El político había viajado a Barinas días atrás, donde reside su familia

El exvicepresidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), Rafael Simón Jiménez, expresó estar esperanzado en que la voz de la Iglesia Católica, a favor de una participación masiva en las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre, ayude a “disparar” la movilización en el país.

En entrevista para la Voz de América (VOA), Jiménez negó que su renuncia al ente comicial haya respondido a su deseo a ganar un cargo de diputado en las parlamentarias.

Destacó que “comencé a ser polémico”, y afirmó que la política se ejerce “con mucha hipocresía”.

Está convencido de que el “madurismo” saldrá derrotado si el 40% de los electores acuden a votar.

VOA: Luego de su renuncia y de pasar algunos días de descanso en su tierra, ¿qué ha podido reflexionar sobre la política? ¿Hacia dónde se dirige su futuro político?

Jiménez: Más que de descanso, han sido de muchísima actividad. Ya estoy reintegrado a lo que ha sido mi vida desde niño: la actividad política con dos objetivos principales. En primer lugar, construir un mensaje motivador que permita visualizar a los ciudadanos que el único instrumento de cambio que nos queda disponible es el voto y que tenemos que ejercerlo con mucha contundencia, conciencia, y estando claros de que vamos a producir un cambio político si todos nos movilizamos y todos nos activamos. Y, en segundo lugar, que se pueda constituir unas planchas no solamente representativas de los postulados, sino unitaria. Lo tercero sería construir una maquinaria electoral que permita preservar y cuidar el voto que se emita. Esa es la trilogía del éxito.

VOA: Mencionó entre las razones para renunciar que usted fue incómodo con sus posturas públicas a los “centros de poder”. ¿A quién se refiere?

Jiménez: A nadie le amarga un dulce. Sería yo bien tonto para renunciar a una posición que me da privilegio, la posibilidad de ser vicepresidente de uno de los poderes, si yo fuera un adicto a la burocracia, a las posiciones de poder. Eso no lo pongo como un sacrificio o como un ser excepcional que van a elevar a los altares. La misma noche que nos eligen, el 12 de junio pasado, quedó patente que el expuesto públicamente iba a ser yo. Hubo preguntas que comienzan a causar escozor en los centros de poder. Por ejemplo, ‘¿a quién reconoce como presidente de la Asamblea Nacional?’. He podido asumir una actitud acomodaticia, pero he dicho muchas veces que reconozco a Juan Guaidó. Eso crea incomodidad en el gobierno y en el otro sector de la Asamblea Nacional que está encabezado por Luis Parra. Comencé a ser polémico, porque he podido hacerme el loco, pero no me puedo traicionar a mí mismo. Toda esa acumulación de situaciones me creó problemas con el gobierno (de Nicolás Maduro) y otras veces con sectores de la oposición. Esa es la pura verdad.

VOA: ¿Notó hipocresía en esas exigencias, que le pedían aparentar ser imparcial?

Jiménez: Yo creo que sí. Es que la política en Venezuela se hace con mucha hipocresía y con mucha falsedad en términos generales, con doble rasero, con doble moral. El G4 condena a “la mesita”. ¿Y ellos no negociaron también? Acaban de hacer un acuerdo muy loable con la asignación de los fondos a la Organización Panamericana de la Salud. Eso está muy bien hecho. Lo que no está muy bien hecho es que, cuando otro negocie, digas que es un traidor, un alacrán. El gobierno tiene que estar gozando un ‘puyero’, viendo a los opositores divididos, peleando entre ellos. Todos estamos dentro de la estrategia del gobierno. Nos ha puesto a pelear, nos ha picado en pedacitos, ha logrado la fractura y, de allí, a la atomización. Eso es lo que le garantiza la continuidad de su proyecto hegemónico.

VOA: ¿Qué opina del comunicado de la Iglesia, que dice que la sola abstención no basta?

Jiménez: Me parece inobjetable. La Iglesia dice lo mismo que digo yo. Si a mí me proponen un plan creíble, distinto al electoral, yo lo compro. Guaidó dijo durante un tiempo ‘elecciones sin Maduro’. Está bien, pero dime cómo se va a sacar a Maduro. Lo que has hecho es atornillarlo más, error tras error, aventura tras aventura, disparate tras disparate. Los abstencionistas no tienen nada que ofrecerle al país. Es la esencia de ese documento de la Iglesia.

VOA: ¿Confía seriamente en que el gobierno puede derrotarse con votos?

Jiménez: La compensación a ese ventajismo, a ese abuso de poder, a esa utilización inescrupulosa de los dineros públicos, es un 80% de venezolanos que quieren salir de esta desgracia. Esa es una puerta muy grande. Si la mueves, no hay trampa, ni triquiñuela. Si somos capaces de movilizar 40% del electorado, que está desesperado, que se está muriendo de hambre, no hay fuerza humana que pueda detener una votación de esa naturaleza.

