“Movilización social no es lo mismo que un movimiento social. Estoy pensando en el movimiento en defensa de los derechos civiles de Estados Unidos, estoy pensando en el movimiento Solidaridad de Polonia, estoy pensando en Otpor en Serbia”, detalla el politólogo y director de Polity

“Hay que decir una cosa de entrada: No vamos a tener elecciones libres y competitivas. Hay que persuadirse de eso”. John Magdaleno lanza la frase así, con todo el énfasis.

-¿Cómo van a ser?

-Van a ser elecciones también sujetas a restricciones, a violaciones de garantías. Esperemos que la presión que se pueda generar intente restituir algunas de ellas, pero no vamos a tener elecciones libres y competitivas porque la naturaleza del régimen es autoritarismo hegemónico, y en un autoritarismo hegemónico no hay elecciones libres ni competitivas. ¿Crees que van a habilitar a todos los candidatos de oposición? ¿Crees que van a habilitar a todas las fuerzas políticas? Entonces la pregunta es: ¿Cuál es la respuesta estratégica frente a eso?

El analista político y director de la consultora Polity no teme caer mal con sus afirmaciones; incluso, se permite hacer comentarios jocosos sobre sectores muy radicales de la política venezolana. En su conversación con contrapunto.com antes de participar en el encuentro Beers&Politics de este miércoles (organizado por la Asociación de Consultores Políticos y en el que también estuvo el politólogo Pablo Quintero), Magdaleno hizo un dibujo descarnado de la situación política.

En su opinión “hay un momento que hay que agotar, que es un momento propiamente social. Para poder llegar al momento electoral tiene que haber una reconexión, no solo de líderes, sino de fuerzas políticas y sociales con sus sectores de base. Es un esfuerzo de articulación”.

El país, en este momento, “no está pensando en candidaturas”. Puede ver que viene una elección, pero no está en ánimo electoral, “porque siente que el liderazgo ha fallado en la conducción política, porque se ha hecho una oferta de cambio político que no se ha realizado, ha tomado mucho tiempo y, en el proceso, lo que hay es una creciente fragmentación, un creciente desencuentro entre los principales factores que conducen la política”. Por eso, antes de pensar en el momento electoral, remarca, “tiene que haber una reconducción de esa energía que todavía desea cambio, mayoritariamente, pero que no encuentra la estrategia”.

El plan debe ser lo primero. Es decir, “cuál es el plan estratégico común de los sectores comprometidos con la redemocratización”, que no son solamente oposición. “Hay sectores del chavismo, del chavismo disidente que también aspiran a una reforma política y económica de fondo. Hay que sintonizarse con esa aspiración y plantear una estrategia”.

Ese plan, reitera, tiene varios componentes. “Una estrategia para dar una lucha contra el régimen autoritario y estimular una transición a la democracia”. A eso está asociado “un programa mínimo común”, un pacto de gobernabilidad, un acuerdo.

A su juicio, no es sano que la sociedad “les deje esa responsabilidad a los partidos. En Venezuela se requiere de un movimiento democratizador, y eso involucra a sectores de la sociedad civil también”.

Hay que resolver cómo se van a articular los partidos políticos y la sociedad, razona. En este momento no hay articulación, pero hay vasos comunicantes. “Lo bueno es que algunos sectores están retomando la interlocución, lo bueno es que se empiezan a producir algunos avances de la dirección política en el diagnóstico”. ¿Por qué lo dice? “Por las conversaciones en Panamá, porque pese a todas las tensiones que hubo parece que se avanzó en algunos acuerdos básicos. Lo digo porque una parte de la sociedad civil está entendiendo que tiene que tener un papel un poco más protagónico en este movimiento democratizador”.

Magdaleno insiste en que se debe constituir “una fuente de presión interna, lo que demanda, por un lado, una mayor articulación estratégica entre los partidos de oposición; y por otro, construir un movimiento social. En Venezuela hemos tenido ciclos de movilización, pero eso no ha dejado como saldo organizativo un movimiento social”.

Rafael Briceño Sierralta

Puede haber protestas, aclara, y eso es movilización, pero no, un movimiento social con estructura, organización, identidad propia, agenda y estrategias propias, además de continuidad en el tiempo.

Para que haya presión interna sectores de la sociedad civil deben articularse y formar un movimiento social de envergadura, de alcance nacional, que se acerque a ser un movimiento de masas con impacto político, describe el politólogo. Se necesita “un vehículo de la sociedad civil que pueda reiniciar un proceso de movilización, pero con otros actores. Los partidos son beneficiarios de ese proceso, pero en mi opinión, en este momento no están en capacidad de iniciar un nuevo ciclo de movilizaciones”.

“La sociedad tiene que producir una respuesta estratégica. No dejar que el proceso se conduzca solo por la vía de los partidos”, enfatiza. Debe haber interlocución entre la Plataforma Unitaria y un movimiento social.

En el país hay iniciativas “que intentan lograr mayor coordinación estratégica, y que a la postre tienen que converger en un movimiento social. Movilización social no es lo mismo que un movimiento social. Estoy pensando en el movimiento en defensa de los derechos civiles de Estados Unidos, estoy pensando en el movimiento Solidaridad de Polonia, estoy pensando en Otpor en Serbia”.

-¿Los políticos solos pueden?

-En mi opinión, no. Los políticos y partidos solos no pueden. Llegará el momento electoral, pero para llegar allí, si queremos llegar con mucha más fuerza, se requiere de una reconexión que involucre a los ciudadanos, a la sociedad civil, y los vuelva sujetos del proceso.