“Cerca de 20 países todavía tienen en su normativa que la pena de un violador desaparece si te casas con la muchacha violada”, afirma Gioconda Mota, coordinadora de violencia de género del Fondo de Población de Naciones Unidas, a propósito del informe “Mi cuerpo me pertenece”

Las mujeres deben decir que no cuando no quieren, y tener la posibilidad de decir que sí cuando quieran, y los hombres deberían reconocer el no como un no. Lo asevera Gioconda Mota, coordinadora de violencia basada en género del Fondo de Población de Naciones Unidas, a propósito del informe “Mi cuerpo me pertenece”.

No es no “en un contexto de pareja estable o en un contexto ocasional; puedes decir que sí y después decir que no”, recuerda Mota. “No me compraste porque saliste, o porque me pagaste una cena. Te digo no. Las mujeres podemos cambiar de decisión”.

Cuarenta y tres países no tienen ninguna legislación “que aborde la cuestión de la violación marital”, subraya el documento. “Cerca de 20 países todavía tienen en su normativa que la pena de un violador desaparece si te casas con la muchacha violada”, recuerda Mota. Es un ejemplo “de cómo la norma señala con claridad cuál es la lógica social imperante con relación a las visiones de genero, los rolas de las mujeres y los hombres en sociedad”.

Según el informe, con una muestra de 57 países, “alrededor de 50% de las mujeres en situación de pareja indican que no deciden cuándo tener las relaciones sexuales o no. Estamos hablando a lo interno de la pareja”, son sociedades “que permiten la violación en el contexto íntimo de la pareja”. En violencia sexual “la brecha entre la norma y la cultura es enorme, en Venezuela y en el mundo”.

La realidad es que “la vida de muchas personas —pero especialmente la de las mujeres y las niñas— está marcada por una carencia de integridad y autonomía corporales vinculada a la falta de capacidad para tomar decisiones. Esta ausencia se manifiesta cuando la falta de opciones anticonceptivas da lugar a embarazos no deseados. Es el resultado de terribles negociaciones en las que se intercambian relaciones sexuales no deseadas por un hogar y comida”.

Los datos reflejan una realidad: “Mientras que el 76% de las adolescentes y las mujeres en Asia Oriental y Sudoriental y en América Latina y el Caribe toman decisiones autónomas”, esta cifra “es inferior al 50% en África Subsahariana y en Asia Central y Meridional”.

El matrimonio infantil “es una forma de violencia por razón de género. También supone una enorme limitación de la capacidad de decisión de las mujeres y las niñas, ya que las obliga a mantener relaciones de subordinación de por vida antes de alcanzar la capacidad legal de tomar decisiones que afectan a su vida entera. Según los cálculos más recientes, hay 650 millones de mujeres vivas que se casaron antes de los 18 años, y cada año otros 12 millones de niñas se casan antes de llegar a la edad adulta”, detalla el informe.

El hecho “de que solo el 55% de las mujeres tengan el poder de tomar sus propias decisiones sobre su cuerpo debería ser una llamada de atención para los gobiernos, los encargados de formular políticas y las instituciones de desarrollo”.

Venezuela, señala Mota, tiene muchísimos desafíos”, ya que sigue prevaleciendo “una cultura machista patriarcal que transversaliza todos los ámbitos de la vida humana” y “no tenemos lineas sostenidas de enfrentamiento de esa cultura”. Pero se intenta modificarlo. El Fondo de Población y el Ministerio de Educación están trabajando en el currículo de educación integral de la sexualidad, explica, y trabajan para incluir los contenidos.

“Todavía tenemos muchos desafíos en la puesta en escena de los medios de comunicación”, plantea. “Visibilizar los problemas y tratar de orientar un debate público sobre los problemas es positivo, pero modelar para poder transformar socialmente implica cambios más estructurales”. ¿Qué mensajes se dan?, se pregunta.

En la academia tiene que haber protocolos “para visibilizar, sancionar, regular las potenciales situaciones de acoso sexual y otras formas de violencia sexual”, confirma.