Estar en roca y sin lluvias recientes es una de las razones que protegió a los barrios, afirmó el geólogo durante una charla en el Colegio de Ingenieros de Venezuela / Texto y fotos: Vanessa Davies
En Playa Grande parece que hubiesen caído bombas. En Caribe parece que se perdieron las bases de los edificios. Se ha hablado de dos terremotos el 24 de junio, pero el geólogo Michael Schmitz, integrante de Funvisis hasta 2024 y profesor de la UCV y la USB, piensa que fue un solo y que desató una cascada.
Schmitz participó este miércoles en una charla sobre la importancia de la microzonificación sísmica realizada en el Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV). Señaló que, aunque se esperaba un nuevo sismo, no se pensó que sería como el de 1812, que se convertiría en un evento de interés mundial y que obligaría a evaluar el catastro (por el desplazamiento de 60 centímetros al oeste y 50 centímetros al este) «porque los límites de las propiedades cambian».
No deja de llamar la atención el comportamiento de los barrios. «Considero dos razones: una, que todos están en roca; roca inclinada, pero roca, donde no hay amplificación. Otra, que prácticamente en los días previos no había llovido, no se corría el peligro de desplazamiento, que es uno de los peligros que tenemos en nuestros barrios».
Los sedimentos pueden llegar a los 400 metros de profundidad en zonas como Caraballeda; en Macuto, a 150 metros de profundida, calcula el geólogo. «Claramente tenemos loa grandes daños donde está la acumulación de sedimentos», expuso.
Se refirió a los edificios de Misión Vivienda de las Opppe en playa Los Cocos, al comienzo de Tanaguarena. «Son edificios de 15 pisos con un periodo de más de un segundo sobre sedimentos con un periodo de más de un segundo. No estaban adecuados para la zona. Uno puede construir allí si se calcula el edificio de esa manera y lo refuerza asociado con esa amenaza». Se estima que las estructuras con periodos de más de un segundo son sensibles a los suelos blandos que amplifican los movimientos.
En Caraballeda, además, «tenemos un problema importante, que son los cantos rodados inmensos»: hay que entender, desde el punto de vista geotécnico, cómo se comporta ese conjunto de materiales. «Como esos cantos casi no se pueden perforar hacer las fundaciones profundas es muy costoso. Antes de desarrollar esa zona vamos a pensarlo muy bien, vamos a discutirlo muy bien con geotecnistas y con ingenieros competentes. Yo no sé si necesitamos edificios de 20 pisos».
Hay un compromiso delante, subrayó, al contarse unos 11 mil edificios con etiqueta roja y otros 25 mil con etiqueta amarilla.
La gran tarea que se propone el investigador es hacer la micronificación sísmica de las zonas más afectadas de La Guaira, que permitirá conocer en detalle qué suelos son aptos y para qué cargas. Como lo expresó durante la charla, si se reconstruye el estado sin estos estudios sería «una locura», porque se estaría trabajando a ciegas.