VOA: La Iglesia dice que la participación masiva podrá vencer al ventajismo y al totalitarismo de parte del gobierno. ¿Está de acuerdo, entonces?

Jiménez: Hago mías esas palabras. La Iglesia es santa y eterna, ha jugado un papel importantísimo en toda esta situación. Creo que con esto se está colocando a tono con lo que el momento político exige. No es momento de echarnos a llorar, de cruzarnos de brazos, de desmovilizarnos, de aumentar en la gente la desesperanza. Es momento de alzarnos civilmente, con el voto. O nos activamos y movilizamos o Venezuela se la termina de llevar el diablo.

VOA: La misma Iglesia advierte sobre las irregularidades en la selección del CNE, la judicialización de los partidos. Usted estuvo en el CNE dos meses durante esas decisiones. ¿Qué opina de esa advertencia?

Jiménez: Mira, en Venezuela, desde hace mucho tiempo, no hay competencia igualitaria. No podemos decir que estamos en una narcotiranía y quieren que hagan elecciones como en Suiza, España o Francia. Estamos luchando con un enemigo inescrupuloso, pero está la fuerza de un pueblo que quiere un cambio. Le pasas por encima al ventajismo y a la manipulación. Claro que no hay condiciones igualitarias, que el gobierno abusa. Eso lo sabe un muchachito de tres años. La política de abstención que proclama el G4 se parece bastante a lo que quiere el gobierno. Ellos gozarían si el 6 de diciembre vota el 30%, porque ahí podrán movilizar 15 o 20%, que es lo que le queda de apoyo popular y ganar esas elecciones. La polarización es la ‘estupidización’ del ser humano. Al G4 le interesa la abstención y al gobierno también.

VOA: ¿Cree usted que hay tiempo de dar un golpe de timón en esa decisión de llamar a la abstención?

Jiménez: En las elecciones de 1952, cuando Pérez Jiménez decide abrir un proceso electoral para legitimar su dictadura porque cree que las puede ganar. Acción Democrática, que era el gran partido, que venía de sacar el 84% de los votos en la elección de diciembre de 1947, llama a la abstención con los mismos argumentos de hoy del G4. Un hombre como Jovito Villalba, el gran líder de la generación del 28, que no tenía partido en una Venezuela rural, se lanza al desafío a vencer a los monstruos de la dictadura y de la abstención. Su mensaje logró movilizar al pueblo y los derrotó a los dos. La historia no se traslada mecánicamente, pero las enseñanzas de la historia aportan elementos. Ojalá que una voz tan influyente como la de la Iglesia católica pudiera disparar la posibilidad de que nos movilicemos y podamos derrotar al gobierno.

VOA: ¿Nota realmente esa voluntad en el electorado o lo ve quizá distraído en su crisis, lejano de la intención de ir a votar?

Jiménez: Nos quedan todavía unos meses. Hay que estructurar un mensaje movilizador que le dé a la gente de ir a votar y la Iglesia puede ayudar. Sus pastores son gente muy oída en la colectividad. En segundo lugar, que la oposición se una en una plataforma que pueda capitalizar los votos. Si vamos fraccionados, en pedacitos, si cada uno se lanza por su lado y le damos rienda suelta a las ambiciones, no le vamos a ganar al gobierno. Lo tercero es la maquinaria de las mesas. Si cumplimos con eso, la victoria de diciembre estará despejada.

VOA: Ha declarado que Prociudadanos le ofreció su plataforma para ser candidato. ¿Se decantará por aspirar a una curul del Parlamento?

Jiménez: Descarto que mi salida del CNE haya sido para aspirar a una curul. Tendría yo que ser un idiota para despreciar un cargo que lo tengo por un tiempo, un mentecato, para dejar una altísima posición que me deja en segundo lugar de uno de los poderes fundamentales del Estado, por una curul. Lo que descarto es que haya renunciado al CNE por una curul, porque tendría que ser un gafo. Ahora, soy un político, soy un hombre que en materia parlamentaria he ‘bateado la escalera’, porque fui concejal, diputado regional, diputado al Parlatino y luego diputado en la Asamblea Nacional. Le dije a Prociudadanos que iba a estudiarlo. Debe darse una plataforma unitaria. No estaría dispuesto a ser candidato por un sector, por un partido. No me quita el sueño. Tengo 15 años que no soy parlamentario. Si hay las condiciones, si hay una plataforma unitaria y si me lo ofrecen, seguramente yo aceptaría ir al próximo Parlamento.