¿Pueden las organizaciones de la sociedad civil sustituir a los partidos políticos?

José Gregorio Yépez

Hay una discusión sobre la mesa en la que se posa el tablero político venezolano. Las piezas que mayor peso tienen frente a la gente están en manos de organizaciones no gubernamentales, gremios de empresarios, colegios de profesionales y la Iglesia Católica. Los partidos se notan disminuidos, pero son fundamentales para el juego democrático

No deben, no pueden ni quieren, pero existe una realidad que es aplastante.

Las organizaciones de la sociedad civil vienen cubriendo los espacios que han dejado desguarnecidos los partidos políticos, lo que termina agregando un nuevo elemento al ya complicado escenario político que vive el país.

Si no existiera el problema no habría pregunta, pero cada día se evidencia esta distorsión que advierten las encuestas, distintos analistas y actores de la política venezolana.

La mayoría coincide en que los partidos son parte fundamental de la democracia y ante un escenario donde se han perdido espacios del juego democrático este es uno de los temas que deben ser evaluados.

Los desencuentros entre el liderazgo de los partidos y los factores de la sociedad civil organizada son muchos en la arena opositora. La contabilidad en las relaciones políticas, en este lado del libro de cuentas, está llena de facturas por todas partes.

El rol del protagonista es disputado al punto de colocarlo por encima del objetivo buscado que se supone es el cambio político. Este forcejeo hace que se diluyan los esfuerzos.

De arrogante y desconectada es acusada la clase política local, mientras existe una parte de la sociedad civil que es tildada de hacerle el juego al poder y otra que es acusada de conspiradora por el Gobierno de Nicolás Maduro y el oficialismo.

En ambos casos las organizaciones no gubernamentales, los gremios de empresarios y colegios de profesionales están teniendo una mayor influencia sobre distintos estamentos de la sociedad. Mientras esto pasa, las organizaciones políticas mantienen sus discusiones ajenas a los intereses urgentes de la gente.

Es necesario hacer la advertencia de las crisis que se han generado en distintas naciones cuando la antipolítica se ha impuesto. Esto ha llevado a la imposición de políticas autoritarias y a la pérdida de la tolerancia entre los actores de la sociedad. Venezuela es un ejemplo claro de ello.

Las cosas deben estar claras

“Ciertamente hay un activismo muy importante en la sociedad civil que se ha estado haciendo de manera clara y constante en los últimos meses. Creo que es positivo. Lo que debe ser ciertamente clave es que la sociedad civil no pretenda sustituir a los partidos y al liderazgo político”.

La afirmación pertenece al sacerdote José Virtuoso, rector de la UCAB y doctor en Historia de las ideas políticas en Venezuela.

A principios del mes de marzo nos encontramos con el rector, en el marco del Premio Valores Democráticos que entrega la UCAB, y conversamos brevemente acerca del rol de los partidos y la sociedad civil.

“Venezuela necesita encontrarse y articular los esfuerzos. La acción tiene que ser unir la tarea propia de la ciudadanía a través de sus organizaciones civiles, con la tarea de que los partidos y los liderazgos políticos se complementen para alcanzar el cambio institucional en Venezuela”, dijo el también licenciado en Ciencias Políticas.

JOSE VIRTUOSO.

-¿Hay un vacío del liderazgo político?

-Creo que la sociedad civil siempre ha estado haciendo sus propuestas y se activa en un momento de crisis política. Ese liderazgo se hace sentir más. En las múltiples reuniones en las que me ha tocado participar, mi llamado es que efectivamente debemos llegar a una verdadera complementariedad entre los esfuerzos de la sociedad civil y el protagonismo ciudadano. La sociedad civil está ocupando un protagonismo muy importante, pero es clave que sepa combinarse con el trabajo de los partidos y el liderazgo. Y por su parte, los partidos deben entender que los liderazgos de la ciudadanía organizada tienen sus espacios y su propia voz.

Cada uno en su rol

En ese mismo evento conversamos sobre el tema con Rafael Uzcátegui, Coordinador General del Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (Provea).

“La sociedad civil y los partidos tenemos roles diferentes que ahora coinciden en la necesidad del rescate de la institucionalidad democrática. Coincidimos en la documentación y visibilización del malestar de los venezolanos”, sentencia Uzcátegui.

Señala que “los partidos políticos tienen que entrar en un proceso de revisión y rectificación que, por supuesto, todos esperamos se haga de la mejor manera”.


“La sociedad civil, y en especial los defensores de derechos humanos, vamos a seguir llevando adelante nuestro trabajo, que es acompañar a las víctimas de violaciones en estas circunstancias de quiebre de las instituciones democráticas. Por eso ahora hemos incorporado la defensa de las libertades democráticas dentro de nuestro trabajo”, sostiene el activista.

