Todavía en Venezuela no hemos visto lo peor con la epidemia de COVID-19, advierte el médico, diputado y presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Nacional

Quien pensara que era una exageración advertir sobre el avance de la COVID-19 en Venezuela seguramente enmudeció cuando el domingo 5 de julio el gobierno de Nicolás Maduro reportó más de 400 pacientes en 24 horas.

José Trujillo, presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Nacional (AN), no se muerde la lengua al describir lo que sucede en Venezuela. “Cuando en marzo, abril y mayo hicieron la cuarentena rígida y total no era por la COVID-19” sino por la escasez de gasolina, afirma Trujillo en entrevista con contrapunto.com.

Pero ahora “la mentira se convirtió en verdad” y en este momento la enfermedad empezó a crecer de manera exponencial. “Nosotros estamos retardados en la epidemia porque hicimos una cuarentena cuando no teníamos que hacerla”.

Asegura que las autoridades “no hicieron nada” en los primeros tres meses de cuarentena “porque no están interesados en hacer nada”. Para detener la pandemia, insiste, habría que hacerles pruebas PCR a todas las personas con síntomas respiratorios, y si salen positivas, colocarles tratamiento a ellas y a sus contactos. También podría seguir el camino de El Salvador: la entrega de un kit de medicamentos para que todo paciente con síntomas de gripe se los tome.

¿Hay dinero para eso? “¿Cómo tú me vas a hacer esa pregunta si acaban de comprar 15 mil máquinas electorales a precios exorbitantes para un proceso electoral?”, replica. Con ese kit de tratamientos, a su juicio, se “cortaría de manera violenta el contagio de la enfermedad, y podríamos parar y evitar la mortalidad”.

-¿Qué pasa con la mortalidad? ¿Tenemos los números reales?

-Evidentemente los números no son reales. Cuando ellos hablan de 400 casos deben estar por el orden de los 4 mil. Pero, ¿por qué las cifras de mortalidad son bajas? Simplemente porque cambian el diagnóstico.

Trujillo alega que se achacan las muertes por COVID-19 a infartos o crisis hipertensivas. “¿Cómo yo sé eso? Porque nuestros médicos en los hospitales así lo están diciendo”, replica.

-Los muertos no se esconden. ¿Cómo los van a tapar?

-Es que todavía estamos en el piquito de la acción exponencial. Es el piquito. Voy a partir de que lo que ellos dicen es verdad: son 400 casos diarios. Para el mes de septiembre, si eso es verdad, vamos a estar reportando 4 mil. Esos 4 mil diarios van a hacer que colapse el sistema de salud y vas a empezar a ver cómo los muertos caen en la calle. ¿Por qué? Porque a la gente no le va a dar tiempo de llegar a los hospitales. Estamos entrando en el invierno. ¿Qué ocurre? Aumentan los procesos gripales y los gastrointestinales. Sales a la calle, te mojas, te da la gripecita. Van a aparecer más casos de gripe, con la diferencia de que la gente se va a morir de la gripe. Por eso la importancia del tratamiento preventivo.

Como médico, reivindica a los patólogos italianos que, contraviniendo las directrices de la OMS, hicieron autopsias y demostraron que los pacientes con COVID-19 mueren por coagulación de la sangre.

-¿No hemos llegado a nuestro peor momento?

-Eso es lo triste.

-¿El peor momento será en septiembre?

-El cálculo que estoy haciendo es que entre agosto y septiembre va a ser terrible a menos que tomemos las medidas.

-¿Hay condiciones para hacer elecciones?

-Te voy a contestar con una repregunta: ¿Crees que, cuando hubo el deslave de Vargas, había condiciones para hacer elecciones? Y con la gente muriéndose en Vargas las hicieron.

Su planteamiento, como epidemiólogo, es “suspender por lo menos por seis meses las elecciones, aunque yo sé que el fin del gobierno es hacer las elecciones rapidito para entrampar a todo el mundo”.

El esquema de 7×7 “no existe en ninguna literatura médica epidemiológica en el planeta”, enfatiza. “¿Me vas a decir que en siete días el virus no va a seguir transportándose?”. Insiste en que los siete días de cuarentena son para aplicarle a la población “el psicoterror” e incrementar su vulnerabilidad, y argumenta que la gente vulnerable se va a contagiar y posiblemente va a fallecer.