La reversión de la descentralización ha llevado a que el interior del país se deprima aún más, señala el dirigente gremial Vito Vinceslao. Se observa el fenómeno de la migración interna: gente que va a Caracas en busca de mejores condiciones de vida. “Hay pequeños bolsones del país en los que quizá el tema de la precariedad económica no sea tan grave, pero en términos generales el interior del país se ha deprimido mucho más, sobre todo, porque hay una intencionalidad marcada de parte del gobierno de concentrar los servicios en Caracas y tratar de que no se produzca un estallido social en Caracas como respuesta al caos de los servicios públicos”, subraya Julio Castillo, exalcalde Naguanagua

El “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra” se convirtió en un arma de reglamento de los caraqueños que querían echarles en cara a sus coterráneos del interior las diferencias entra “la capital” y “la provincia”. En algún momento las ciudades reclamaron su lugar en el mapa político, y lo conquistaron para gozar -mal que bien- de servicios públicos, oportunidades de estudio y una vida por hacer.

“En los últimos años, antes de que cambiara el modelo político-administrativo del país, el interior de Venezuela conoció un boom interesantísimo”, porque “el proceso de descentralización abrió expectativas muy grandes” y los gobernadores y alcaldes electos por la población “habían logrado desatar nudos importantes”, recuerda Julio Castillo, exalcalde de Naguanagua y dirigente de Voluntad Popular.

Pero ese cristal comenzó a quebrarse y Caracas, la que este domingo celebra 454 años, volvió a ser la protagonista. Los apagones en el interior del país se hicieron frecuentes. Las carreteras y autopistas dejaron de ser vías de comunicación. El aislamiento se profundizó con la escasez de combustible, la hiperinflación, la emergencia humanitaria compleja. Para seguir entre dichos, la “tapa del frasco” fue la pandemia, que a partir de marzo de 2020 encerró aún más a la gente.

Un país de gente amante de la playa y que no perdía un solo “puente” se fue quedando en casa. Por eso, el viernes 2 de julio en tramos enteros de la Autopista Regional del Centro no circulaba un solo vehículo.

Una refinería El Palito (Carabobo), si no completamente apagada, trabajando al mínimo, recuerda también la postración de la industria petrolera.

La soledad era la misma en otras vías del país, como la autopista Rafael Caldera (o Cimarrón Andresote). Locales de comida, que en cualquier otro “puente” estarían atestados de visitantes, no eran más que mesas y sillas vacías.

“No diríamos que es ‘más monte y culebra’, pero sí está mucho más descuidado, más abandonado”, señala Vito Vinceslao, presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios del estado Apure. Esto tiene que ver con el modelo político, asevera. “Seguimos sufriendo apagones en los distintos estados del país, racionamiento eléctrico. El servicio de agua potable no funciona”, subraya.

Según el estudio más reciente del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, realizado en junio, seis de cada 10 usuarios consultados en 12 ciudades (todas del interior, con excepción de Caracas) valoran negativamente la calidad del servicio de agua.

Probablemente hay, en algunos sitios, “unas pequeñas burbujas”, como zonas agrícolas en las que la gente se ha quedado haciendo grandes sacrificios, destaca Castillo. “Hay pequeños bolsones del país en los que quizá el tema de la precariedad económica no sea tan grave, pero en términos generales el interior del país se ha deprimido mucho más, sobre todo, porque hay una intencionalidad marcada de parte del gobierno de concentrar los servicios en Caracas y tratar de que no se produzca un estallido social en Caracas como respuesta al caos de los servicios públicos. Por eso el combustible en Caracas falta menos, la luz se va menos, el agua se va menos”.

Foto: Anthony Ascer Aparicio-Archivo Contrapunto

El peso de la reversión de la descentralización

En Carabobo “la descentralización del puerto, del aeropuerto, del deporte produjo una cantidad de pequeños milagros que hizo que se recuperara el ambiente en las ciudades, que hubiese políticas públicas más cercanas a los ciudadanos y un impacto en la calidad de vida de la gente”, describe Castillo.

Pero la descentralización, alega Vinceslao, “fue cortada desde el momento cuando llegó Chávez a la Presidencia de la República”. Aunque la Constitución de 1999 es más avanzada en el texto en cuanto al modelo federal de gobierno “Chávez, por su propia concepción política, entendió que la descentralización no iba con su modelo de gobierno”, analiza Castillo. Asumió que la fórmula era pueblo-caudillo-ejército y que gobernaciones y alcaldías “eran un estorbo”, por lo que “por vía de ley las competencias que estaban en la Constitución les fueron devueltas al Poder Central”. En este barrido cayeron, también, las juntas parroquiales.

Eso “volvió a producir un cuello de botella en la administración pública y cortó de raíz un proceso político interesantísimo de surgimiento de nuevos liderazgos”, critica.

Como gremialista, Vinceslao hace referencia a empresas creadas por los estados. “En Apure hay una empresa socialista que se llama Cabresteros de Apure, que comenzó con el control del matadero y la carne en los mercados municipales, control sobre distribución de harina de trigo, cauchos, baterías, pastas, todo los alimentos”.

Funciones descuidadas

En todo esto también hay una gran responsabilidad de los gobernantes, subraya Vinceslao. “Nuestros gobernantes se han olvidado de cumplir con las funciones reales para las cuales fueron electos, y se han dedicado a otras cosas distintas de lo que es su rol”. Gobernadores y alcaldes “se han dedicado a realizar otro tipo de actividades que no son su competencia” y eso se observó desde que comenzaron a actuar en la comercialización de productos, con las expropiaciones y el control de productos de primera necesidad.

Los gobernantes han descuidado las funciones que les corresponde por ley, tales como servicios públicos, ornato. “Eso lo fueron dejando a un lado”, criticó. “Vemos calles enmontadas, avenidas con la vialidad deshecha, falta de alcantarillas, alumbrado público que no funciona”.

El fenómeno de la migración interna

Hay migración interna. Un periodista zuliano comenta que, cuando vio a su esposa lanzarse a un hueco en una avenida de Maracaibo para sacar agua, entendió que debía marcharse a Caracas.

Foto: Rafael Briceño-Archivo Contrapunto

Además de la migración externa dentro de Venezuela hay ciudades “más golpeadas que otras en materia de servicios públicos, sobre todo, que ha obligado a sectores medios de la población a migrar hacia otro sitio”, refiere Castillo. Inseguridad en Apure y Bolívar, por ejemplo, han llevado a la migración de familias enteras.

En Apure se ve a “personas que se han ido a buscar oportunidades de empleo para sobrevivir a la crisis económica, visto que las fuentes de empleo son pocas por no contar con grandes empresas, no se cuenta con un parque industrial. Es un estado ganadero y los dueños de los predios hoy día están metidos de cabeza en sus fincas, en este sector también ha mermado la mano de obra”.

El sector comercio no está mejor. “En el casco urbano el 100% es netamente sector comercio y servicios y muchos han ido bajando sus santamarías; otros han tenido que diversificarse cambiando el objeto comercial”.

Volver a la descentralización

Sin fórmulas mágicas, el interior del país puede dejar de ser “monte y culebra” si se retorna a la descentralización, e incluso, se profundiza, plantea Castillo. “Hay un mandato de parte de la Constitución vigente” que está por ejecutarse.