Ante las acciones que complican las operaciones del Gobierno en el mercado internacional las aduanas se flexibilizan y se avanza en unos nuevos esquemas de pagos.

El tema no es nuevo. Desde que Maduro reconoció que “ese proceso que llaman de dolarización puede servir para la recuperación y despliegue de las fuerzas productivas del país y el funcionamiento de la economía. Es una válvula de escape, gracias a Dios existe”. Hay una admisión por parte del Ejecutivo que, a contramano del discurso de dogmáticos, el mercado ha sido la respuesta ante la crisis económica y las sanciones.

Para contrarrestar la hiperinflación y el dólar paralelo, quienes sostienen que tienen una posición no monetarista, responden con restricciones a la liquidez al cerrar los espacios de crédito con un encaje legal elevado que seca el mercado.

Sin embargo, por el otro lado plantean ante el recrudecimiento de las sanciones, acciones que apuntan a la flexibilización de trámites que siempre habían exigido técnicos y empresarios.

Después de una distensión de la política estadounidense, que extendió la licencia para las operaciones de Chevron y el levantamiento de algunas restricciones al Banco Central de Venezuela, vino otra vuelta de tuerca.

¿Lo más reciente? Las sanciones contra Conviasa y las limitaciones que esto implica. Pero esto fue precedido por las amenazas con sanciones a las petroleras Repsol y la propia Chevron, además al consorcio indio Reliance, por mantener sus actividades relacionadas con Venezuela.

Frente a esto, cuál es la respuesta: Exportaciones flexibles al estilo chino, evalúan la autorización de emisiones de bonos privados en dólares y se apuran en una nueva plataforma de pagos, cuya primera prueba ha sido eficiente.

El Gobierno chino cuando decidió su proceso de apertura, que los llevó a dinamizar su economía y hacerla crecer, desarrollaron un sistema que permitía verificar que las exportaciones no tuvieran nada ilegal con trámites sencillos.

Para ello, designaron dos puertos que estuvieron vigilados celosamente, con trabajos de inteligencia para frenar la corrupción, y les ha funcionado hasta hoy.

Siguiendo esta experiencia, Maduro autorizó a la aduana de Puerto Cabello, para que comience a operar así, con el respaldo de la experiencia china y rusa.

El Gobierno se comienza deshacer de los controles sin decirlo, ya que la aplicación de la Ley de Precios Justos se hace cada vez más laxa en función de dejar operar a los comerciantes e importadores, y así resolver el tema de abastecimiento, mejorar la oferta y disminuir el ritmo hiperinflacionario que tenemos hasta ahora.

Economistas, libres de la sospecha de ser amigos del chavismo, como Asdrúbal Oliveros, ha señalado que es posible salir del rango de hiperinflación este año, cosa que no indica que Venezuela haya superado las distorsiones graves que tiene su economía.

Así pues el Gobierno socialista de Nicolás Maduro, de manera pragmática, reacciona con mercado a las acciones que buscan asfixiarlo económica y financieramente.