“La gente entiende que se debe evitar la propagación del virus”, explica, pero sale a la calle para resolver las necesidades básicas

“Todos tenemos que perder”. De esto sabe el dirigente social Julio César Reyes, que ha sufrido en carne propia las consecuencias de criticar las políticas o decisiones oficiales en Catia, comunidad en la que reside y en la cual ejerce su trabajo comunitario.

Reyes, en entrevista con contrapunto.com vía Whatssap, señala que se deben tomar acciones para evitar las aglomeraciones en Catia, pero también las autoridades deben actuar para “hacer llevadera la cuarentena”.

-¿Es necesario el salvoconducto? Por qué? No restringe los derechos de los ciudadanos?

-Más allá del salvoconducto, se tienen que tomar acciones para controlar las aglomeraciones en Catia, que desde el día uno de la cuarentena ha sido cultivo idóneo para la propagación de la COVID-19. El asunto es que se tienen que tomar acciones de asistencia social que puedan hacer llevadera la cuarentena en la gente. El salvoconducto realmente hoy, tercer día de activado el Plan Catia 2020, no se está cumpliendo, la gente entiende que se debe evitar la propagación del virus pero los motivan las necesidades básicas: que garanticen la alimentación, el agua, el gas y la electricidad a la gente. Es una situación muy compleja entre la lógica de la corresponsabilidad ciudadana para evitar el contagio y la necesidades elementales de los ciudadanos y sus familias por los servicios sociales básicos y elementales. Es necesario deponer las arrogancias políticas y lograr el trabajo en conjunto para lograr soluciones en pro de la vida y la salud colectiva; todos los sectores de la vida nacional deben estar participando, sin exclusión ni sectarismos. Todos tenemos algo que perder ante esta pandemia mundial.

-¿Qué pasa en Catia que las autoridades toman estas medidas restrictivas?

-Catia hoy es el resultado de años de anarquía, de políticas populistas que no han resuelto los problemas de fondo, pero además la violencia y las mafias que se han generado en todos los ámbitos de la vida cotidiana de la parroquia, la perversión y corrupción de los entes del estado, de los cuerpos de seguridad y los grupos violentos que a través de la violencia han instaurado su LEY. Ante la pandemia de COVID-19 vemos los resultados de años de perversión y distorsión de la convivencia ciudadana y del desarrollo normal de la sociedad local. Mientras eso no cambie, los ciudadanos seguirán abonando más a la anarquía y en casos como estos vemos el resultado negativo y anárquico que niega la construcción de soluciones.

-¿Está la población de Catia preparada para soportar la cuarentena?

-No, pero además no tenemos a dónde acudir. Si las comunidades protestan desde su legítimo derecho en demandas de los servicios públicos y por una vida digna, de inmediato son amedrentados, detenidos, perseguidos y tildados de contrarrevolucionarios. Eso ha inoculado mucho miedo en la gente porque hemos visto el accionar de los cuerpos de seguridad y de los grupos armados civiles. En este instante, por esta entrevista que te doy puedo ser perseguido. Son constante las amenazas por decir lo que las mayorías sentimos en estas zonas tan vulnerables y olvidadas por las instituciones, donde el más fuerte y el que tiene “palanca” sobrevive o le va mejor.

-¿Qué se debe garantizar en Catia para que la población pueda soportar la cuarentena?

-Lo básico, lo normal para el desarrollo de la vida de un ciudadano y su familia, del colectivo en general. Lo que la Constitución le ordena cumplir al Estado: Alimentos, agua, luz, gas. Es la única manera de hacerles llevadera la cuarentena a los catienses y se pueda cumplir el Plan Catia 2020

-¿Cómo evitar los abusos con estos salvoconductos?

-Insisto, es complejo y las mismas organizaciones sociales afectas al partido del gobierno interpretan la ley a su ley, esa que el “poder” intolerante y anticrítica les ha dado. No te podría decir cómo evitar el abuso, que sin duda ya se deben estar cometiendo y que conoceremos en el transcurso de los días. El asunto es que mientras más te quejes o critiques más ácida puede ser la actitud en contra de quién lo haga. ¿A dónde acudimos?