No son las elecciones a gobernadores y alcaldes, ni tampoco las presidenciales: El tema son los presidenciables

José Gregorio Yépez

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Todas las fuerzas políticas y sus dirigentes hacen cálculos para quedar lo mejor «parados» después de las elecciones. El tema de quién se queda con la franquicia opositora y quién se gana el derecho a competir contra el oficialismo el 2024 pesan más que la posibilidad cierta de ganarle al chavismo el 21 de noviembre

Están en Caracas todos los dirigentes opositores discutiendo. Hay reuniones por todas partes. A las redacciones no nos han llegado esta semana notas de prensa con actos de campaña. Todo el trabajo de masas se detuvo. Todo es negociación. Se acerca el 22 de septiembre.

Las frases que van y vienen se parecen a estas: “Si te apoyo aquí, tú me apoyas allá”. “El mío no tiene chance, lo quito y tú me apoyas a la alcaldía”. “¡Coño si no vamos juntos, nos jodemos los dos!”.

Todos tratan de cuadrar. La Alianza Democrática, el G4 ampliado, los partidos que giran en torno a la MUD y la Plataforma Unitaria. También están las pequeñas organizaciones que tienen un peso específico en sus zonas de influencia.

El liderazgo anda de café en café, de oficina en oficina, de hotel en hotel. Eso sí… sin que nadie vea.

Los partidos grandes están en la obligación de ceder en los sectores donde los liderazgos locales se imponen, de otra forma se verán arrollados. Hay problemas para armonizar las alianzas y el 2024 parece pesar más que el 21 de noviembre de 2021.

No son gobernaciones, alcaldías o presidenciales. Lo que está en fondo de las discusiones son los presidenciables. Todos hacen cuentas y calculan costos beneficios de los posibles acuerdos.

La fisuras

Ya empiezan a hacerse públicos los desencuentros. Partidos que están dentro de la Plataforma Unitaria se quejan de la hegemonía ejercida por los partidos del G4 y las decisiones que se toman de manera inconsulta.

Un total de 12 organizaciones, entre las que figuran Alianza del Lápiz, Bandera Roja, Izquierda Democrática y el Movimiento Democracia e Inclusión acusan de actuar de forma sectaria y excluyente a la vanguardia de esta coalición de partidos.

Por su parte Falcón confirma el tema de las negociaciones: “Seguimos conversando con otros factores, que no quede de nuestra parte que no se hizo el esfuerzo, Venezuela hoy reclama mucha amplitud y unidad sincera, que no nos agarre el día 22 de noviembre la gente quejándose porque los líderes de los partidos no supieron interpretar este momento histórico”.

Quienes apoyan a Capriles y a otros liderazgos -que no están participando como candidatos en las elecciones del 21 de noviembre- parecieran no querer gobernadores con la suficiente fuerza para que les disputen el derecho a enfrentar al chavismo en 2024.

Un mapa de Venezuela con ocho o 10 gobernadores de oposición hace complicado el escenario para quienes no midieron sus nombres en las elecciones. El forcejeo es por sacar del juego por adelantado a los posibles adversarios de 2024.

El otro bando es el de los aspirantes a gobernadores.

Estos prefieren que existan muchos políticos aspirando, porque se pueden conseguir alianzas y se aplanan las diferencias entre los que tienen como meta Miraflores.   

¿Qué candidatos con chance a ganar las gobernaciones o hacer un buen papel pueden ser presidenciables? Fundamentalmente los que se mueven en regiones de alta densidad electoral o que tienen un papel destacado plantándole cara al Gobierno de Maduro.

Bajo estas premisas podemos hablar de Manuel Rosales, Henri Falcón, Laidy Gómez, Luis Eduardo Martínez, David Uzcátegui, Carlos Ocariz, Antonio Ecarri.

A esta lista se suman quienes están por fuera de la carrera electoral del 21 de noviembre Henrique Capriles, Bernabé Gutiérrez, ¿Lorenzo Mendoza? ¿Dirigentes de Fedecámaras?

En las regiones se ven escenarios de por lo menos tres candidatos: Oficialismo, Alianza Democrática y G4. De mantenerse así, después de las elecciones las facturas las pagarán quienes lleguen de terceros y hayan impedido con sus votos desplazar a oficialismo.

El Gobierno mira, mide y calcula qué hará después del 21-N.

¿Adelanto de elecciones? Podría montarse sobre el propio discurso opositor que exige presidenciales y aprovechar su dispersión para nuevamente enfrentarlos divididos, vencerlos y legitimarse ante el mundo.

¿Esperar a 2024, apostar por más desgaste opositor y buscar oxigenar la situación económica?

No sabemos qué pasará porque no tenemos bolas de cristal, solo tenemos los pies planos.

El juego sigue.

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