Según una encuesta publicada esta semana por el Centro de Análisis y Sondeos del estadounidense Instituto Internacional Republicano (IRI), el 98 % de los ucranianos está convencido de que su país ganará la guerra

Una exhibición en Leópolis de armamento ruso destruido suscita optimismo por las posibilidades de victoria entre sus habitantes, que sin embargo están preocupados por el ritmo lento de la llegada de armas occidentales.

Según las últimas estimaciones del Ministerio de Defensa ucraniano, Rusia ha perdido unos 1.850 tanques, 975 sistemas de artillería y 4.100 vehículos blindados en menos de seis meses desde que comenzó la invasión.

Algunos de ellos se exhiben desde este jueves en la plaza central de Leópolis, una ciudad del oeste de Ucrania que se ha convertido en un importante nudo logístico y de refugio para los ucranianos desplazados por la guerra.

Los visitantes pueden contemplar dos sistemas de artillería rusos, un tanque T-72, un sistema antiaéreo “Buk” y un sistema antitanque “Sturm”, todos ellos dañados y capturados en la primera fase del conflicto, cuando las tropas rusas asediaban la capital.

“La idea es mostrar los crímenes que los ocupantes rusos cometen en nuestro territorio. Han usado prácticamente todos los tipos de armas que tienen contra nosotros, pero no han conseguido hacer vacilar nuestra resistencia”, afirmó durante la inauguración el secretario de Estado del Ministerio de Defensa, Kostiantyn Vashchenko.

Larisa Tretiakova, que ha acudido con su nieto Demian a pesar de la lluvia, dice a Efe que cuando estalló la guerra, pensó que Rusia atacaría pronto Leópolis, a la que los medios de comunicación rusos con frecuencia presentan como uno de los centros del nacionalismo radical ucraniano, aunque finalmente no fue el caso.

Larisa se crió en la provincia oriental de Lugansk, hija de un ucraniano de Leópolis y de una madre rusa. “Nunca imaginé que Rusia nos atacaría. Demuestra lo peligroso que es que un hombre permanezca en el poder tanto tiempo como ha hecho Putin”, afirma, en referencia al presidente ruso.

Lamenta la tremenda pérdida de vidas humanas y dice sentir dolor al imaginar la experiencia cada día en el frente de los soldados atrapados en máquinas como las que se exhiben; además, la preocupa la situación de la planta nuclear de Zaporiyia, controlada por tropas rusas.

Considera también que algunos países, como Alemania, podrían prestar mucha más ayuda de la que dan.

No obstante, Larisa se mantiene optimista. “Es la unidad y la motivación de nuestra gente la que nos ha ayudado a detener los tanques rusos y nos da la esperanza de que la guerra podría terminar este invierno”, asegura.

Entretanto, su nieto juega con otros niños junto a los equipos bélicos, parcialmente derretidos y calcinados.

Yulia, la madre de tres de los pequeños, dice a Efe que habla de forma abierta sobre la guerra con sus hijos. “Claro que evitamos los detalles horribles, pero intentamos explicarles qué está pasando. Son conscientes de que nos han atacado personas malvadas”, explica.

Otro vecino de Leópolis, que sirvió en una base de defensa aérea en Bielorrusia en la década de 1980, está anonadado ante la cantidad de equipamiento bélico que Rusia ha lanzado contra Ucrania.

“Por suerte, nosotros también tenemos cacharros serios,” afirma. “Fíjate en el aspecto que tienen ahora esos monstruos metálicos, seguro que hizo falta más que un RPG [lanzacohetes portátil] para dañarlos así”, agrega.

Ilia, un soldado de Donetsk, al este del país, está de permiso y pasea con su mujer y su hijo. Dice a Efe que los socios de Ucrania han prestado mucho apoyo pero que podrían suministrar más armas con mayor rapidez.

“No tenemos miedo y estamos dispuestos a luchar por nuestra cuenta, pero necesitamos más armas”, asegura.

Sin embargo, no está seguro de si es necesario que para poner fin a la guerra Ucrania recupere todos los territorios ocupados en el Donbás, tal y como afirma el Gobierno en Kiev.

“Depende de lo que quiera la gente que vive allí. No somos Rusia, lo que nos importa son las vidas de nuestra gente”, afirma, aunque está convencido de que la península de Crimea será recuperada y de que la guerra terminará dentro de uno o dos años con el Ejército ruso aniquilado en Ucrania.

Según una encuesta publicada esta semana por el Centro de Análisis y Sondeos del estadounidense Instituto Internacional Republicano (IRI), el 98 % de los ucranianos está convencido de que su país ganará la guerra.