Es inexplicable que haya ocurrido la masacre del 11 de abril sin que Casa Militar sea responsable, afirma la presidenta de la ONG Control Ciudadano

11 de abril de 2002. Ese jueves la oposición al gobierno de Hugo Chávez convocó una manifestación que, en principio, culminaría en la sede de Pdvsa en Chuao. No fue así. Caos, pistolas, Policía Metropolitana, Puente Llaguno, disparos, francotiradores, muertos, televisoras con pantallas divididas. Todos llegan como recuerdos de aquel ciclo extraño y sombrío que se extendió hasta el 13 de abril.

El 11 de abril fue el día en que opositores y oficialistas se encontraron en los alrededores del Palacio de Miraflores, y que provocó el derrocamiento de Chávez por al menos 48 horas. El choque dejó al menos 18 muertos y unos 69 heridos, según cifras oficiales; eran manifestantes de ambos bandos, pero todos venezolanos.

A 17 años de los sucesos de 2002, la abogada Rocío San Miguel recuerda que por esos días trabajaba dentro de Miraflores como consultora jurídica del Consejo Nacional de Fronteras. Ella aún tiene preguntas sobre lo ocurrido en esas fechas, que nadie ha contestado.

El recuerdo que tiene Rocío San Miguel de abril de 2002 no es más que “una fotografía muy triste de lo que significa aferrarse al poder”, mediante pactos entre grupos de influencia.

Foto: Jonathan Lanza – Contrapunto

Para la abogada, y presidenta de la ONG Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional, una evidencia muy clara de lo que se puede lograr pactando es lo ocurrido el 13 de abril de 2002: Hugo Chávez retorna a Miraflores.

—¿Qué significa 11 de abril de 2002?

—Ese día significa muchas cosas. Significa la traición del generalato a Hugo Chávez para serle fiel a un pueblo que reclamaba en las calles un cambio en el poder. Significó la utilización abierta por parte de Miraflores de grupos armados. Para ese momento yo justamente trabajaba en Miraflores. Es inexplicable para quienes trabajábamos allí ver cómo Casa Militar, teniendo el control de todos los edificios aledaños a Miraflores, no impidió todo lo que ocurrió en términos de matanza y de asesinatos y de utilización de armas de fuego contra ciudadanos desde esas edificaciones.

Ese día “significó también, yo diría, que una fotografía muy triste de lo que implica aferrarse al poder por todos los métodos y no aceptar medirse de manera transparente en elecciones, y los resultados que esto genera. Debemos recordar que el 11 de abril es el punto culminante de un mecanismo que se expresaba en las calles pidiendo un referéndum; es decir, muchas cosas representa y podría ser una larga e interminable lista de cosas que quedaron expresadas en ese 11 de abril de 2002”.

—¿Para qué sirvió el 11 de abril?

—El 11 de abril es un hecho que no puede medirse en términos de para qué sirvió. Creo que el resultado quedó expresado en la muerte, en la utilización de individuos armados al margen de la ley contra la población civil. Para lo que sí sirvió fue para mostrar a la historia de Venezuela algo que no puede volver a ocurrir.

—Comenta que para abril de 2002 ya existían colectivos armados. Es decir, ¿los colectivos armados no son algo reciente por parte del oficialismo?

—Los antecedentes de los colectivos armados pueden situarse en la utilización que de los Círculos Bolivarianos armados se hizo entre los años 2002 y 2004.

—Para usted, ¿qué diferencias existen entre la Fuerza Armada Nacional de abril de 2002 y la de abril de 2019?

—Que la Fuerza Armada Nacional pasó del paradigma constitucional a un paradigma de funcionamiento revolucionario: Ese es el cambio fundamental. Es decir, poco importa la ley, poco importa la letra de la Constitución. La FAN está orientada solo a la defensa de la revolución.

Foto: Jonathan Lanza – Contrapunto

—Con todo el contexto venezolano social, político y militar en los últimos años, específicamente en 2019, ¿por qué no ocurre un levantamiento militar como el de 2002?

