En Playa Verde, donde las edificaciones del urbanismo Hugo Chávez de la Gran Misión Vivienda Venezuela se vinieron abajo. En Playa Surfista, donde trabajadoras y trabajadores playeros duermen en carpas mientras esperan que las inspecciones les devuelvan su hogar. En Macuto y en Caraballeda, la tumba de decenas de personas que todavía están bajo los escombros. En estos cuatro puntos de La Guaira están las y los rescatistas de la Asociación Religiosos del Mundo, que decidieron hacerse presentes para apoyar a la gente afectada por los terremotos del 24 de junio.
«Empecé a bajar desde el día uno», explica Duben Cabrita, empresario, conferencista e integrante de la asociación. Lo hizo en moto y entrada la noche del día de los sismos. Como a todo el que ha podido llegar a La Guaira, la situación lo sacudió. Las voluntarias y los voluntarios sacaron a personas vivas, recuperaron cadáveres, regalan galletas a niñas y niños, acompañan a quienes lo perdieron todo.


Este jueves 9 de julio Duben entregó medicamentos y pañales para adultos, y puso otras ayudas a disposición de la gente que las necesita. «Aquí hacen falta manos», insiste Elvin López, psicólogo y rescatista. Que lo diga alguien que trabaja con la escucha y con la palabra no deja de ser revelador. Para Elvin, las urgencias son claras: la comida de todos los días, encontrar los cuerpos de los fallecidos, tener agua para beber.
Dos alas de un mismo cuerpo
Inicialmente las ayudas se concentraron en Caraballeda, rememora Duben, pero las urgencias también se registraron en Playa Grande, y por eso decidieron dirigir el esfuerzo a esa zona. Luis Rea, presidente de la asociación, calcula que han apoyado a más de 400 familias de muchas maneras. Duben puntualiza que están atendiendo a 42 familias con medicamentos, alimentos e, incluso, esperan llegar hasta la vivienda.
«Nos pudimos desplegar con lo que teníamos: diez motorizados, cuatro carros, y pudimos empezar a atender los puntos sensibles. Comenzamos con la parte médica, lesionados, medicamentos», rememora Luis.
El equipo lo integran personas como Emili Quintero, paramédica que lucha para que los cuerpos sean recuperados enteros y entregados a los familiares en las mejores condiciones posibles. O el mismo Elvin López, que ha hecho de todo para suavizar la dureza de la situación. «La ayuda consiste en saber qué medicamentos necesiten, si necesitan hidratación. La mayoría de las familias de este urbanismo (el Hugo Chávez) tienen niños pequeños y necesitan pañales. También, juguetes para que se separen de esta realidad», enumera. Para que no queden dudas, lo describe con crudeza: «Hace falta gente dispuesta a caminar, a levantar una nevera o un colchón, a llevar agua, y motivar a las personas afectadas para que asuman que son parte de la recuperación del sector».


Se han apuntalado en el centro de acopio que mantienen los padres dominicos en el Colegio Santo Tomás de Aquino y, también, en el padre Numa Molina, destacado en Ciudad Caribia. El empresario ha asumido los costos de esta operación, y espera reforzarla con donaciones porque proyecta una operación a largo plazo.
«Agradezco a todo el voluntariado de nuestro país, porque muchas personas han estado apoyando. Se trata de servir para poder levantarnos», defiende Luis. La Guaira ha pasado distintas vicisitudes, enfatiza, y esta es una nueva tragedia. «No es fácil para nosotros, pero tenemos una resistencia histórica que nos enseñaron nuestros ancestros». Pide respeto para el pueblo guaireño, y que todo lo que se comunique sea sincero: «Esto no ha sido fácil para nadie».





