Tanto animales como seres humanos en Venezuela “estamos consumiendo transgénicos desde hace muchísimo tiempo”, asevera Ramón Bolotín, agrónomo y directivo de Fedeagro. “La producción nacional está cubriendo escasamente 30% del consumo. Estamos hablando de 70% que se importa, y de ese 70% por lo menos 50% proviene de países donde se trabaja con transgénicos”, puntualiza la investigadora Mariana Barrios

Una cosa son las palabras y otra cosa son los hechos, y lo que ocurre en el campo venezolano es la mejor demostración de eso. En las palabras, las dichas y las escritas, los transgénicos están prohibidos; son sinónimos de problemas. En los hechos, los transgénicos están en Venezuela; una parte está sembrada, y otra ha ingresado por alimentos importados de países en los cuales la manipulación genética es legal.

La Ley de Semillas aprobada en 2015, en su artículo 9, establece: “Queda prohibida la producción, importación, comercialización, distribución, liberación, uso, multiplicación y entrada al país de semillas transgénicas. La Comisión Nacional de Semilla, a través de sus órganos competentes, desarrollará y garantizará la capacidad técnica, organizativa e institucional, para prevenir, identificar, detectar, corregir, revertir y sancionar las violaciones a esta prohibición”.

¿Esto se cumple? Tanto animales como seres humanos en Venezuela “estamos consumiendo transgénicos desde hace muchísimo tiempo”, asevera Ramón Bolotín, agrónomo y directivo de Fedeagro. “Los transgénicos tienen muchísimo, pero muchísimo tiempo ingresando a Venezuela sin ningún tipo de control”, subraya . “El alimento balanceado para animales” para pollos y cerdos “se elabora en su gran mayoría con materia prima importada, y en más de 90% esa materia prima es transgénica”. Aunque no hay una investigación formal hay productores que utilizan semillas transgénicas.

“La producción nacional está cubriendo escasamente 30% del consumo. Estamos hablando de 70% que se importa, y de ese 70% por lo menos 50% proviene de países donde se trabaja con transgénicos”, puntualiza la investigadora Mariana Barrios.

La doctora Barrios detalla que los transgénicos son materiales biológicos modificados mediante ingeniería genética, para crear plantas que soporten condiciones más difíciles. En Venezuela supuestamente no se deben producir alimentos con semillas transgénicas, aunque sí se importan alimentos que provienen de países -como Colombia, Brasil y Argentina- que permiten la siembra de transgénicos.

Los rendimientos inclinan a los agricultores venezolanos hacia los transgénicos, plantea Saúl López, presidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos. Si puedes tener 14 mil kilos por hectárea, en lugar de 7 mil, la elección parece obvia.

El maíz amarillo y la soya transgénica que se usan en Venezuela vienen de Brasil, Argentina y Estados Unidos, detalla Bolotín. Ocurre sin alarma “y no tiene por qué haberla” porque esto es común en el mundo. En el estudio “Alimentos transgénicos: ¿Sí o no? La perspectiva sudamericana”, publicado en 2019, se expone que en 2017 “el área plantada de transgénicos alcanzaba los 189.8 millones de hectáreas, con un incremento de 4.7 millones de hectáreas respecto al año anterior. De este total, según este informe que se emite anualmente los tres países con mayores áreas plantadas son EE.UU., Brasil y Argentina, con 75, 50.2 y 23.6 millones de hectáreas, respectivamente, que en conjunto representan el 78.39 % del total de tierras ocupadas por cultivos transgénicos”.

https://www.redalyc.org/journal/5717/571760747011/html/

“También el consumidor venezolano ha comido directamente productos transgénicos”, apunta Bolotín, como aceite de soya y mayonesa que han ingresado “sin siquiera etiquetarlos”. En el mundo se exige que el consumidor sepa que está ingiriendo transgénicos, con una etiqueta especial. pero en Venezuela no se colocan las etiquetas correspondientes.


