Pasan las noches y los días sentadas al pie de la cama de su hija o su hijo. Cuando mucho, destinan una hora del día para asearse y ocuparse de sí mismas. Se «rebuscan» con la venta de tortas, ropa usadas o lo que tienen a la mano. No son extraterrestres: son las madres cuidadoras venezolanas, tal como las retrató el estudio más reciente de Prepara Familia y el Centro de Estudios de la Mujer de la UCV: «Cuidado y salud mental: estudio del estrés psicológico en mujeres cuidadoras de niños, niñas y adolescentes en hospitales públicos».
Para la investigación se hicieron 100 entrevistas a madres cuidadoras; se incluyó al único hombre cuidador. Las cuidadoras por lo general son madres que viajan de otras regiones (43 %), «y algunas de ellas se quedan en Caracas» en zonas precarizadas, detalló la profesora Alba Carosio, investigadora principal y coordinadora de la Maestría en Estudios de la Mujer de la UCV. Esas cuidadoras tienen, en su mayoría, de 25 a 34 años. Un 78 % atienden a sus hijos en el Hospital de Niños JM de los Ríos y 44 % no tiene el apoyo de una pareja.
De las madres encuestadas, solo 18 % recibe ayuda gubernamental de los bonos que se dan por discapacidad «y que son realmente pequeños». Más de la mitad debe generar sus ingresos con tortas o con actividades similares. La economía las acosa: 63 % tiene temor por no poder compar medicamentos y 36 % siente angustia. Siete de cada 10 dedican todo el día a sus hijas e hijos.
Cuidadoras sin cuidado
Las cuidadoras tienen problemas de salud, apuntó Carosio: Es «la sobrecarga del cuidador o cuidadora, porque cuidar a otra persona que tiene niveles de dependencia importantes repercute de manera notoria en la salud fìsica y psíquica, porque quien cuida, por lo general, deja de atender sus propias necesidades». Sin embargo, no dejan de dar besos y abrazos (93 %), consolar ante el dolor (88 %) o jugar (81 %).
Las madres proporcionan el valor emocional que se necesita para recuperar la salud, comentó la investigadora. Pero ellas viven en soledad este proceso, y necesitan redes de apoyo; ese apoyo generalmente lo encuentran en iniciativas privadas, que no tienen el alcance necesario.
Hay en ellas sentimientos de tristeza, ansiedad y desamparo. El impacto en la salud de los niños también incide en la salud de las madres, y la atención «de la salud propia está generalmente postergada por atender la salud de los niños».
Las cuidadoras manifiestan cansancio, falta de apetito o apetito dsmesurado, alteraciones del suelo, dolores musculares, abandono. También expresan depresión, tristeza, estrés, ansiedad, sentimientos de culpa por no encontrar el camino, menos autoestima, cambios de humor, irritabilidad. Ruptura de relaciones con familiares y amigos, porque cuando empieza la crisis llega mucha gente, pero cuando la situación se hace cotidiana «los familiares y amigos se van alejando».
La mayoría dedica una hora diaria o menos a su cuidado personal, y pese a ello, sienten que no se ocupan lo suficiente de sus hijos. 78 % tiene otros hijos y se sienten culpables por no dedicarles más tiempo. «Esto genera angustia, genera estrés. Hay una sobreexigencia de la sociedad sobre las madres, un imperativo que las responsabiliza de manera total y única por la salud de sus hijas e hijos», cuestiona Carosio. La medicina pone la responsabilidad en las madres, «y sobre ellas recaen todos los deberes y pocos apoyos para cumplir con esos deberes».
Más de 50 % de las madres tiene problemas de salud, y solo 10 % ha podido chequearse, porque su prioridad es la atención de los niños. «La madre cuidadora cambia su estilo de vida, tiene alteraciones físicas con aislamiernto social y pasa completamente a un segundo plano».
El estudio mostró que 45 % ha banado de peso y 8 de cada 10 duermen pocas horas. Dormir en una cama «sería un logro grandísimo, y no ocurre». 21 % dice que se siente triste siempre, 77 % afirma que tiene ansiedad y fatiga. Las angustia el presente y el futuro. Conviven con la angustia (85 %), preocupación (77 %), tristeza (72 %), dolor (53 %) y desesperación (52 %).
A pesar de este cuadro de estrés, expresó Carosio, las mamás desarrollan resiliencia porque «tienen que estar disponibles para sus hijos».





