La crisis afecta a todos los venezolanos, pero la solución la tienen unos pocos en sus manos, advierte el diputado y dirigente de izquierda. “Hay que seguir explorando” la vía del entendimiento, subraya

Fiel creyente de la izquierda “que todavía no ha gobernado en Venezuela”, el diputado Eustoquio Contreras mantiene la defensa de las ideas que, con la gestión del madurismo, parecen haberse convertido en una mala palabra.

Contreras, nacido en Zaraza (Guárico) en 1955, conserva mucho de la Venezuela profunda que hizo suyo el proyecto político de Hugo Chávez. Pero marcó su distancia del mandatario Nicolás Maduro y decidió volver a la Asamblea Nacional (AN) a pesar de la línea del oficialismo de retirarse de ese espacio por considerar que se encuentra en desacato, como lo dictaminó el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

La vía pacífica y la vía violenta están caminando paralelamente, asegura Contreras en entrevista con Contrapunto que aunque la pacífica es la deseable, la realidad es que la crisis institucional “no permite una salida por la vía del estado de derecho”, y que el país se encuentra en un estado de anarquía “por la ausencia de una institucionalidad creíble” con dos presidentes, dos TSJ, dos fiscales y sin un poder público que pueda dictar una norma obedecible, creíble y vinculante. “Eso es un estado de violencia”, afirma.

Los factores no logran encontrar la salida pacífica a la crisis porque la solución es política, alega; en otras palabras, todo depende de que los actores políticos se pongan de acuerdo “y desactiven esa bomba de tiempo que es la vía violenta”.

Considera también que mientras más cerca esté la salida violenta más cerca estará la negociación, aunque aclara que no estamos en una transición política y todavía falta para que llegue.

Contreras concluye que el espacio de negociación en Noruega fracasó y remarca que no fue un diálogo acordado sino una invitación a conversar. Sin embargo, considera que una mesa de negociación “tendrá que venir” e insiste en que, o los venezolanos nos entendemos para lograr una salida pacífica al conflicto, o se impondrá el camino de la fuerza, que “nunca va a resolver nada, porque independientemente de quién se quede con el poder” será una derrota para la nación.

La solución de fondo, en su criterio, es llegar a “un entendimiento que le devuelva la institucionalidad al país en el marco de la Constitución”.

El legislador recuerda que la oposición pide que el Parlamento sea respetado, elecciones con otro Consejo Nacional Electoral (CNE), que cese la inhabilitación de líderes políticos y que se facilite el voto de los venezolanos en el exterior y resalta que Maduro solicita que cesen las sanciones, que se establezca la gobernabilidad y que cese “la conspiración”.

Expone, por lo antes señalado, que lo primero es el acuerdo político con un menú de opciones, sin perder de vista la gran responsabilidad histórica. “Hay que seguir explorando”, dictamina.

Juan Guaidó y Nicolás Maduro deben sentarse cara a cara, o al menos, los representantes que ellos designen, propone Contreras. Pero se debe dejar claro que Maduro no se sienta en calidad de presidente de la República sino de dirigente de un sector del país; y que Guaidó no se sienta como presidente de la República, sino como dirigente de otro sector de la nación. “Eso no debe ser un problema” si se busca una solución.

“La crisis nos afecta a todos los venezolanos, pero la solución la tienen unos pocos en sus manos”, sentencia. Esos pocos son, según su caracterización, Maduro y sus líderes y Guaidó y sus líderes. A ambos les pide entender que una negociación implica concesiones de lado y lado, y que deben deponer sus intereses personales. “No se puede desechar nada”, reitera.

Aunque la salida pacífica depende de los venezolanos mientras la violenta está en otras manos, analiza, la vía violenta se desactivará en el momento cuando se le presente al país una salida negociada, “un documento firmado”.

Los lapsos para una salida lucen impredecibles, asevera Contreras. “Las condiciones, a la luz de los hechos, no han madurado lo suficiente como para que las partes por igual sientan la necesidad; las partes tienen que sentir que la salida por un entendimiento es mejor, y que al no hacerlo les va peor. Ese momento no ha llegado, pero va a llegar”. Son el tiempo y la conflictividad, augura el dirigente de izquierda, los que llevarán al país a ese escenario.