Pareciera existir un divorcio entre los intereses de la población y lo que está discutiendo la clase dirigente del país. ¿Oficialismo y oposición le están dando opciones a las personas para mejorar su día a día?

El escenario político venezolano es muy cambiante y el tablero siempre tiene una nueva jugada de sus actores.

Cada uno busca su acomodo para responder al adversario. Las reacciones de los jugadores llenan un arcoíris muy ancho, teniendo como centro del debate político la pertinencia de que el poder siga en manos de Nicolás Maduro.

Por otro lado, lo que sí se mantiene y muestra una tendencia al crecimiento es la desconexión de la clase política con la gente y ello genera el surgimiento de nuevos protagonistas en la escena.

Se alerta nuevamente el surgimiento de la antipolítica y el peligro del desplazamiento de los liderazgos de los partidos como las referencias para cambiar la crisis que vive el país. Ni Gobierno, ni oposición se proyectan como un camino para mejorar la situación de los venezolanos.

En la calle, la discusión que se escucha es cada vez más ajena al tema político y se centra en materias como la subsistencia, la crisis económica, la hiperinflación, la falta de combustible, la falta de gas, diésel o energía eléctrica, es decir, el resolver del día a día.

Cuestión de prioridad

Los dirigentes se concentran en venderle a la población la necesidad de que Maduro se quede o se vaya del poder para resolver sus problemas.

La gente pareciera no tener eso como su prioridad, cosa que no quiere decir que esa discusión no sea necesaria o no se tenga razón al tomar una u otra posición.

Decimos esto porque los resultados de la encuesta Omnibus, de febrero, de la firma Datanálisis -que se hicieron públicos y circularon la semana pasada- señalan que la mayor preocupación de la gente es la economía. Dos ítems referidos a la materia económica concentran el  64,3% y son el primero y el segundo.

El tercer problema más importante es “El Gobierno Nacional”, que es valorado con el 6,2%.

Nicolás Maduro como problema aparece fuera del top ten de los temas principales. Está en el puesto 11 con una valoración de 1,4%. El conflicto político y las sanciones están en los puestos 16 y 17, respectivamente.

¿Eso significa que Maduro no es el problema? Ni la encuesta de Datanálisis, ni quien escribe señalan que eso sea así.

Lo que está claro es que la medición de esta reputada firma dice que, en febrero el nombre de quien ocupa Miraflores no era la principal preocupación de sus encuestados. Tampoco lo es la diatriba entre los dirigentes, ni las sanciones.

Según las números de Datanálisis, la respuesta espontánea de la gente al referirse a los problemas se enfoca hacia temas como la economía doméstica, desempleo, agua, alimentos, salud. Es evidente que estos puntos están subvalorados por la clase política en su discurso.

Mala gestión, muy mala gestión

Por otra parte, la percepción de los encuestados sobre gestión de los principales líderes políticos, en función de resolver los problemas del país, está contundentemente en contra.

Se observa que la valoración negativa de la gestión de Maduro se ubica en 82,6%. Las de Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello, ambas, superan el 75%.

Los dirigentes opositores también son vistos de manera negativa: Henrique Capriles 79,4%, Leopoldo López 79% y Juan Guaidó 76,4%.

El único líder político de la medición que presenta un saldo positivo es Hugo Chávez, con 58%.

Este es un actor que no está físicamente disputando el liderazgo del país. He allí la gravedad de la situación que viven los dirigentes que copan la escena política.

Las instituciones mejor valoradas son la Iglesia Católica y los empresarios con 60% y 47% a favor, respectivamente.

Tomando en cuenta…

De ser ciertos estos resultados, se pone en evidencia que la discusión llevada adelante por los políticos venezolanos no está “haciendo click” con la población y sus intereses.

Ese es el motivo de la indiferencia presentada ante los eventos políticos de mayor significado en diciembre pasado. Los comicios del 6D mostraron una abstención del 70%, según los resultados oficiales y la denominada Consulta Popular, arrojó un porcentaje de “no participación” similar.

Definitivamente, los políticos hablan de una cosa y la gente habla de otra y eso los pone “espalda con espalda”, como decían los colectores de los autobuses en Maracaibo cuando estos iban llenos.

Algunos podrán señalar que la población se está “despolitizando”, cosa que puede ser cierta. 

Sin embargo, la octava acepción de la palabra “Política” en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, dice que es la “actividad de quienes rigen o aspiran regir los asuntos públicos”. Si esto así cabe preguntarse: ¿Será la clase dirigente la que se está despolitizando al ser sorda ante los intereses de la gente?

También es bueno preguntarse si hay otros actores que están robando el espacio que los políticos han dejado vacíos. Ese será tema de otra reflexión.

Por ahora no sabemos cuáles serán las implicaciones que tendrá esta desconexión de la clase política, porque no tenemos bolas de cristal para ver el futuro. Solo tenemos los pies planos para seguir pendiente de los acontecimientos políticos, económicos y sociales del país.

El juego sigue.