El secretario de Transportes Gran Shapps acusó por su parte al sindicato RMT de usar la huelga como una “treta” para crear el caos

La mayor huelga de trenes de los últimos treinta años ha causado el caos en el Reino Unido y ha provocado unas pérdidas estimadas en 1.200 millones de euros. Los paros convocados por el sindicato del transporte RMT han afectado a 40.000 trabajadores de 13 compañías y de las líneas ferroviarias, que funcionaron el martes bajo servicios mínimos y dejaron en la estacada a millones de pasajeros.

Ocho líneas del metro de Londres fueron también a la huelga en el anticipo del “verano caliente” de paros sindicales, en este caso en protesta contra los despidos y el recorte de las pensiones. La capital británica estuvo colapsada durante gran parte del día, con atascos en todas las arterias principales, en contraste con las estaciones cerradas a cal y canto. Millones de británicos recurrieron al coche compartido, al autobús, a la bicicleta, a la patineta eléctrica y a las caminatas a pie como alternativa al tren.

Boris Johnson se mantuvo firme frente a las presiones sindicales para un aumento de salarios del 7%, frente al 3% ofrecido en última instancia por las compañías. Johnson prometió “mantener el rumbo” en la reunión de su consejo de ministros y anticipó una política de contención ante las fuerte subidas salariales que pueden tener un impacto aún mayor a largo plazo en la inflación, que este año llegará al 11% según las previsiones del Banco de Inglaterra.

El secretario de Transportes Gran Shapps acusó por su parte al sindicato RMT de usar la huelga como una “treta” para crear el caos. Shapps fue acusado por su parte por los líderes sindicales de haber dado la espalda a las negociaciones y no haber hecho un mínimo esfuerzo para evitar los paros que se prolongarán durante otros dos días esta semana.

El líder del sindicato RMT, Mick Lynch, ha asegurado estar dispuesto a mantener un pulso con el Gobierno durante el verano si no se produce un cambio sustancial en las negociaciones. Johnson ha advertido por su parte de su intención de respaldar “el plan de modernización de la industria para evitar el desastre del declive en el uso del tren”.

Impacto del COVID y la inflación

Antes del Covid-19 se alcanzó el récord de 1.600 millones de viajes en tren al año en el Reino Unido, pero su uso cayó hasta un 80% en el 2020 y este año ha llegado a un 50% de los niveles prepandémicos. La explotación de las líneas ferroviarias fue privatizada en el país a mediados de los años 1990, bajo el gobierno conservador de John Major. Los trenes británicos figuran entre los más caros y los más obsoletos de Europa occidental, y el Partido Laborista ha llegado a incluir la renacionalización en sus manifiestos.

El líder laborista Keir Starmer ha sido también duramente criticado estos días, tanto por los líderes sindicales como por los periódicos conservadores, por su silencio ante la huelga del ferrocarril. Starmer criticó por un lado a Johnson, por “incendiar las protestas sindicales”, pero por otro lado dio instrucciones a los laboristas para que no se sumen a los piquetes durante los paros de esta semana.

La presencia de su número dos, Angela Rayner, en la manifestación del pasado fin de semana en Londres en protesta por el aumento del coste de la vida, ha reactivado sin embargo las críticas contra el laborismo por su labor a la sombra y por la intención de replicar los acciones sindicales de los años setenta en el que se avecina como “el verano del descontento”.

Los sindicatos de profesores, de enfermeras y de funcionarios son algunos de los que han anunciado posibles acciones en los próximos meses, reclamando subidas salariales para compensar la inflación galopante que ha superado ya el 9% y que afecta sobre todo a la energía, la alimentación y el transporte.

En los aeropuertos británicos se siguen viviendo entre tanto a diario escenas de caos por la falta de personal. EasyJet ha anunciado esta semana la suspensión de 10.000 vuelos este verano y más de 1,5 millones de pasajeros pueden resultar afectados. El caos que empezó en el aeropuerto de Gatwick hace un mes se ha trasladado a las terminales 2 y 3 de Heathrow, que ha recomendado a las compañías que suspendan el 10% de sus vuelos para poder hacer frente al colapso en la recogida de equipajes.