Más de 60% de los integrantes de las tropas del bando realista eran criollos blancos, pardos e indígenas, explica el historiador Andrés Eloy Burgos. A su juicio esta fue “una batalla de venezolanos contra venezolanos”. Como en toda guerra, señala el historiador Neller Ochoa, “el cambio de bandos era impresionante y las deserciones estaban a la orden del día” porque los combatientes “se adscribían de acuerdo con una preferencia política, pero también había un motivo fundamental, que era el botín, y el botín sumaba a muchos soldados a alguna de las filas en combate”

¿Y si la Guerra de Independencia de Venezuela no fue una lucha entre los patriotas venezolanos “buenos” y los españoles realistas “malos”? ¿Y si las cosas no son blanco o negro? ¿Y si en la Batalla de Carabobo lucharon venezolanos contra venezolanos?

Cada vez hay más voces dispuestas a confrontar la historia que oficialmente -en la “cuarta” y en la “quinta”- describe la Guerra de Independencia como la lucha entre los justos patriotas criollitos de pura cepa y los malvados realistas intrusos de España. Una de ellas es la de la historiadora Véronique Hébrard, que en su investigación Ciudades leales, ciudades patriotas habla “sobre la guerra civil de independencia de Venezuela” (http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-94962015000100010).

La gente común, describe el investigador argentino Néstor Kohan, no se entusiasmó con el programa de Simón Bolívar; “incluso tomó partido activamente en su contra. El mundo popular seguía en gran medida a los realistas”, refiere Kohan (DialnetBolivarLaGuerraSocialYElPuebloEnArmas-6114263.pdf). En esa complejidad se llega a la segunda Batalla de Carabobo, la del 24 de junio de 2021.

“Una batalla de venezolanos contra venezolanos”

La descripción del historiador e investigador venezolano Neller Ochoa no deja lugar a dudas. “Ese día en Carabobo se enfrentaron dos bandos de heterogénea configuración, tanto étnica como social, pero dos bandos al fin. Uno, el de los patriotas, dirigido por el general Santiago Mariño y tres divisiones comandadas por José Antonio Páez, Manuel Cedeño y Ambrosio Plaza”, ilustra Ochoa en conversación con contrapunto.com. Por el bando realista, “Miguel De La Torre, quien se desempeñaba como gobernador y capitán general de Venezuela para ese entonces; por el teniente coronel Francisco Perera y por tres divisiones al mando de Francisco Tomás Morales, viejo conocido del realismo en Venezuela y que peleó codo a codo con José Tomás Boves; Tomás García y José María Herrera”.

La sabana de Carabobo tenía una importancia estratégica para la entrada a la capital del país, refiere el historiador venezolano Andrés Eloy Burgos. En ella se enfrentaron ese 24 de junio el ejército monárquico, con unos 4.500 soldados, y el ejército patriota, con unos 6.500 integrantes. “Las fuerzas patriotas superaron en número a las realistas”, certifica en entrevista con contrapunto.com.

Fue, afirma Burgos, “una batalla de venezolanos contra venezolanos”. Como historiador, defiende la idea de que la Guerra de Independencia fue “una guerra civil y la Batalla de Carabobo no escapó de esa realidad. Los venezolanos estábamos divididos en la pertenencia a uno de los bandos, divididos por unas ideas políticas: seguir siendo fieles al rey o crear una república independiente”.

A comienzos del siglo XX, Laureano Vallenilla Lanz asevera que quienes defendieron con su vida las banderas del rey fueron -en buena medida- los propios venezolanos, remarca el historiador Reinaldo Rojas en un artículo de opinión publicado hace dos años en El Universal (https://www.eluniversal.com/el-universal/47042/fue-una-guerra-civil).

¿Cómo fue en Carabobo? Los documentos lo muestran. Tal como lo explica Burgos, en el ejército patriota no se hacía la distinción por el color del piel, pero el ejército monárquico sí llevaba una estadística detallada de sus soldados. Para junio de 1821 la composición del ejército realista, de cerca de 10.800 efectivos en toda Venezuela, era “40% de blancos, del que 32% eran españoles peninsulares y un 8% criollos blancos”. El resto del ejército era “51% de pardos, el pueblo que surgió del proceso de mestizaje, y un 9% de indígenas”. Esto confirma que más de 60% de las tropas “eran de venezolanos”

Esta batalla, igual que otras, fue “compleja y diversa”, porque la adscripción a ejércitos regulares o irregulares “tuvo motivaciones mayores a la nacionalidad”, explica Ochoa. “Del lado patriota podemos ver a venezolanos y neogranadinos luchando codo a codo”, al igual que las legiones británicas de las que Bolívar dijo “son los salvadores de mi nación”. Del lado realista hubo españoles peninsulares, pero también, “numerosos venezolanos de todas las adscripciones étnicas y sociales”.

Por ello, la imagen de un bando realista formado solo por españoles no es real. “El ejército se fue criollizando con el paso del tiempo y que no recibió mayores refuerzos”. Como en toda guerra, señala Ochoa, “el cambio de bandos era impresionante y las deserciones estaban a la orden del día, más que todo porque era una guerra en la que los combatientes se adscribían de acuerdo con una preferencia política, pero también había un motivo fundamental, que era el botín, y el botín sumaba a muchos soldados a alguna de las filas en combate”.

Realistas sin refuerzos

El ejército realista “podía considerarse relativamente fuerte, tanto por sus efectivos como por la posición central o líneas interiores en las que actuaba”, y por eso Bolívar y el ejército patriota tuvieron cuidado al plantear la campaña y, con varias estrategias, “desconcentrar las fuerzas realistas y lograr que estos planes en Carabobo salieran bien”. Sin embargo, el alto mando realista ya presentaba lo que Neller Ochoa califica como “abatimiento moral”, y los refuerzos que debían llegar procedentes de Cádiz en 1820, unos 25 mil hombres, “no llegaron” por los acontecimientos en España.

“Este acontecimiento favoreció enormemente al bando republicano” porque este contingente de España “pudo haber cambiado la suerte de la guerra, como lo hicieron los 10 mil hombres que enviaron en 1815 al mando de Pablo Morillo”.

No resultó así. La victoria “fue bastante contundente y dejó muy diezmadas las tropas realistas; las que no cayeron prisioneras tuvieron que salir a resguardarse en Puerto Cabello”, confirma Ochoa.

En el parte de la Batalla de Carabobo escrito por el Libertador, se sostiene que de 6 mil hombres sobrevivieron 400 del ejército realista. “El ejército español pasaba de seis mil hombres, compuesto de todo lo mejor de las expediciones pacificadoras. Este ejército ha dejado de serlo. Cuatrocientos hombres habrán entrado hoy a Puerto Cabello”, detalló. “El Ejército Libertador tenía igual fuerza que el enemigo, pero no más que una quinta parte de él ha decidido la batalla. Nuestra pérdida no es sino dolorosa: apenas 200 muertos y heridos”.

Aunque en la escuela enseñan que la Batalla de Carabobo representó la liberación definitiva de Venezuela “habría que agregar algo: se logra liberar Caracas del mando realista” en el cual se hallaba desde 1814, pero “no significa la liberación total del territorio”, precisan Ochoa y Burgos. Hay que contar la Batalla Naval del Lago de Maracaibo y la liberación de Puerto Cabello, así como las guerrillas que permanecieron hasta entrada la década de 1830.