A Jorman Ceballos le robaron su vehículo mientras enviaba dinero a Venezuela pero minutos después un buen samaritano le tendió la mano. En agradecimiento, el repartidor regaló dos mercados a familias que lo necesitaban

Una historia que recientemente se hizo viral en las redes sociales culminó con final feliz gracias a la buena acción de un usuario de Twitter. El pasado lunes en la tarde Jorman Ceballos, un repartidor de Rappi en Barranquilla, Colombia, dejó la bicicleta con la que trabaja afuera de un local mientras hacía un envío de dinero a Venezuela y al salir se percató de que había sido robada.

Inmediatamente René Jassir Lapeira escribió un tuit contando la historia de Ceballos: “Le robaron la bicicleta con la que trabaja, estaba llorando pensando en qué iba a ser de él ahora, no tiene ni cómo regresarse a su casa. Tal vez alguien tenga una bicicleta en su casa que no use y que para él será su sustento”, escribió

Minutos después, William Torres, otro usuario de la red social, comentó en la publicación que se había puesto en contacto con el repartidor pues tenía en su casa una bicicleta que no usaba.

Menos de una hora después este buen samaritano escribió que ya el repartidor tenía en sus manos la bicicleta.

En agradecimiento, Jorman se comprometió a comprar un mercado para una familia que lo necesitara. Y cumplió su promesa. Este miércoles entregó dos mercados a dos familias necesitadas de Barranquilla. También dijo que trabajará llevando domicilios en el negocio de Torres.

Jorman también manifestó en la red social su agradecimiento a Torres por el gesto y al usuario que publicó su historia. “Realmente estoy gratamente agradecido con ud no sabe el gran significado q tiene eso para mí y también le agradezco a @ReneJassir por tomarse la molestia de haber hecho la publicación, que Dios les bendiga y les brinde mucha vida y salud”, escribió.

El gesto rápidamente fue aplaudido y agradecido por los internautas. https://twitter.com/Loritotwit/status/1260199779331686405?s=20

Afortunadamente, la historia de este repartidor tuvo un final feliz gracias al buen corazón de un usuario, pero no deja de ser condenable que una persona sea despojada de su instrumento de trabajo, y menos en medio de una situación tan difícil como la generada por la pandemia del coronavirus, en la que estos trabajadores para poder subsistir arriesgan su propia seguridad cada día al llevar productos a lo hogares de millones de personas que se mantienen confinadas en sus casas.