El resultado de las elecciones en Colombia abre un montón de interrogantes para los colombianos, venezolanos y todo el continente. La política se mueve en un escenario difícil de definir

El exguerrillero que habló bien de Chávez y que cuestionó a Nicolás Maduro, ahora tendrá que convivir con la imperiosa necesidad de recomponer las relaciones con Miraflores, sin que esto le imponga un costo político interno que pueda capitalizar una clase política que desde ya salió a cazarlo.

El establishment político colombiano fue sacudido por los fenómenos Petro y Hernández que, desde las antípodas ideológicas, lograron más apoyo que los sectores tradicionales de la política neogranadina. Esa es la misma elite que ha controlado los espacios de poder desde la emancipación de Colombia de la corona española, según lo afirman algunos historiadores.

En este escenario, fue el candidato de la izquierda el que se impuso en la segunda vuelta generando así una ruptura impensable hasta hace pocos años atrás.

¿El cobarde?

La campaña antiPetro se basó, entre otras cosas, en tratar de asociarlo a Nicolás Maduro y a la crisis multidimensional que vive Venezuela, sin embargo, Petro marcó distancia de Miraflores.

Esto le valió los insultos del número uno y del número dos del PSUV y recibió epítetos tan duros como llamarlo “cobarde”.

“Esa izquierda cobarde es una izquierda derrotada, fracasada. Una izquierda cobarde frente al imperialismo, frente a las oligarquías. Y entonces quieren ponerse un barniz para que las oligarquías los perdonen. Y lo peor de todo es que no los van a perdonar. Asumen la peor cara de antirrevolucionarios, de antibolivarianos”, dijo Maduro refiriéndose a Petro, Boric y Pedro Castillo.

Asimismo, lo llamaron pedigüeño. Diosdado Cabello aseguro que “vino a pedirnos dinero para la campaña”, refiriéndose a la contienda electoral anterior que perdió.

Esa “izquierda derrotada, fracasada”, le arrebató vía votos el poder al “archienemigo” de Miraflores. 

¿El prudente?

Ahora, en pocos días, Petro asumirá el Palacio de Nariño, desde donde dirigirá los destinos de Colombia y deberá vencer el reto de conseguir gobernabilidad.

Trata de perfilarse en una órbita distinta a los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

“La imagen de Maduro no es de un líder de izquierda, es un integrante muy conservador de las facciones más regresivas de la política mundial que están tratando de defender que el mundo permanezca en una economía fósil”, dijo sobre el mandatario venezolano.

Y eso no fue todo. “Es un tipo que no ha sido capaz de desligar a Venezuela del petróleo, es una persona que está dentro de las dirigencias de la política de la muerte”.

De esta forma marco distancia y repelió los ataques de la clase política tradicional colombiana alérgica a cualquier manifestación que tenga que ver con la ideas de izquierda.

Al parecer le dio resultado. Logró incrementar su votación en la segunda vuelta cuando parecía que un “Toconpe” (Todos Contra Petro) lo derrotaría.

Petro llamó a Maduro y dijo que abriría la frontera. Quien primero declaró fue el nuevo Presidente de Colombia y puso el tema sobre el tapete. Maduro respondió en buenos términos, como era de esperarse.

Los empresarios colombianos y venezolanos de la zona seguro aplaudirán esta decisión que asfixia los negocios en esta frontera, que es de las más vivas de todo el continente.

¿Tenía Petro que llamar a Maduro? ¿Fue una buena señal?

El exguerrillero llamó a Miraflores luego de hablar con el secretario de Estado estadounidense Anthony Blinken.

“Lo cortés no quita lo valiente”, reza el dicho popular y los asuntos de Estado deben superar las preferencias personales ded un presidente. Colombia y Venezuela no pueden mudarse y tendrán que interactuar de alguna forma.

Asimismo, esa conversación con Maduro flota en medio de las llamadas que hace y recibe un mandatario recién electo.

