Los gremios denuncian que los trabajadores de la salud mueren por falta de equipos de protección personal. El estado nutricional de la población dificulta que el sistema inmunológico de la gente pueda defenderse del coronavirus

Según las cifras de la comisión presidencial para la atención de la COVID-19, en Venezuela han muerto 195 personas por esta enfermedad. Otros son los números que aporta el médico y diputado José Manuel Olivares, quien asegura que van 349 fallecidos.

La organización Médicos Unidos de Venezuela calculaba hasta este jueves 6 de agosto, que 52 trabajadores de la salud han perdido la vida por el coronavirus; es decir, más de 26% del total de fallecidos.

Los trabajadores de la salud mueren debido a que no tienen los equipos de protección necesarios para resguardarse del contagio, denuncian los gremios de la salud. Tampoco están garantizados los servicios e insumos básicos en los centros asistenciales, tales como agua, jabón y desinfectantes.

Mauro Zambrano, dirigente sindical de hospitales y clínicas, señala que, incluso, están reutilizando los tapabocas.

Sin embargo, no deja de ser paradójico que en un país en el cual más de 20% de los casos de COVID-19 reportados oficialmente son en personas de 20 a 49 años, la mortalidad siga incrementándose. El primer elemento a considerar es el aumento en el número de casos; es decir, a más casos, más muertes.

La enfermedad “le puede dar a cualquier persona de cualquier edad”, aunque los grupos de riesgo son los adultos mayores y las personas con enfermedades crónicas, detalla Patricia Valenzuela, infectóloga.

Pero hay otra consideración, y es el estado nutricional previo de la población. Venezuela, país en emergencia humanitaria compleja, declarada como tal por Naciones Unidas, tiene a sus grandes mayorías en un precario estado nutricional.

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), presentada en julio pasado reveló que 96% de los hogares encuestados presenta pobreza de ingreso y 74% sufre de inseguridad alimentaria moderada a severa. 28% de los niños menores de 5 años está en riesgo de desnutrición crónica y 21% en riesgo de desnutrición global.

En Venezuela, se reduce la ingestión de proteínas, por ser más costosas, y aumenta el de carbohidratos, al ser más asequibles. Pero las proteínas son necesarias para poder generar anticuerpos contra el virus, recuerda Valenzuela.

“Tenemos una población desnutrida”, subrayó Enrique López-Loyo, presidente de la Academia Nacional de Medicina, en declaraciones a Unión Radio. “Eso significa que, al no tener proteínas, cuesta más generar inmunidad”. En otras palabras, que el hambre también pasa factura ante la COVID-19.