Fue un dirigente que se midió en elecciones con Rómulo Gallegos, llegó a la presidencia de Venezuela en dos oportunidades y mostró un conocimiento tal de la realidad política venezolana que supo cómo actuar en cada momento. Sobreseyó la causa que se seguía a Hugo Chávez y dejó demostraciones de que se puede ceder sin claudicar y aun así alcanzar objetivos superiores

Hace 105 años que nació en el centroccidente venezolano un niño llamado Rafael Antonio y como pocos marcó la vida de este país. Con el pasar de los años algunos lo llamaron el doctor Caldera.

Ya hecho un hombre, el nacido en la ciudad de San Felipe, capital del estado Yaracuy, dirigió con pasión su vocación de político y tomó decisiones que marcaron el destino de los venezolanos durante la segunda mitad del siglo pasado. Los aciertos que ven sus admiradores y los errores que le endilgan sus detractores se sienten todavía en nuestros tiempos.

Se midió electoralmente con Rómulo Gallegos, fue Presidente de la República en dos oportunidades mostrando un olfato político de los mejores en la historia del país, sobreseyó la causa que se seguía a Hugo Chávez y dejó demostraciones de como un político puede ceder y cambiar sin desdibujarse en su posición principista.

Dando y llevando. Sacando el mejor rédito

El joven Caldera, anticomunista confeso identificado con ideas conservadoras, en 1937 fue capaz de asaltar el semanario humorístico “Fantoches” en 1937, dirigido por el legendario Leoncio Martínez (“Leo”). La agresión fue una reacción a que la histórica publicación venezolana, referencia del humorismo en el país, desarrollaba con inteligencia sus críticas a la jerarquía de la Iglesia Católica y denunciaba al fascismo en España.

Ya como presidente de la República ordenó el allanamiento de la Universidad Central de Venezuela, además de tomar la Universidad de los Andes y La Universidad del Zulia, en octubre de 1969.

Ese es el mismo Caldera que, con su puntería política muy bien afinada, le puso la firma al proceso de pacificación de la guerrilla izquierdista venezolana permitiendo que se reincorporaran a la vida política el Partido Comunista de Venezuela y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

Asimismo, en 1993 fue capaz, luego de abandonar a su máxima creación política Copei, aglutinar a su alrededor a factores de izquierda para completar el “chiripero” que acompañó al nuevo partido Convergencia y ganar las elecciones que lo llevaron a su segunda presidencia.

Su actuación en la política demostró su capacidad para administrar el conocimiento de la realidad venezolana y poner en práctica la sagacidad, astucia, el control de los tiempos del juego político y entender cuándo apretar y cuándo ceder.

El liderazgo

El liderazgo de Rafael Caldera, como el de quienes compartieron su tiempo demostró desprendimiento, madurez y tuvo la estatura para lograr acuerdos mínimos que permitieran darle a la Venezuela de mediados del siglo XX un camino de gobernabilidad al salir de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Cosas de ese tipo se extrañan por estos días, sin querer caer en la manida frase: “Tiempos pasados siempre fueron mejores”.

“Ese liderazgo tenía la autoridad ganada con la demostración moral y capacidades intelectuales probadas. Esos dirigentes tenían una serie de condiciones políticas que lamentablemente el liderazgo de hoy no posee”, señala el politólogo y profesor universitario Jesús Mazzei.

Al mirar el rol de Rafael Caldera es obligatorio hablar de la contrafigura de quienes han sido percibidos como “liderazgos populares”, como los que representaban los dirigentes de Acción Democrática y URD.

“Caldera tuvo claro que para entrar en la vida política había que tener un partido. Después del ensayo con el Partido de Acción Nacional, que fue uno de sus primeras organizaciones, logra fundar Copei que terminó siendo su gran plataforma”, sentencia Mazzei.

Indica el analista que apalancado en esa organización logra proyectar un liderazgo nacional que lo lleva a ser diputado por Yaracuy, en una elección indirecta en los tiempos de Medina Angarita.

Al consultar al politólogo Guillermo Tell Aveledo sobre el papel de Caldera como contrafigura de los “populares” de la mitad del siglo pasado, señala que “no se puede descontar que en la primera elección presidencial con voto universal directo y secreto que se hizo en Venezuela el doctor Caldera obtiene el segundo lugar. Es decir, no es menos popular que el candidato del Partido Comunista, no es menos popular que Jóvito Villalba”.

“Un muchacho de 30 años compitiendo con una figura nacional tan importante como era Rómulo Gallegos, pues no es para nada un lugar indecoroso estar de segundo. Al contrario, se convierte desde ese momento  en una figura nacional, quien ya ha sido un joven parlamentario destacado en la primera mitad de la década de los 40 y también tuvo figuración de líder en el movimiento estudiantil alternativo en los años 30”, señala Tell Aveledo.

Asimismo, sostiene que “Caldera habla en ese momento desde Copei, un partido pequeño a la saga de AD, pero es la organización que comienza crecer consistentemente”.

“Es el líder de un movimiento recientemente popular que representaba un sector del pueblo venezolano que no estaba identificado con las rutas de Acción Democrática, ni del PCV, que por otra parte nunca fue demasiado popular. Entonces es importante que la representación de ese sector social, fundamentalmente del occidente del país, de valores conservadores que han sido parte de la tradición venezolana, una parte muy menospreciada durante de un siglo y medio por las ideas liberales, positivistas y luego socialistas”.

