El hecho de que Caraballeda y Catia La Mar hayan sido los sitios más afectados no es casual: «Estaban muy cerca de la ruptura de la falla, y tenían condiciones geológicas adversas», enfatizó el ingeniero Gustavo Coronel. Texto y fotos: Vanessa Davies
Pasan los días y las investigaciones arrojan nuevas luces sobre los terremotos del 24 de junio. Durante una conferencia realizada en el Colegio de Ingenieros de Venezuela el pasado 22 de septiembre, el ingeniero Gustavo Coronel, investigador del Instituto de Materiales y Modelos Estructurales de la UCV, insistió en que las zonas más pobladas del país son las que mayor riesgo sísmico presentan.
«Hacer ingeniería estructural sin que sea sismorresistente en este país no tiene mucho sentido. Hay que hacer ingeniería sismorresistente El único lugar donde podemos construir sin esas consideraciones es en el sur del país», subrayó el experto.
En cuanto a los sismos del 24 de junio en La Guaira, resaltó: «Muchos edificios no tuvieron la oportunidad de vibrar para disipar la energía, sino que colapsaron de un solo golpe».


Con videos se intentó reconstruir el acelerograma de La Guaira a fin de establecer la aceleración sísmica. «Pudo haber ocurrido 0,9 G en dirección norte-sur y 0,55 en dirección este-oeste» y a una velocidad de 170 metros por segundo, explicó.
De acuerdo con la IA, esto equivale a un movimiento de suelo «extremadamente violento, destructivo y poco común». Según esta fuente, con una aceleración de 0,9 G «los objetos no anclados salen despedidos, las personas no pueden mantenerse en pie y se producen daños graves o colapsos parciales en estructuras que no estén diseñadas bajo normas antisísmicas rigurosas».
Coronel indicó que el hecho de que Caraballeda y Catia La Mar hayan sido los sitios más afectados no es casual: «Estaban muy cerca de la ruptura de la falla, y tenían condiciones geológicas adversas. El depósito de sedimentos en Caraballeda se estima que puede llegar a 400 metros de profundidad. Es un área aluvional».
Los sismos no solo han enseñado acerca del fenómeno de cercanía a la falla. También hay aprendizaje «sobre lo que hemos construido en el pasado y cómo lo hemos construido». Se refirió, por ejemplo, «a adosar las paredes de mampostería a la estructura, porque tenemos que ver alternativas de paredes distintas, o cómo anclarlas para separarlas del sistema». Otro aspecto es el de las escaleras, «porque vimos muchas escaleras dañadas que evitaron que las personas pudieran desalojar». Igualmente «vimos plantas bajas libres, columnas cortas que dieron resultados muy negativos; tenemos que dejar de reproducir esas irregularidades estructurales».
El ingeniero considera que es posible construir de nuevo en La Guaira, con «alternativas de construcción diferentes de las que hemos tradicionalmente usado, y que no necesariamente van a ser más costosas». Se trata de diseñar «estructuras más ligeras, más económicas». Coronel plantea el aislamiento sísmico, «ideal para nuevas estructuras», y el reforzamiento para estructuras ya existentes con recursos como los disipadores de energía.





