Formalmente inició la campaña electoral en Brasil de cara a las elecciones presidenciales del 2 de octubre, con sendos actos por parte de los aspirantes en contienda

El actual mandatario de Brasil Jair Bolsonaro se trasladó hasta Juiz de Fora, la ciudad donde cuatro años atrás fue apuñalado en un mitin, un ataque que lo catapultó al mandato.

Regresó al municipio del estado de Minas Gerais (sureste) para “honrar el lugar donde, según dice, renació” gracias “a la mano de Dios” tras ser acuchillado en el abdomen por un enfermo mental, mientras era cargado en hombros por una multitud en 2018.

Bolsonaro llegó al mitin hacia el mediodía en moto, tras una corta caravana que hizo desde el aeropuerto, donde sostuvo un primer encuentro con líderes evangélicos.

Inicio de la campaña

Cientos de personas vistieron el icónico sitio con los colores verde y amarillo de la bandera de Brasil y ovacionaron con un retumbante “mito, mito” al mandatario cuando saludó a los asistentes.

Vestido con un chaleco antibalas, arropado por un nutrido grupo de guardaespaldas y tiradores de elite ubicados estratégicamente en edificios vecinos al sector, Bolsonaro llegó acompañado por su mujer, Michelle, su hijo Flávio y su candidato a vicepresidente, el general Walter Braga Netto.

“Brasil es una gran nación, un gran país, pero hasta hace poco era robado por la izquierda que había en el poder. Este país no quiere más corrupción”, indicó Bolsonaro, sin mencionar a su más fuerte contendor, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, que gobernó el país entre 2003 y 2010 y hoy se ubica como el gran favorito para llegar al máximo cargo del país.

Lula Da Silva regresa a la política

Rodeado de cientos de trabajadores metalúrgicos y representantes sindicales, el antiguo torneo mecánico calificó de “fariseo” y “genocida” a su más cercano contendor, Jair Bolsonaro, quien aparece segundo en los sondeos, a unos 15 puntos de distancia de Lula, que tiene cerca del 45 % de los apoyos.

“Si hay alguien poseído por el demonio ese es Bolsonaro”, exclamó el líder del Partido de los Trabajadores (PT), en un acto de enorme simbolismo a las puertas de la fábrica de Volkswagen, en Sao Bernardo do Campo, su cuna política y donde en la década de 1970 se hizo conocido como líder sindical.

Lula acusó al Gobierno de Bolsonaro de “no preocuparse por el empleo” y carecer de “una política económica” para un país que sufre con una inflación del 10 % y que cuenta con unos 10 millones de personas en busca de trabajo (9,3 %).