El dirigente sindical Emilio Negrín considera que la salida del canciller y del ministro del Trabajo se debe a que no hubo documento conclusivo del diálogo social con la OIT; incluso, asegura que probablemente el proceso con la OIT tendrá que comenzar de cero. Los trabajadores “salimos de Guatemala para caer en Guatepeor”, sostiene Jesús Hernández, coordinador nacional de Democracia Sindical región capital. “La operación enroque que se ha utilizado por años desde el Ejecutivo ya es común, y los resultados siempre son los mismos”, subraya Joan Chávez, secretario general del sindicato de la Cantv

Dos semanas después de que se realizara en Venezuela una jornada de diálogo social facilitada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el mandatario Nicolás Maduro anunció la destitución del ministro del Trabajo, José Ramón Rivero, y la llegada a este cargo de un hombre de su confianza: Francisco Torrealba.

Entre otras tareas, Torrealba tiene la responsabilidad de dar continuidad a los acuerdos con la OIT; facilitar la discusión de contrataciones colectivas vencidas; avanzar en la liberación de trabajadores presos y lidiar con la conflictividad laboral exacerbada por instrumentos como el instructivo de la Onapre (para el sector público) y el reclamo de jubilados y pensionados.

“Cualquier cambio que se realice en el Gabinete no genera absolutamente nada. Todo continúa igual. La operación enroque que se ha utilizado por años desde el Ejecutivo ya es común, y los resultados siempre son los mismos”, subraya Joan Chávez, secretario general del sindicato de la Cantv. “¿Qué esperar del nuevo ministro? Sería un milagro que ordenara el ejecútese de las providencias administrativas de reenganche emitidas desde la misma cartera, las cuales no son acatadas; que potencie la autonomía sindical y reenganche a sindicalistas despedidos y jubilados de manera ilegal. Que desempolve y firme un verdadero contrato colectivo para sus trabajadores”.

La visión de Jesús Hernández, coordinador nacional de Democracia Sindical región capital, es igualmente crítica. “Más de lo mismo. Más de la ineptitud, de la incapacidad y de la ineficiencia”, opinó. “Es una ficha bien guardada que viene a completar el trabajo de desaparecer el salario, las pensiones, los contratos colectivos, y terminar de acabar el valor del trabajo como medio de superación y de progreso, y en estos tiempos, como medio de sobrevivencia”. Incluso, Hernández responsabiliza a Torrealba de la destrucción del Metro de Caracas (donde se desempeñó como dirigente sindical).

En términos criollos, añade Hernández, los trabajadores “salimos de Guatemala para caer en Guatepeor”.

Para Emilio Negrín, activista de derechos humanos e integrante de la central sindical Codesa, el cambio de canciller y el de ministro del Trabajo “en parte vino por la imposibilidad de firmar un acuerdo conclusivo en el foro de diálogo social con la OIT. Se nos ha increpado en diferentes oportunidades sobre el tema de los acuerdos, y nosotros no nos cansamos de decir que no hubo tal acuerdo, no se avanzó sobre nada”.

Negrín confirma que la reunión no logró nada, porque se dedicó al abordaje de los convenios de la OIT número 27, 86 y 144, y “seguimos teniendo trabajadores presos, no se acordaron las tablas con base en las cuales se va a diseñar el aumento de salarios, sigue habiendo persecución y judicialización de la protesta en Venezuela”. Por eso “difícilmente vamos a reconocer un avance sobre algo que no existe”.

No poder presentar un acuerdo definitivo “que pudiesen publicitar les trajo consecuencias negativas a la gestión de ambos, porque ambos estaban allí como facilitadores”, agrega. “Creo que les pasó factura lo que ocurrió en el diálogo social”. Incluso, le pareció llamativo que, al informar sobre el cambio de ministro, Maduro no explicara a qué otra responsabilidad lo destinará. “Eso deja abierta la posibilidad de que no estuvo de acuerdo con lo que sucedió” con la OIT.

La actitud de Francisco Torrealba “va a ser muy diferente, porque Torrealba es más radical; creo que se pueden ir olvidando de los preacuerdos que firmaron algunas centrales”. Los preacuerdos con las centrales sindicales, vaticina Negrín, “se perdieron; al irse el ministro también se van los viceministerios y las conversaciones que se habían tenido ya no se pueden mantener”.

Poco optimista sobre el futuro inmediato, Negrín sostiene que seguramente será necesario “comenzar desde cero” el trabajo por la defensa de los derechos de los trabajadores. “Más allá de las tendencias tenemos que seguir trabajando en la consolidación de un movimiento de trabajadores unitario, que no esté dividido en centrales sino que sea un movimiento sindical uniforme” y sin olvidar que la representatividad “sigue estando en manos de los trabajadores”.