Sergio González, funcionario jubilado del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas señaló que la mayoría de los casos ocurren dentro de la residencia de la víctima

Beatriz Carolina Orozco Pérez (36) se entregó a las autoridades policiales y confesó haber matado a su esposo con un cuchillo de cocina.

La víctima fue identificada como John Maikol Torres, de 42 años. El hecho ocurrió en medio de una discusión dentro de la residencia donde convivían, ubicada en el sector Camurí Grande, parroquia Naiguatá, el pasado mes de mayo.

El mismo mes, un joven de 20 años de edad asesinó de varios machetazos a su propia madre, identificada como Yusmary González Devera, de 43 años. El joven, autor material del homicidio, responde al nombre de Santiago Pérez González. El suceso ocurrió en la población de Upata, al norte del estado Bolívar.

En abril, una joven de 20 años de edad fue asesinada a puñaladas y su cadáver abandonado en una zona boscosa de Turmero, municipio Mariño, sector El Dique (Aragua). Hasta ahora se desconoce el paradero de su (s) agresor (es).

Otros tres crímenes con armas blancas se registraron entre los meses de enero y febrero. Las víctimas fueron asesinadas por sus exparejas, como el caso de María José López Montilla (20) quien recibió múltiples puñaladas por Edilson José Pereira Rodríguez (20), en el interior de un apartamento ubicado en el edificio Damir, avenida Mónaco, La California Norte, municipio Sucre del estado Miranda.

Mientras que en Petare, la comunidad del sector La Cruz pedía justicia por el homicidio de Magaly De Jesús Morales Caldera (45), también a manos de su expareja de nombre Renier José Maita Morales (31). El arma homicida fue un cuchillo.

En otro sector de la misma parroquia, familiares despedían a Claritza Espinoza (33), asesinada por Richard Martínez (31) en la urbanización El Morro. El hombre tomó un cuchillo de la cocina, y le ocasionó la muerte de forma inmediata.

El contexto

A juicio del comisario jubilado de la policía científica, Sergio González, se evidencia un incremento del uso del arma blanca en homicidios, “sobre todo en el contexto intrafamiliar, mientras que otros casos son hechos aislados que ocurren en la vía pública. Ambos con el mismo motivo: una discusión que sube de tono y por ende la agresión, con víctimas fatales”.

De acuerdo con el Observatorio Venezolano de Violencia – a cargo del sociólogo Roberto Briceño León-, en 2020 el uso del arma blanca estuvo por encima del arma de fuego.

De las 11.891 personas asesinadas ese año – y una tasa de 45,6 muertes violentas por cada cien mil habitantes-, el arma blanca estuvo presente en el 14% de los casos.

González – quien estuvo a cargo del área de homicidios en el organismo detectivesco-, indicó que “los homicidios por arma blanca ocurren ” por la afinidad entre la víctima y el victimario”

Explica González: “No se trata de hechos planificados, son situaciones que surgen por una discusión que va subiendo de tono y la persona que se siente más afectada emocionalmente, toma lo primero que consigue: un arma blanca, cuchillo de cocina. El hecho siempre ocurre en el interior de una residencia y no hay una intención previa de ocasionar la muerte”.

Los victimarios son siempre familiares directos: hijos, hijas, exparejas, “pero nunca llevan consigo el cuchillo”, sostuvo González.

Refirió que hay hechos que ocurren en la calle “y que se generan también por una pelea de calle. Hemos recabado casos en los que la persona se retira del sitio, busca un cuchillo, se devuelve al lugar de la pelea , y arremete contra la otra persona”.

Tal como ocurrió con Juan Carlos Sosa, de 43 años, un comerciante que trabajaba en las afueras del mercado municipal de Catia.

La víctima, quien desde hace dos años se desempeñaba como comerciante, vendía chocolates en su puesto de trabajo, cuando sostuvo una pelea con un cliente, después que éste le entregara un billete de dólar en mal estado.

Posterior a la riña, el responsable del crimen regresó al lugar donde Sosa laboraba, y lo atacó con un cuchillo provocándole una herida en el pecho y se dio a la fuga, hecho registrado en mayo.

Concluyó González: “Ya casi nadie usa un cuchillo para obligar a una persona a que entregue sus pertenencias en la calle. El arma es el objeto que más intimida y genera una acción más inmediata: si te resistes te disparo, si te la enseño, te doblego”.