiración, la actividad física.

Lea este miércoles 3 de abril las recomendaciones de Meury Rivero para sobrellevar la crisis estructural de los servicios públicos.