Tiene un gato gordo llamado Garfield. A pesar del daño que un hombre -Luis Carrera Almoina- le causó, no está cerrada a enamorarse: “Vengo de un hogar con mucho amor y mucho respeto. ¿Y por qué no puedo compartir y por qué no puedo hacerlo yo también?”

Parece que las palabras que salían de la boca de Linda Loaiza López molestaban tanto a su torturador, Luis Carrera Almoina, que decidió destruirle los labios. Las manos de Carrera Almoina dejaron en la muchacha merideña lesiones visibles, pero también, de esas que no se ven pero duelen cada día. Este sábado 27 de marzo se cumplieron 20 años del secuestro.

López, sin embargo, se secó las lágrimas y decidió seguir caminando. No solo estudió derecho para defenderse de su atacante y de la impunidad del sistema de justicia venezolano, sino que acudió al sistema interamericano a llevar su verdad y logró una sentencia que condena al Estado venezolano. Su historia está escrita en el libro “Doble crimen”, editado por Editorial Dahbar, con la propia Linda Loaiza y la activista Luisa Kislinger, como autoras.

Es cierto que su sueño de estudiar veterinaria se lo llevaron los meses de calvario al arbitrio de Carrera Almoina y las condiciones médicas que su secuestrador le causó. Mas no es menos cierto que la doctora López encontró razones para vivir. Hoy dice que “si volviera a nacer estaría difícil decidir entre el derecho y la veterinaria”.

Tiene un gato gordo, que se llama Garfield. Cuando habla del minino se ríe y no hay cicatrices que lo impidan. “Tengo un gato” y es “bien gordo, jajajajajajaja”, explica durante una entrevista con Contrapunto.com.

-¿Cómo es su relación con los hombres?

-Durante el proceso de hospitalización mi papá me vio súper aturdida. Recuerdo una tarde que él se iba, luego de la visita, y me dijo: “Hija, solo ten presente que todos los hombres no son iguales. Usted tiene un padre, unos hermanos, tiene unos tíos y unos abuelos que la aman y la respetan mucho”. Eso ha rondado en mi mente siempre. Me quedó presente. No lo he olvidado. Lo he tenido presente. ¿Qué más hombre que me ha demostrado, durante todo este proceso, el respeto, la solidaridad conmigo como mujer, como hija? Mi padre ha sido una de las personas que me acompañó durante casi todo el proceso penal interno, era quien me acompañaba a la fiscalía, los tribunales, al Palacio de Justicia, al Tribunal Supremo, a la Defensoría. Donde tenía que ir, él estaba. Siempre quiso estar a mi lado. Durante todo el proceso penal interno él estuvo allí acompañándome. El proyecto de vida de todos en casa cambió. Realmente ahora está complejo eso. Lo de la maternidad, también. Hay algunos informes que indican que no puedo tener hijos; es parte de la afectación que me ha tocado. Por ahora es muy rápido para decidir. Que sea Dios quien me siga dando esa paz, esa tranquilidad y que me permita salir adelante. Si es para acompañar a una persona, excelente. Y si no, también. La maternidad no es una obligación; ser madre es una opción, no una obligación.

-¿No está cerrada al amor?

-No estoy cerrada. Vengo de un hogar con mucho amor y mucho respeto. ¿Y por qué no puedo compartir y por qué no puedo hacerlo yo también?

-¿En qué se ha refugiado? ¿la religión ha sido un soporte?

-Sí. En mi casa mi familia y yo nos hemos refugiado en Dios. Dios ha sido la garantía y la fortaleza de esta lucha. Todo este proceso ha demostrado la fe que ha existido entre nosotros. Esta ha sido una lucha como de David contra Goliat, pero nosotros hemos estado allí victoriosos, venciendo en todas y cada una de las batallas. Todos mis días, todas mis actividades, cada paso que doy, cada entrevista que doy me encomiendo a dios para que me dé palabras, me dé sabiduría, me dé entendimiento para responder conforme al derecho y a la justicia, sin causar daño a nadie, favoreciendo a todas y a todos. Ese es mi objetivo.