Este jueves 20 de junio se conmemora el Día Mundial de los Refugiados. Por primera vez Venezuela cuenta con 4 millones de migrantes moviéndose por el mundo

Se considera refugiado a quien trasciende las fronteras de su país huyendo de la guerra o perseguido por sus ideas políticas o religiosas, según el artículo A1 del estatuto de los Refugiados de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) emitido en 1951.

Sin embargo, en la declaración de Cartagena de 1984 se pidió integrar a este concepto “a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o que su libertad ha sido amenazada por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público”.

A este concepto se apega la organización Amnistía Internacional. Su directora de Investigación para América, Carolina Jimenez, cree fervientemente en que los venezolanos “más que migrar, están huyendo”, ante la violación sistemática de sus derechos humanos y que por lo tanto es necesario que se les otorgue protección internacional.

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La última cifra publicada por la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), estima que 4 millones de venezolanos han migrado del país desde 2015. Para Jimenez, ésta es una cifra “increíblemente grande y muy pronunciada”, con respecto a otros flujos migratorios que, aunque tienen números parecidos, se dieron durante períodos más prolongados.

Autoridades gubernamentales han desmentido esta cifra y aseguran que se trata de “una estrategia internacional en contra de Venezuela”, según declaraciones del canciller Jorge Arreaza.

En 2018, más de 2 millones de personas solicitaron asilo en 158 países o territorios, una de cada 5 de esas solicitudes fue realizada por un venezolano. Esta cifra colocó al país como el primero en las estadística mundial de solicitudes de asilo, según el último informe sobre tendencias globales del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados.

Una característica reciente del éxodo venezolano es su vulnerabilidad. Al menos así lo estima Amnistía Internacional y otras organizaciones como Cáritas Venezuela y Cepaz, apuntan a que las condiciones en las que están migrando son cada vez más precarias, situación que los convierte en potenciales víctimas de delitos como explotación sexual y laboral, trata de personas e incluso esclavitud.

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Asegura Cáritas que a la situación se suma el, cada vez más preocupante, estado de salud en el que están migrando los venezolanos. Entre los diagnósticos más repetidos se cuenta enfermedades como: sarampión, paludismo, VIH y neumonía, sobre este último, Yaneth Martínez, de Cáritas, asegura que poseen reportes de venezolanos que han fallecido de neumonía mientras caminaban por el tramo fronterizo entre Colombia y Ecuador.

Este padecimiento ocasiona que migrantes venezolanos tengan que ser atendidos por la seguridad social de los países de tránsito al no poseer recursos suficientes para costear servicios privados, lo que afecta y congestiona los sistemas de salud en esas naciones.

También estima la institución, dependiente de la Iglesia Católica, que la desnutrición en niños es otra problemática que se está desbordando por las fronteras, al igual que la cantidad de mujeres venezolanas embarazadas que llegan a otros países sin atención prenatal.

El informe del Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo de 2017 sugiere que la desnutrición en Venezuela pasó de 10,5% a 13% entre 2004-2006 y 2014-2016. Según la última información oficial disponible del Instituto Nacional de Nutrición, en 2009 la desnutrición en los niños menores de cinco años era para entonces 3,2%.

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Para junio de 2018, en Colombia se contabilizaban 8.209 mujeres venezolanas en estado de embarazo, 6.304 de ellas llegaron sin controles prenatales, según cifras de Migración Colombia.

Estudios hechos por el Centro de Justicia y Paz (Cepaz), determinaron que las mujeres tienen una vulnerabilidad estructural en la configuración de la reciente movilidad humana venezolana, no por el hecho de su genero, sino por las condiciones en las que están abandonando el país, lo que las expone a otros riesgos.

Beatriz Borges explica que Cepaz realizó un estudio a través del cual se evidenció la vulnerabilidad de las mujeres venezolanas en el contexto de crisis humanitaria compleja que atraviesa la nación.

Luego de entrevistar a 605 mujeres que iniciaban su proceso migratorio. 50%alegó que viajaba sola. 37% expresó ser víctima de algún tipo de violencia; del cual sólo 11% colocó la denuncia. 56% detalló que había transcurrido más de un año de su última consulta ginecológica. 30% no usaba ningún tipo de método anticonceptivo y 74% contaba sólo con acceso ocasional a toallas sanitarias.

45% de las mujeres entrevistadas estaban en un rango de edad entre 18 y 29 años. 68% detalló que en sus hogares percibían menos de tres salarios mínimos. 35% tenía empleo de forma ocasional.

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Martínez plantea que el inconveniente con los migrantes venezolanos en condiciones de vulnerabilidad, es que siguen siendo igual de vulnerables en los países a los que llegan. Según estimaciones de Cáritas, en el éxodo venezolano a partir de 2016 empezó a salir cada vez más personas sin estudios y sin familiares o amigos que los esperen del otro lado, situación que continuará degradándose si no se genera un cambio económico favorable en el país.

Según el Informe de Movilidad Humana Venezolana de 2018, los venezolanos migraron mayormente a países de América Latina, pero principalmente a Colombia y Perú.

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Otro punto a tomar en cuenta es que a muchos de los países a los que están migrando los venezolanos son países que también tienen altos indices de pobreza, lo que les genera una necesidad de ajustar su capacidad para recibir migrantes. Amnistía Internacional insiste en que esto no debe representar una excusa para que estas naciones no impulsen políticas de recepción adecuada para refugiados.

Para Jimenez, la decisión de varias naciones vecinas de incrementar las regulaciones para el ingreso de venezolanos, con respecto a documentación y visas, deriva en que las personas “se expongan a mayores riesgos y hasta terminen ingresando a sus territorios a través de zonas peligrosas” para no ser captados por las autoridades migratorias.

A pesar del panorama sombrío sobre la migración venezolana, Cáritas recuerda que en el éxodo también se está exportando “solidaridad y personas trabajadoras con ganas de salir adelante”.

Asegura el Informe de Movilidad Humana Venezolana de 2018 que el 85,2% de los migrantes venezolanos entrevistados indicaron tener la disposición de volver al país, de los cuales, 39% lo haría para reencontrarse con sus familiares y el 37,9% regresaría cuando haya estabilidad económica.