El Vaticano tildó de totalitaristas las ideas propuestas por los sacerdotes reunidos en Colombia. Al cambiar de sumo pontífice, la Santa Sede modificó su actitud respecto a las perspectivas acerca de la pobreza planteadas por quienes proponían la llamada “Teología de la liberación”

Este 6 de agosto se cumplen 35 años de cuando el entonces cardenal Joseph Aloisius Ratzinger, quien en 2005 (como sucesor de Juan Pablo II) se convertiría en el Papa Benedicto VXI (para abdicar en 2013), publicó un texto en el que advertía los peligros de la Teología de la Liberación.

El texto escrito por Ratzinger, a petición del entonces Papa regente, se convirtió en una serie de instrucciones que tenían como fin atraer la atención de los pastores, de los teólogos y de todos los fieles, acerca de “las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana” contenidos en la polémica teoría religiosa. 

Dicha teoría libertaria fue apoyada por la Conferencia Latinoamericana de Obispos en 1968 realizada en Medellín, Colombia, pero fue hasta 1984 cuando el Juan Pablo II, ahora santo (con una de las canonizaciones más expeditas en los dos mil años de Iglesia Católica), solicitó a la Congregación para la doctrina de la Fe que se pronunciara acerca de la Teología de la Liberación.

La institución liderada en aquel entonces por Ratzinger publicó el texto titulado: Instrucción sobre algunos aspectos de la “teología de la liberación.

Camilo Torres Restrepo, uno de los más relevantes de la Teología de la Liberación.

En ese texto la congregación explica que: “La presente Instrucción tiene un fin más preciso y limitado: atraer la atención de los pastores, de los teólogos y de todos los fieles, sobre las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de teología de la liberación que recurren, de modo insuficientemente crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista.”

Es decir, acusa de marxista a los teóricos que se pronunciaron a favor de la nueva perspectiva de la fe durante la Conferencia Latinoamericana de Obispos de 1968.

Incluso, el documento titula su séptimo apartado “El análisis marxista” y en el numeral siete de ese subtítulo explica:

7. La llamada de atención de Pablo VI sigue siendo hoy plenamente actual: a través del marxismo, tal como es vivido concretamente, se pueden distinguir diversos aspectos y diversas cuestiones planteadas a los cristianos para la reflexión y la acción. Sin embargo, « sería ilusorio y peligroso llegar a olvidar el íntimo vínculo que los une radicalmente, aceptar los elementos del análisis marxista sin reconocer sus relaciones con la ideología, entrar en la práctica de la lucha de clases y de su interpretación marxista dejando de percibir el tipo de sociedad totalitaria a la cual conduce este proceso »

En otras palabras, aquella visión del cristianismo podría conducir al totalitarismo. Sin embargo en 2013, tras abdicar Benedicto XVI, Jorge Mario Bergoglio fue nombrado papa y escogió el nombre de Francisco. Ese mismo año el recién nombrado sumo pontífice se reunió en Roma con Gustavo Gutiérrez, principal representante de las ideas de La Teología de Liberación. Eso significó un signo de mejora en las relaciones entre la jerarquía y los teólogos libertarios.

El mismo mes del encuentro, el periódico L’Osservatore Romano (en español: El Observador Romano) publicó un artículo del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, para 2013, el cardenal Gerhard Müller, en el que se elogia a Gustavo Gutiérrez, es decir que paradójicamente, la congregación que advertía en 1984 acerca de los peligros de la Teología de la Liberación ahora se mostraba afecta a los considerados “peligrosos” durante los dos papados anteriores.

Posteriormente, el cardenal Gerhard Müller y Gustavo Gutiérrez suscribieron como coautores un libro llamado: Del Lado de los Pobres y en el año 2015, el padre Gustavo Gutierrez aseguró, durante una conferencia de prensa, que la Teología de la Liberación nunca fue condenada y reconoció, por parte de la Iglesia, un énfasis cada vez más claro en la opción por los pobres desde la llegada de El Papa Francisco.