El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evitó fijar una postura sobre la posible salida de Venezuela de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), señalando que la determinación recae exclusivamente en las autoridades del país sudamericano. Al ser consultado por la prensa sobre si Venezuela debería abandonar el bloque, el mandatario estadounidense indicó que se trata de un asunto de resorte interno de Caracas, al tiempo que ponderó el estado actual de los nexos energéticos entre ambas naciones.
Trump sostuvo que la dinámica comercial establecida genera rendimientos económicos compartidos, asegurando que Venezuela comenzó a percibir ingresos significativos y que diversas firmas petroleras de gran escala evalúan expandir su presencia en el territorio nacional. Entre las corporaciones del sector, el jefe de Estado mencionó las operaciones e intenciones de inserción de ExxonMobil y Chevron junto a otras compañías de la industria.
Asimismo, definió el marco de cooperación en materia de hidrocarburos como un pacto con alto potencial económico, cuyos resultados definitivos se evaluarán progresivamente.
En su intervención, la administración estadounidense hizo referencia a la naturaleza del crudo venezolano, valorando las características del petróleo pesado y la capacidad instalada en las plantas de refinación de Estados Unidos para su procesamiento.
En ese sentido, Trump destacó la utilidad de este tipo de hidrocarburo en la elaboración de asfalto y subproductos destinados al sector de la construcción y la infraestructura nacional, confirmando que gran parte de los volúmenes extraídos tienen como destino instalaciones de refinado situadas en Houston y Luisiana, entre otras localidades.
El mandatario concluyó que los esquemas de inversión privada permitirán reactivar el valor de las reservas petroleras venezolanas. En este contexto, contrapuso los retornos financieros generados por la actividad energética frente a las erogaciones destinadas históricamente a intervenciones militares en el exterior, asegurando que el flujo actual contempla el envío recurrente de millones de barriles hacia territorio estadounidense.