Petro también habló con Joe Biden, presidente de los Estados Unidos, Gobierno que históricamente ha sido enemigo de las fuerzas de izquierda, como en las que ha militado el mandatario neogranadino recién electo.

Asimismo, el exguerrillero tendrá que lidiar con una clase política colombiana que ha estado muy de la mano de los Estados Unidos al punto de tener acuerdos de cooperación militar que le dan una presencia importante de efectivos estadounidenses en suelo colombiano.

Hay una discusión si formalmente son bases militares estadounidenses en territorio colombiano, pero más allá de las formalidades -porque “en ninguna base en Colombia hay un comandante estadounidense, ni se iza la bandera de Estados Unidos”, como lo refirió a la AFP Adam Isacson, director del Programa de Veeduría de Defensa de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) en 2018-, ciertamente la presencia es importante.

A saber, existen siete bases con militares estadounidenses activos que reciben un trato especial en Colombia. Las instalaciones son las bases aéreas de Palanquero, ubicada en el centro, Apiay en el este colombiano y Malambo (Caribe, norte).

Por otra parte, están los fuertes del Ejército Tres Esquinas ubicado en el sur y Tolemaida en el centro. Completan la lista as bases navales de Cartagena (Caribe) y Bahía Málaga (Pacífico, oeste).

¿El inteligente?

Los marines están allí, igual que la clase política colombiana que acusa Petro de ser “más inteligente que Chávez, que Maduro, que Ortega” y que por eso “fue su maestro”, según el expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez.

La acusación del líder político agrega que Petro es el representante más brillante del “neocomunismo en la región”. Es de esperarse que ese sea el discurso que mantendrán los sectores de la centro-derecha y la elite colombiana.

Con eso debe lidiar el nuevo presidente y no será cosa fácil.

Por eso, Petro no habla de socialismo. Sabe que el anticomunismo ha encontrado tierra fértil en la sociedad colombiana y el economista que vive en él ha tratado de cuidarse de eso.

“Nosotros vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia. No porque lo adoremos, sino porque tenemos primero que superar la premodernidad en Colombia, el feudalismo en Colombia”, dijo Petro el mismo domingo que se enteró de que había sido favorecido por el voto popular.

“Tenemos que superar mentalidades atávicas ligadas a ese mundo de siervos, a ese mundo de esclavos”, agregó.

En esta afirmación parece dibujarse la intención de conectar con una vieja demanda latinoamericana: El cese de la explotación en las zonas rurales y la persistencia de estructuras cuasi feudales aún en el siglo XXI.

Con estas palabras se quitará de encima al “infantilismo de izquierda” argumentándole que no se puede hablar de socialismo porque, en las zonas campesinas, el feudalismo no se ha terminado y zanjará esta discusión.

En una alusión directa a la economía y la productividad dijo que “no se puede redistribuir sin producir. Si queremos redistribuir para que la sociedad toda sea más igualitaria tenemos que producir”.

Pero por otro lado espetó, más lleno de poesía y política que se debe producir “regulados, sin que se afecte la dignidad humana”, producir de manera “que no se afecte la naturaleza, que no se afecte el agua, que no se afecte el páramo, que no se afecte el pájaro”.

El nuevo Presidente de Colombia es político y es economista. Fue guerrillero y senador. Ya fue candidato y ahora será Presidente.

Algunos sostienen que si llega al final de su mandato ya sería un éxito para el primer gobernante de izquierda elegido en Colombia.

¿Sabrá lidiar con una clase política conservadora que ha visto como se le fue de la manos el poder que siempre detentó?

¿Sabrá cómo lidiar con las presiones de una relación complicada con su principal vecino?

¿El distanciamiento con Maduro es verdadero o solo es un ardid como aseguran sus detractores?

Eso está por verse porque no tenemos bolas de cristal para ver el futuro, solo tenemos los pies planos para mirar la coyuntura política, económica y social que nos rodea.

El juego sigue.