Este arte marcial permite mover energías y cambiar emociones negativas por su cara más positiva. El maestro José Kutos asegura que permite alcanzar la serenidad. Su esposa, Soledad Yriza, lo complementa con medicina tradicional china

Hay personas que brillan en la oscuridad. José Kutos y Soledad Yriza son de esa clase de gente que le pone luz a lo que los rodea. Kutos es un hombre de cabello entre amarillo y blanco que poco aparenta los 70 años que dice tener. Yriza es su esposa y si no fuese por la convicción con la que dice su edad, nadie creería que esa mujer tiene los 64 años que marca la partida de nacimiento. Si de propaganda se trata, ambos son la mejor que podrían tener la medicina china y el taichí.

Este jueves 14 de noviembre ambos recibieron el anochecer donde lo hacen todos los martes y los jueves: en el Colegio Teresiano La Castellana, con sus alumnos. La rutina comenzó al caer el sol con el calentamiento corporal, siguió con la lectura comentada del Tao y terminó con la práctica de los movimientos del taichí. Quienes allí estuvieron pudieron conocer la paz.

La vida de Kutos, uruguayo que vino a Venezuela en los años 70 para ponerse a resguardo de la dictadura militar, cambió cuando conoció a Su Yu Chan en 1978 por sugerencia de una amiga. “Estaba muy tenso, muy angustiado, con muchas responsabilidades profesionales que me tragaban”, comenta. El maestro lo recibió en su consultorio.

-Maestro, buenas noches. Yo vengo a hacer la clase de taichí a partir de hoy- se presentó Kutos.

-Tú, cara de luna. Seguro problema de estómago- le respondió Su Yu Chan.

Lo que Kutos pensó es impublicable. Esto es lo más suave: “¿Quién se cree para venir a decirme a mí que tengo problemas de estómago?”. A los dos meses apareció la gastritis. “Pensé que me había sugestionado, pero el médico me aclaró que la gastritis tenía como dos o tres años”, admite.

Yriza está estudiando psicología en la Universidad Metropolitana, además de enseñar taichí, practicar y formar en medicina china. En un volante informativo ella promete el uso de la acupuntura para “una sanación integral y holística”, entre otras terapias.

“El taichí es un arte marcial que forma parte del kung-fu” y que trabaja en el desarrollo de la energía interna, explica Kutos. También se entiende como “meditación en movimiento”, que activa la energía del cuerpo en relación con los cinco elementos de la naturaleza: agua, metal fuego, madera y tierra.

Cada uno de esos elementos se vincula con un órgano:

-El agua, con riñón y vejiga. También con oído. Se asocia con el miedo.

-El metal, con pulmón e intestino grueso. También, con nariz. Se asocia con la tristeza.

-El fuego, con el corazón y el intestino delgado. También, con la lengua. Se asocia con la histeria.

-La madera, con el hígado y la vesícula biliar. También, con los ojos. Se asocia con la rabia y la ira.

-La tierra, con el bazo y el páncreas y el estómago. También, con la cavidad bucal. Se asocia con la obsesión.

La energía de cada órgano es sutil y pertinente, “y puede ser trabajada para proteger el funcionamiento de esos órganos por más tiempo en el ser humano”, detalla Kutos.

Hay una relación entre el taichí y la medicina tradicional china, asevera el maestro, porque el taichí “es un arte marcial que integra en sus movimientos el manejo energético del chi kung (técnica de la medicina tradicional china)”.

-¿El taichí es un estilo de vida?

-Es un estilo de vida porque es una forma de ver las cosas.

-¿En qué cambia el taichí la forma de ver las cosas?

-El taichí tiene formas de movimiento que no son para chocar contra otro. Si viene algo hacia ti, tú lo evitas y lo dejas pasar. Tiene que ver con el manejo de la energía y cómo actúas ante las otras personas en relación con la energía que proyectan. Si alguien representa una energía negativa puedes rechazarla no bloqueándola, no yendo contra ella, sino dejándola pasar.

A sus alumnos les enseña que deben tener “la capacidad de centrarse en sí mismos y, sobre todo, conservar su equilibrio, porque para la medicina china el equilibrio es la base de la vida, es un estado de salud; y una enfermedad es un estado de desequilibrio”.

Con el taichí, detalla Kutos, “restablecemos ese equilibrio a través del movimiento”. Lo mismo lo hace la medicina china, con otros recursos como el masaje terapéutico, la moxibustión, la meditación, el chi kung y la acupuntura.

El taichí, en una crisis como la que vivimos en Venezuela, puede ayudar a conservar “la estabilidad emocional, física y mental”, estar sereno para tomar decisiones, escuchar antes de hablar y crear “cuando se presente la oportunidad”. Se comienza con el cinturón amarillo y se avanza al naranja, verde, azul, rojo y negro.

No hay límite de edad para practicarlo, ni restricciones de salud. Incluso una persona con cirugía de columna podría hacer taichí, asegura Kutos. “El trabajo que hacemos en taichí es para mutar esas emociones negativas en positivas”:

-Convertir el miedo en aceptación.

-La tristeza, en voluntad.

-La histeria, en alegría sana.

-La ira, en bondad.

-La obsesión, en focalización.

¿Cómo se cambia eso? “Con el movimiento” de las partes del cuerpo asociadas con esas emociones. “Es movilizar esas energías para mutarlas en energías positivas”.