La visita de la relatora de Naciones Unidas, las acciones del Departamento de Estado de los Estados Unidos, la posición de la Unión Europea, los emisarios del reino de Noruega, definitivamente mueven la esfera política nacional. No es solo el Gobierno de Maduro el que está presionado 

El Gobierno de Nicolás Maduro tiene sobre sí un dedo acusador de buena parte de la comunidad internacional, que cuestiona diferentes aspectos de su gestión. Eso no es nuevo.

Entre los más relevantes está el tema de derechos humanos y Naciones Unidas mantiene la mirada sobre Venezuela: Hace seguimiento a la Misión de Determinación de Hechos ,que en su informe afirma que, se han registrado delitos de lesa humanidad.

Michel Bachelet, la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, también tiene el mandato de hacer seguimiento al caso venezolano.

Desde la Unión Europea se le increpa al Gobierno de Maduro que no permitió un proceso electoral transparente y por eso indican que es necesario desarrollar un diálogo que pueda terminar en la realización de unas elecciones competitivas.

A esto se suma que el reino de Noruega envió emisarios para mover nuevamente las aguas de la negociación, con mediación internacional, lo que sube el volumen del caso venezolano en el concierto geopolítico global.

Por otra parte, voceros de la administración Biden llaman “dictador” a Maduro, aunque otorgaron una licencia para permitir operaciones en puertos y aeropuertos por razones humanitarias.

Esto configura un tablero de presión hacia la gestión de Maduro, que es evidente.

La respuesta

Maduro juega con astucia y hace referencia al encuentro con los delegados noruegos. Respecto a las elecciones dijo, que le estaría agradado de que la Unión Europea viniera a las elecciones de gobernadores programadas para este año.

Miraflores ha podido convivir con esta presión internacional que por distintas razones ha disminuido. Maduro ha sabido imponer sus reglas a lo interno y marca la cancha administrando los tiempos del juego político.

El oficialismo busca interlocutores y se reúne con empresarios, rectores universitarios y un sector sindical.

El otro lado

En este escenario hay otro jugador que también recibe presión.

El sector opositor se nota disperso y se ve peleado entre sí. Unos niegan la legitimidad de los otros y esto hace que desde la Unión Europea salga el exhorto de que deben trabajar en unidad.

El llamado es casi un reclamo, porque cada vez se le hace más difícil a los factores internacionales que reconocen a Guaidó como presidente interino sostener esta argumentación, con solo una comisión delegada, que no tiene presencia de calle y sin ascendencia sobre los sectores que pueden inclinar la balanza del poder en el país.

Vemos como Panamá retiró las credenciales de embajador al representante de Guaidó y James Story, desde Bogotá, subrayó que su país estaría dispuesto a levantar las sanciones, únicamente si hay un camino hacia “unas elecciones libres y justas, presidenciales y parlamentarias”.

Maduro envía a Jorge Rodríguez a Fedecámaras y comienza a darle un rol de negociadores a los empresarios y los políticos de las oposiciones pasan a un segundo plano.

No hay una fuerza específica que haga al gobierno parar la locomotora de sus planes de copar todos los espacios para tenerlos bajo su control efectivo, sin importar que los agentes internacionales lo llamen ilegítimo.

La decisión de los Estados Unidos de dar licencia para operaciones aeroportuarias y portuarias, también le mete presión al bando opositor. En este mensaje puede leerse entre líneas, que la administración Biden actuará por su cuenta “sin sus hombres en el terreno”, como llamaba Trump a Guaidó.

A correr

El escenario electoral avanza. Las elecciones se harán. El proceso de elección de las “nuevas” autoridades del CNE se hará desde la AN dentro de la institucionalidad que se impone en la realidad.

Los factores de la oposición corren.

Cada vez se suman a esta carrera más actores políticos que no respaldaron las elecciones del 6D y se nota el trabajo político preparándose para participar.

Son cada día más dirigentes de los partidos judicializados que salieron perdiendo en esa pelea los que se ven trabajando en el interior país, preparando el terreno para soltar candidatos al ruedo.

