El jaguar vale más vivo, que muerto, y no solo porque leyes nacionales e internacionales lo protegen: es que los ganaderos y finqueros pueden prepararse para recibir a turistas que deliran por ver a este gran felino en su propio terreno. Proyecto Sebraba, dirigido por la bióloga María Fernanda Puerto-Carrillo, está atendiendo a los ganaderos para ayudarlos a resolver los conflictos con el tigre americano

El que mata un jaguar en Venezuela y en América Latina no solo está violando las leyes nacionales e internacionales y exponiéndose a terminar en la cárcel; también está acabando con una especie en peligro de extinción y liquidando al tigre orgullo de la región. Es, por otra parte, una persona que por lo visto no aprendió a sumar y a multiplicar.

De las intervenciones realizadas durante la conferencia “Conservando al jaguar en Latinoamérica”, organizada por el equipo de Proyecto Sebraba, queda claro que el mejor lugar donde puede estar la hermosa piel del felino, sus espectaculares colmillos y sus genitales es en ese potente cuerpo de rey de la naturaleza. Los investigadores que intervinieron en la jornada remarcaron que los ganaderos y hacendados ganan mucho más manteniendo a los jaguares para que los visitantes los contemplen, que entrando en el tráfico criminal de sus partes.

La ambientalista argentina Talía Zamboni, coordinadora de Rewilding (restauración) del Proyecto Iberá, explicó que incluso con la posible depredación del ganado por parte del felino sigue siendo un buen negocio mantener las fincas para el avistamiento de jaguares. Según sus estimaciones, siete campamentos pueden obtener 6,8 millones de dólares al año por el servicio de contemplar a los jaguares.

En América Latina, con base en las proyecciones, puede haber entre 60 mil y 170 mil jaguares, estimó María Fernanda Puerto-Carrillo, bióloga y directora del Proyecto Sebraba que se desarrolla al sur del Lago de Maracaibo y en otras zonas de Venezuela. Los seres humanos los están botando de su hogar: la deforestación, el aumento de la frontera agrícola, el cambio climático son las grandes amenazas que afrontan. También, el conflicto con los ganaderos, porque este felino se está quedando sin alimentos y se ve obligado a recurrir al ganado.

Las investigaciones han revelado, por otra parte, que hay un comercio de partes del jaguar, especialmente en países asiáticos, explicó Liliana Jáuregui, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). El crimen organizado, al amparo del despelote y la desinstitucionalización en países latinoamericanos, persigue al jaguar para enviarlo por pedazos a naciones como China.

Ha habido 1.200 incautaciones, estima Jáuregui. Una de las más graves fue la de Bolivia en 2018: 385 dientes. La activista detalla que, aunque la mayoría de los casos vienen de Bolivia y Surinam, hay que tener en cuenta que esto es lo que se sabe. De otros países no llega información, aunque este delito se cometa.

En Venezuela, el número real de jaguares cazados es incalculable, admitió Puerto-Carrillo. Como investigadora supo de al menos 30 ejemplares; una sola región reportó 17.

Ni el jaguar se libra de los fake news en Venezuela, que van rodando -como lo ha demostrado el Observatorio Venezolano de Fake News- por los grupos de Whatsapp. La misma foto, la misma historia circulan para alimentar la mala fama del felino. Puerto-Carrillo resumió el cuento de un jaguar que supuestamente mató a un hombre y luego masacraron al animal. Esta es una historia de otro país, que ni siquiera se sabe si ocurrió realmente, aclara la bióloga.

El diálogo y el trabajo conjunto con los ganaderos ha rendido buenos frutos en el Pantanal (Brasil). Los dueños de las fincas han escuchado a la comunidad científica y tienen herramientas para reducir los ataques, comentó Fernando Tortato, de Proyecto Panthera.

Conservar el jaguar es un buen negocio, ya que si se lo respeta y mantiene llegarán turistas que quieren contemplarlo, subrayó Zamboni, con base en la experiencia que han podido desarrollar en la reserva natural Iberá (provincia de Corrientes, Argentina).

Venezuela fue un país número uno en ecoturismo, y puede volver a serlo, recordó Alberto Blanco, editor y naturalista e integrante del Grupo Explora. El turismo de observación de jaguar tiene futuro en varios estados, y solo se necesita que haya condiciones económicas y políticas para que se retome. La crisis llevó a que la reserva de jaguares de El Baúl ya no funcione como antes, indicó Puerto-Carrillo, pero esta historia puede comenzar a escribirse de nuevo.

Hay otros cambios, favorables, y es que hay ganaderos solicitando el apoyo de Proyecto Sebraba para resolver conflictos con jaguares en sus territorios, puntualizó la bióloga. Tengo al menos dos años recibiendo llamadas para atender el problema, resaltó, lo que revela que hay interés en resolver el problema y preservar al jaguar por encima de cualquier otra consideración.