—Es que 2002 no tiene que ser visto como un levantamiento militar; fue más una cadena que se inicia en el rechazo. Hay muchos mecanismos que son distintos; es decir, hay unos enormes incentivos de lealtad adosados al poder que representa Nicolás Maduro, digamos que se mantienen allí fieles. Son muy distintas. Hay un abismo entre la Venezuela del 11 de abril de 2002 y la Venezuela del 11 de abril de 2019.

A su juicio, “una de las primeras cosas que ocurre es que la población tiene legítimos temores de ser masacrada en las calles. Para el 11 de abril la gente no sabía que el poder era capaz de asesinarla en la calle del modo en que lo hizo, y eso tiene una representación importante en el imaginario colectivo”.

San Miguel asevera que ahora “los cuerpos de inteligencia operan de manera distinta. Miraflores se encuentra totalmente fortificado, dispuestos a ir a una guerra si es necesario en el caso de que se acerque población manifestando”.

La propia Guardia de Honor Presidencial “ha generado todo un sistema de brigadas y de batallones enormes para la defensa del poder; es decir, hay un abismo entre lo que representa el 11 de abril de 2002 y el del 2019”.

—¿Cree que la oposición aprendió del 11 de abril de 2002 para que no se repita algo como eso?

—Yo creo que, más que la oposición, es el país el que tiene enseñanzas de lo que ocurrió el 11, 12 y 13 de abril. La primera de ellas es que hay grupos de poder militar que existen en la FAN, que pactan, que son capaces de negociar aspectos políticos cuando no están representados en esas mesas de negociación, como quedó en evidencia.

El retorno de Chávez es totalmente el producto de un pacto de un grupo que no se vio representado en la nueva ecuación de poder. Ese es el momento en que el comandante del ejército llama a Raúl Isaías Baduel. Esa es la representación más clara de que se aprendieron lecciones. La existencia de grupos de poder y cómo estos grupos de poder militar negocian para verse representados en las nuevas ecuaciones de poder; para mí, esa es una enseñanza que quedó claramente de manifiesto el 11, 12 y 13 de abril.

—Usted habla de la lealtad a través de incentivos. ¿Qué pasó con la lealtad de la FAN a los ciudadanos?

—La ecuación pueblo-caudillo-ejército es la tríada en la cual se inició la revolución bolivariana y el pueblo es un elemento de utilería, un elemento que solo es necesario a los fines electorales, a los fines de convocárseles de manera general para hacer ver que cuenta con ese apoyo. Poco importa el concepto de ciudadanía, que es aquel sujeto de derechos constitucionales.

A la revolución solo le importa el pueblo como masa, y eso ha sido una constante de la revolución bolivariana. En esta narrativa se vio claramente cómo se es capaz de acribillar a un pueblo cuando tiene la osadía de acercarse al poder y de aplastarlo en la manifestación más burda que ocurrió en los alrededores de Miraflores.

San Miguel sostiene que es importante dejar una enseñanza: “Para el 11 de abril existía una zona de seguridad sobre Miraflores, la zona sobre la que Casa Militar tiene las llaves de todas las azoteas que rodean a Miraflores y todavía no existe una explicación del responsable que, para ese momento, era el ministro de la Defensa, José Vicente Rangel”.

Se pregunta: “¿Por qué no se custodiaron las azoteas de Miraflores? Esa deuda está pendiente con el país, porque es inexplicable que haya ocurrido esa masacre sin que Casa Militar sea responsable por esos hechos”.

—¿Cree que es posible un 11 de abril espontáneo, sin dirigencia política de un lado ni de otro que llame a los ciudadanos a las calles?

—Yo creo que cualquier cosa es posible en los escenarios de degradación que están ocurriendo en Venezuela. Es decir, las necesidades son enormes y puede haber manifestaciones que pueden ser de expresiones hacia Miraflores, hacia las alcaldías, gobernaciones, como también está latente el fantasma de lo que puede ser expresado como un Caracazo. Son elementos que los investigadores sociales tienen muy presentes en los escenarios de análisis sobre Venezuela; están allí, y en algunos periodos cobran mayor posibilidad de ocurrencia, y en otros menos, pero son escenarios que no tienen que desestimarse desde la perspectiva del análisis social, político, militar y económico en Venezuela.