“Muchos consideran que la revolución es para siempre” y por eso sustituyen la crítica “por el pensamiento único”, señala el historiador Héctor Acosta. La Revolución Francesa se convirtió en el modelo de todas las revoluciones de izquierda, que se convirtieron en tiranías para por la fuerza “transformar el hombre viejo en hombre nuevo”, subraya el filósofo Erik Del Bufalo

Por algo hace 230 años los agitados parisinos tomaron La Bastilla y partieron la historia en un antes y un después: La Bastilla era un símbolo de la opresión a la que el rey Luis XVI, y todo un sistema político, sometía a las grandes mayorías. Pero el violento desalojo de la monarquía dio paso, con los años, a la imposición de un sector revolucionario sobre otro: nacieron así el Comité de Salvación Pública, el Comité de Seguridad General y el Tribunal Revolucionario, con las que Robespierre impuso su visión del gobierno y persiguió a todo el que considerara “contrarrevolucionario”.

Si las revoluciones se “comen” o no a sus hijos le corresponderá a cada quien afirmarlo o negarlo. Los hechos dicen que sí, de acuerdo con el análisis del historiador Héctor Acosta y del investigador y filósofo Erik del Bufalo.

“Muchas veces ha ocurrido eso en las grandes revoluciones modernas: La francesa con Robespierre, la Mexicana, la Rusa con Stalin, la Cubana con los Castros. Es normal que una tendencia se imponga sobre las otras”, expone Acosta a Contrapunto. No sin ironía, sostiene que “Robespierre pensaba que la guillotina corregía”. Y cita otros casos: “Los Castro se deshicieron de Camilo Cienfuegos, Stalin se deshizo de Trotsky y Chávez de Raúl Baduel”.

¿Por qué sucede esto? “Porque muchos consideran que la revolución es para siempre, y por eso eliminan el principio de la alternabilidad en el poder, destruyen la institucionalidad anterior, el sistema de justicia; crean nuevos “principios” políticos en los que la soberanía popular, el voto y la disidencia o crítica es sustituido por el pensamiento único”, señala el historiador.

Los jacobinos como modelo

El investigador y filósofo Erik del Bufalo recuerda que la francesa “no es la primera revolución moderna”. Cita la revolución inglesa, “de terratenientes contra la monarquía”, en la que “los propios terratenientes devuelven al monarca para protegerse de la depredación entre ellos”.

También trae a colación la revolución americana, cuyo leit motiv “es la libertad” de “no estar presionado ni constreñido por el Estado”.

Del Bufalo indica que la Revolución Francesa, de la que este domingo se cumplen 230 años, se convirtió “en el modelo de todas las revoluciones de izquierda”. La izquierda “va a tener a los jacobinos como modelo de lucha”.

Como elemento positivo del proceso que comenzó el 14 de julio de 1789, destaca la Declaración de los Derechos del Hombre, el modelo republicano. “Pero también va a tener un lado muy violento, muy asesino, muy destructivo”, con el régimen del Terror y figuras como el Comité de Salud Pública “que termina guillotinando a todo el mundo; incluso sospechosos o ligeramente sospechosos de algo iban inmediatamente a la guillotina”.

Ese modelo revolucionario, precisa Del Bufalo, “plantea que a partir de la toma del poder se puede construir un nuevo tipo de humanidad”, lo que es un concepto delicado porque se crea “una forma inevitable de tiranía” para imponer su visión.

A partir de la revolución francesa, analiza, “todas las revoluciones serán tiranías, porque tienen que, por la fuerza, transformar un hombre viejo en un hombre nuevo”. Es decir, quiéralo o no la sociedad.