Hay una realidad que no se puede negar: el oficialismo controla el terreno y es dueño del balón. Los operadores internacionales le exigen a los distintos factores de la oposición coherencia, ya que sin un adversario fuerte en lo doméstico, ninguna presión internacional hará mella en Maduro.

Así vemos una pelea por el liderazgo en la acera opositora con lo que va quedando del G4 ,tratando de apertrecharse con los Estados Unidos y el Grupo de Lima.

Por su parte, Capriles Radonski y otros sectores se cobijan bajo el manto de la Unión Europea para forzar el diálogo y tratar de arrancarle al oficialismo alguna pequeña victoria para avanzar en una estrategia de acumulación de fuerzas y pensar en el mediano plazo.

Por su parte, la Mesa de Diálogo está descolocada porque no logró sus objetivos el 6D y trata de hacer bulla en la AN ,donde la aplanadora del Psuv y sus aliados a cada rato les pasa por encima.

¿Cómo? ¿Qué? ¡Noooo vale!

Los anuncios estruendosos de la clase político no estimulan los tímpanos de la gente.

Maduro anuncia planes de que ahora sí se mejora la economía y los opositores que ahora viene una estrategia que sí acelerará el cambio político.

Para el ciudadano, la necesidad del resolver el día a día es un obstáculo que le impide para detenerse a ponderar un debate político que no le resuelve nada y por lo tanto le es ajeno.

¿Quién siente la presión?

La preocupación del Gobierno apunta a protegerse en lo interno de las críticas que surgen desde sus filas o de quiénes en algún momento lo acompañaron. Se apura en sancionar a funcionarios que son acusados de eventos de corrupción, como las irregularidades del gas, que son un secreto voces desde hace mucho tiempo.

Internacionalmente, su mayor problema es el tema de derechos humanos y los ojos de Naciones Unidas. Para eso da pasos.

Esta semana dio medidas cautelares en los casos de los exgerentes de Pdvsa y de los activistas de Azul Positivo. Llegada la hora, tiene una buena cantidad de presos políticos, unos con mayor otros con menor perfil mediático, que puede soltar como muestra de buena voluntad.

Buena parte de estas personas no son dirigentes, ni tienen un trabajo de masas que pudiera preocuparle al oficialismo, así que su excarcelación no tendrá impacto sobre la arena política, son adversarios neutralizados desde hace rato.

Maduro ha sabido convivir con la presión internacional y las sanciones, eso es un hecho y sin presión interna las podrá seguir manejando y no hay ninguna prueba tangible que haga pensar lo contrario.

Sus adversarios internacionales en el campo diplomático, ya no le pueden robar la patineta, como dice el viejo chiste.

El cuadro opositor es distinto.

La comunidad internacional que la ha apoyado le exige unidad, como lo hizo la Unión Europea, sin embargo, la vanguardia opositora hace gala de sectarismo y dedica su tiempo a determinar “quién es más puro” o “quién es más torpe”.

La visita de los emisarios del reino de Noruega es otro aviso de la necesidad de negociar. La señal es absolutamente clara.

La pelea interna opositora ahora se centra en un pase de factura contra los abstencionistas del 6D, que se preparan para el escenario electoral. Quienes fueron criticados por llamar en diciembre a votar, ahora le dicen poco menos que: “arrepiéntete de tu pecado abstencionista y pide perdón”, y el objetivo que buscan se diluye.

Hay una exigencia concreta de parte de la comunidad internacional que apoya a los opositores: Coherencia. Mientras, el Gobierno de Maduro avanza “a paso de vencedores” en su estrategia de copar espacios.

En este escenario vale pena preguntarse entonces…¿Quién siente más la presión internacional?

Saque usted la cuenta. Nosotros no tenemos bolas de cristal para el ver más allá de lo que está a la vista, solo tenemos los pies planos para pisar tierra y hacer seguimiento a lo concreto.

El juego sigue.