Uzcátegui habla de la necesidad de que la clase política “haga las rectificaciones necesarias para que puedan ejercer su rol para promover un proyecto de país que sea inclusivo. Las organizaciones de derechos humanos vamos a continuar acompañando a las víctimas, documentando, defendiendo el derecho a la libertad de asociación, que en el caso de los partidos políticos y sus líderes está siendo vulnerado de manera importante”.

Hablemos con respeto

En una reciente conversación que sostuvimos con Ricardo Sucre el politólogo señala que hay un reacomodo en las relaciones en el mundo opositor y las organizaciones de la sociedad civil están jugando un papel de peso, exigiendo respeto sin que esto signifique que quieren desplazarlos.

Rafael Briceño Sierralta

Llama la atención sobre las acciones de la sociedad civil a partir del año pasado a raíz del documento de la Conferencia Episcopal. Indica que “le plantan cara a los partidos y le aclaran que no son los muchachos de los mandados”.

Asimismo, indica que dicen “no te quito el puesto, pero no nos pueden carajear”.

En ese sentido, destaca las acciones de organizaciones como Fedecámaras y Consecomercio que comienzan a decir que ciertamente no tienen interés en la política, pero que los dirigentes de los partidos no poseen la preeminencia para decir lo que deben hacer.

Ellos vienen sosteniendo que han creado los puentes “para que los políticos los transiten”.

No puede ser solo lo electoral

“Los partidos políticos de oposición están entrenados, casi que exclusivamente, para actuar en escenarios electorales. Es decir para los escenarios de protesta y lucha por reivindicaciones sociales no están preparados o no es el campo de acción donde han puesto sus esfuerzos”.

La sentencia la hace el activista social y coordinador del Frente por la Defensa del Norte de Caracas, Carlos Julio Rojas.

Destaca que la dirigencia de los partidos está ajena a la situación que viven las comunidades y los vecinos de cualquier ciudad e Venezuela.

“Esta desconexión que se dio, después de que la estrategia de Juan Guaidó fracasara, es un ejemplo. Esta estrategia la acompañamos, pero advertimos que esperar por una solución que solo viniera de afuera era un error. Nuestra propuesta era fomentar las protestas sociales para canalizar el descontento de la gente, que el dirigente político estuviera presente en las diferentes protestas de corte social y se convirtiera en la voz de los ciudadanos. Ser diputado no es solamente macollar, sino estar presente protestando y denunciando los problemas de la gente”, sostiene Rojas.

Agrega que en este escenario “nos ha tocado a las organizaciones no gubernamentales cubrir ese espacio. El espacio de la denuncia, de la contraloría ciudadana, de exigir, de protestar por el problema de los servicios públicos, de los derechos humanos. Ves al ciudadano acudir más a las ONG que a los políticos. La sustitución no se está dando porque la sociedad civil quiera, sino por errores cometidos por los partidos políticos”.

-¿Eso es sano?

-No es sano. Los partidos políticos deberían estar conectados con las necesidades de los ciudadanos y acompañarlos en sus luchas más allá del escenario electoral, recordando que las luchas y el acompañamiento al ciudadano en todos sus problemas es lo que da esa conexión y genera el apoyo electoral, más allá de la polarización chavismo oposición.

-Sin partidos no hay democracia

-Los partidos son necesarios para la democracia y para un cambio político. Creo que hay una necesidad tanto de la sociedad civil y partidos de diseñar una estrategia en conjunto para lograr el cambio político. Solos los partidos no pueden, sola la sociedad civil no puede. Los partidos son fundamentales frente al cambio político que necesita Venezuela, pero ellos deben asumir sus responsabilidades y diseñar una estrategia, sin supremacía de ninguno de los dos.

“En octubre pasado le dije a Juan Guaidó, de cara a la consulta popular, que nosotros más que decisiones tomadas en cúpulas, creemos en la necesidad de recuperar la confianza luego de estrategias erradas que no surtieron efecto. Hay que reconocer los errores y montarse en acompañar al ciudadano en sus luchas por exigir y hacer contraloría, por protestar y transformar la rabia y el dolor que siente para que sea el motor de la rebeldía popular de cara a centrarse en un cambio de Gobierno”.

Hacia el futuro cercano

La discusión sigue llenando de sudor la arena política, aunque el diagnóstico parece claro para buena parte de los actores. Se sigue corriendo el riesgo de que se imponga la negación del rol de los partidos y el avance de la antipolítica que le otorga más espacios al autoritarismo y a la intolerancia.

La respuesta a la pregunta parece tener consenso y repetimos las líneas con las que comienza esta nota sobre la posibilidad de que las organizaciones de la sociedad civil sustituyan a los partidos: no deben, no pueden ni quieren, pero existe una realidad que es aplastante.

¿Qué harán las direcciones políticas de los partidos ante esta coyuntura?

No tenemos bolas de cristal para ver el futuro. Solo andamos con los pies planos pisando tierra y viendo el escenario político, económico y social del país.