Es contradictorio, enfatiza Barrios, porque “una cosa es lo que dice nuestra ley y otra cosa es lo que realmente está sucediendo”, porque si se aprueba una ley que impide la producción de transgénicos “tampoco deberíamos importar” de países que los avalan.

Bolotín recuerda que, hace una década, se creó una comisión de bioseguridad para normar el uso y consumo de transgénicos, pero eso “se metió en el congelador” y la comisión “no volvió a reunirse”. En Venezuela “no tenemos leyes de bioseguridad” aunque son necesarias, y por eso el país está en deuda.

Existe una ley de semillas en el país, según la cual, acota Barrios, no se debe producir ningún rubro proveniente de semilla transgénica. Esto obliga a dejar atrás “años y años de mejoramiento” genético y de investigaciones en centros de investigación.

A juicio de Bolotín, los transgénicos son muy seguros, porque pasan por centenares de pruebas. “Ningún alimento han sido tan rigurosamente estudiado como los que tienen su origen en material transgénico”, sostiene, aun cuando “hay movimientos de ecologistas extremos que no están de acuerdo” mas sin pruebas de que sean dañinos.

“No debemos tenerle miedo al transgénico. La ingeniería genética -que se emplea para fabricar algunas vacunas, algunos tratamientos para enfermedades- llegó para ayudarnos”, alega Barrios. Las modificaciones son para “crear semillas más resistentes” y mejorar la producción de alimentos. “Un transgénico es un avance”.

El año pasado el gobierno cubano, aliado del venezolano, autorizó la investigación, producción, uso y comercio internacional de organismos genéticamente modificados.

https://www.gacetaoficial.gob.cu/sites/default/files/goc-2020-o52.pdf

El debate sobre los posibles efectos adversos no cesa. “Hasta el momento no se han constatado en los seres humanos afectaciones clínicas relacionables directamente y como consecuencia del consumo de alimentos transgénicos. No obstante, eso no excluye su posible aparición en el futuro, con la entrada en el mercado de nuevos alimentos obtenidos por esta vía”, insisten los autores del estudio “Alimentos transgénicos: ¿Sí o no? La perspectiva sudamericana”.

“Debe sincerarse el uso de transgénicos en Venezuela. El consumidor está en el derecho de saber si está consumiendo un alimento de origen transgénico, o no. Cada producto debería estar etiquetado” y el consumidor debe poder decidir con base en información, defiende Bolotín. En el campo venezolano, aunque los transgénicos no estén expresamente prohibidos en ley, “tampoco se cuenta con una ley de bioseguridad o un marco regulatorio que permita el uso legal de estas semillas transgénicas; esto es lamentable porque no pueden entrar de manera legal las semillas transgénicas”.

En otras palabras “los agricultores venezolanos no tenemos la vía para comprar legalmente esta semilla” aunque “se sospecha que hay materiales transgénicos sembrándose en Venezuela” y puede ingresar una semilla de dudosa calidad porque no se conoce el camino que ha seguido. “Venezuela necesita que se reactive la comisión de bioseguridad y que se legisle en materia de transgénicos” porque los agricultores necesitan esa tecnología y los consumidores tienen derecho de saber si los están consumiendo.

Con los transgénicos “ganaríamos cultivos más resistentes a una cantidad de plagas, plantaciones en las que usaríamos menos químicos para el control de plagas y malezas”, un mayor rendimiento, enumeta Barrios. “Mayor producción, mayor rendimiento de cultivos en menos extensión de tierras y con menos químicos, productos menos perjudiciales para la salud” y menor exposición de los agricultores a los plaguicidas.

Para Saúl López es previsible que siga aumentando el uso de transgénicos en Venezuela, ya que los rendimientos son mayores. “Todos los venezolanos hemos consumido transgénicos”, confirma. “Es absurdo seguir con la paradoja de que consumimos pero no podemos producir”.