Los desastres naturales, que se convierten en tales porque los países no están preparados para hacer frente a fenómenos extremos, son extremadamente costosos. De sacar estas cuentas se encarga -entre otros expertos- el venezolano Omar Bello, punto focal de evaluación de riesgos de desastres de la Cepal. «El costo de un desastre tiene tres dimensiones: los daños, las pérdidas y los costos adicionales», detalló Bello en el contexto del V Taller de Gestión de Riesgo de Desastres organizado por el Sistema Económico Latinoamericano (SELA).
En el primer caso se trata «del valor de los activos que se perdieron, evaluados al costo de reposición de un activo similar». Lo segundo «es la cuantificación de los flujos de bienes y servicios que se dejan de producir por el desastre». Y lo tercero está constituido «por los gastos que hay que hacer para proveer de manera temporal servicios, o para la atención de la emergencia».
Ahora se está proyectando un Súper El Niño, que «va a causar, en algunas zonas, lluvias mayores al promedio, pero va a causar sequías en otras zonas». Aun cuando el experto destaca que es una proyección, de ser así «en algunas partes de la región vamos a tener lluvias más fuertes, y en otras vamos a tener sequías».
Precipitaciones fuertes «se traducen en inundaciones», que tendrán «una gran afectación en vivienda, en el sector productivo agrícola y en el sector vialidad», describió. Ante situaciones como estas «es importante que los países tengan productos financieros para hacer frente; que el país cuente con recursos para una rápida rehabilitación de las carreteras, seguros agrícolas o subsidios a los productores agrícolas», tener protocolos para evacuación de personas.
Si se trata de sequía «hay que ver la producción agrícola» y cómo podría el Estado garantizar algunas compensaciones.
En caso de desastres «estamos hablando de acciones como evacuaciones» pero también «hay un componente financiero importante» para ofrecer compensaciones a los más afectados.