Indica que hay quienes destacan que es “la existencia de una oposición leal, de un contrapeso leal en la democracia, lo que permite que AD tuviera un competidor serio y pragmático en el sistema y, a su vez, le fuese posible moderarse con relativa seguridad. Eso es parte de lo que permite el liderazgo de Rafael Caldera en ese contexto”.

En tiempos de dictadura

Durante el periodo 1948-1958, la presión sobre los políticos fue in crescendo en Venezuela y muchos líderes fueron asesinados y otros forzados a ir al exilio.

Rafael Caldera logró hacer equilibrio para mantenerse en el país hasta que a finales de 1957, se vio forzado a salir.

Al hablar de esta etapa Guillermo Tell Aveledo destaca que fue “la gran figura política nacional. Recordemos que es el segundo candidato de la única elección universal abierta y secreta no fraudulenta que haya habido en Venezuela para ese tiempo y se transforma en un bastión de dignidad democrática en el sector que se rehúsa a cohabitar por entero con la dictadura”.

“Copei va a estar perseguido después de la elección del año 52 que es defraudada por el Frente Electoral Independiente y el Gobierno de Pérez Jiménez. Pasa a un periodo de ilegalidad en la práctica, es decir, no va hacer ilegalizado como el Partido Comunista o AD. No son expulsados sus dirigentes directamente como pasó con URD, pero las actividades internas de COPEI son prácticamente vedadas. No hay derecho de asociación, no hay derecho a reunión y el hostigamiento a su dirigente más importante, Rafael Caldera, es constante”, explica Tell Aveledo.

Acota que se le censura su actividad de abogado en ejercicio, su actividad docente y su presencia en los medios de comunicación. “Hay hostigamiento físico, atentados contra su casa y su vehículo a lo largo de estos tiempos”.

“Como es la única voz en Venezuela con ascendencia sobre la población va siendo considerado por las voces en el exilio como una figura relevante para elecciones presidenciales de 1957.  Tanto es así que es en última instancia expulsado por el gobierno. Fue un exilio corto, sin saber que iba hacerlo”, sostiene el analista.

Asimismo, señala que Caldera es artífice de varios documentos importantes de crítica social desde el catolicismo laico hacia los problemas que aun existían en la dictadura.

“Los laicos desde el socialcristianismo estuvieron comprometidos en la pastoral de Monseñor Arias y por supuesto está la mano de Rafael Caldera. Además estuvo como crítico al participar en eventos para presionar al gobierno a obligarlo a cometer fraude electoral. Caldera va terminar el periodo de la dictadura con una creciente autoridad moral y su liderazgo indiscutido”, sentencia el politólogo.

Por su parte, Jesús Mazzei destaca el encuentro con los dirigentes en el exilio al salir a finales de 1957 y señala “Caldera tenía el pulso de lo que estaba pasando porque era el hombre que estuvo vinculado con lo que sucedía en el país”.

La importancia de negociar, ceder y exigir

“Es importante ver como el Pacto de Punto Fijo significa la mutua cesión, la mutua complacencia que es basada ciertamente en una desconfianza. Pero también en la confianza en gente que esta hablando en serio, que está comprometiéndose con unas normas, con la idea de que todos los partidos van acceder a los resultados electorales, todos los van a defender, todos independientemente de la posición de sus partidos”, señala Tell Aveledo, de cara a la capacidad de articular esfuerzos entre fuerzas que compiten entre sí pero que tienen un adversario común.

Agrega que el rol de Caldera como contrapeso a Rómulo Betancourt, no significó una barrera para que avanzara el proceso de conquista de la democracia frente a la dictadura de Pérez Jiménez, y aportó estabilidad y gobernabilidad en medio de una situación geopolítica complicada.

“Estaban convencidos de que tenían cosas en común. Por una parte, la formación para la democracia y por otra parte, los valores concretos y operativos de la democracia. La democracia para ellos es el centro y hace falta decirlo, es una característica por una parte ideológica y por otra práctica: El Gobierno del pueblo implicaba, en una sociedad desigual, de sumo atraso, la necesidad de un Estado activo con un Gobierno vigoroso”, señala Tell Aveledo.

Por su parte, Jesús Mazzei destaca que el liderazgo de ese tiempo logró articular un programa mínimo de Gobierno, propuestas que colocaron la gobernabilidad por delante de los intereses de sus posiciones ideológicas y de partido. Apostaron por los mecanismos que garantizaran la gobernabilidad y sostenimiento de una naciente democracia.

Madurez y visión

El liderazgo de Caldera supo leer cada momento político que le tocó vivir, supo ceder y negociar con sus adversarios para unir fuerzas y enfrentarse a enemigos comunes. Logró tender puentes con fuerzas ideológicamente contrarias a su posición conservadora y llegar a pactos políticos sostenibles en el tiempo.

Hoy parece que la formación, estatura y madurez de los liderazgos nacidos en el siglo pasado hacen falta por estos tiempos. Rafael Caldera nació tal día como hoy hace 105 años.