El dirigente sindical militante del Psuv apuesta por los Consejos Productivos de Trabajadores. Cree en la movilización de los trabajadores como herramienta para evitar una guerra civil y un enfrentamiento entre venezolanos 

Jacobo Torres llega puntual a la cita en Contrapunto con paso firme y con su voz ronca saluda jovialmente a la redacción.

Dirigente del Psuv, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y coordinador internacional de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores, no es partidario de que el Estado “sea el administrador de todo” y dice que todavía no ha encontrado un texto, en la teoría socialista, donde se niegue la existencia de la propiedad privada.

Después de acomodarse en la silla y compartir los comentarios propios de las vicisitudes que se han vivido en Caracas y en el interior, en estos tiempos de apagones, se dispone con buen talante a responder las preguntas.

—¿Cuál es el rol de la clase trabajadora en esta coyuntura económica tan complicada?

—Producir es el reto de los trabajadores. Producir lo que necesita nuestro pueblo, y para el que debemos articular nuestra organización, con los esfuerzos que se hacen desde el Gobierno para construir el modelo socialista que se quiere y satisfacer las necesidades la población. Salir del modelo rentista pasa por organizar a la clase obrera para la producción y productividad.

—La realidad económica parece decir que el modelo no es viable y no es exitoso.

—La derecha habla del Estado fallido. Y es cierto, esto es un Estado fallido. Pero esto es su Estado. Nosotros tenemos las herramientas para construir otro Estado que responda a las necesidades de la sociedad. No tenemos ninguna empresa socialista. Esa es la deuda de la clase obrera: la construcción de un nuevo Estado. Eso se lo planteamos al Comandante y le dijimos: ‘no puedes hacer el socialismo sin la clase obrera’, y allí es donde está la esencia de la democracia participativa y protagónica. Esto no es China, ni Rusia, ni Vietnam. Este debe ser el socialismo bolivariano. Nosotros no venimos de un proceso insurreccional, aquí hemos tenido 25 elecciones en 21 años y casi todas las hemos ganado. Eso nos hace diferentes.

—Pero en este momento tenemos una hiperinflación que agobia a los trabajadores, por decir uno solo de los grandes problemas que existen. ¿En qué se ha avanzado?

—Mantenemos el modelo del capitalismo, por eso estamos como estamos. Pero en lo que estamos es en la construcción del nuevo modelo. Este proceso nació como una respuesta a lo que era la crisis neoliberal de los años noventa. Cuando tomamos el poder, el cuadro era dantesco. Privatizaciones, trabajadores botados, cajitas felices mentirosas. En Sidor había 22.000 trabajadores y quedaron 4.800 en condiciones precarias. Se desmanteló Sidor porque la idea era acabar con ella y quitarle la competencia a la empresa que la compró para garantizarse el monopolio regional del acero. Prestaciones sociales en 1997 se conculcaron e incluso sectores de la derecha defendieron esa reivindicación. Encontramos un país devastado. Gracias a la renta petrolera se sostuvo el Estado venezolano. Chávez nos dio las herramientas de nacionalismo para la construcción de un nuevo modelo.

—Pero no se ha construido.

—Mantenemos el modelo del capitalismo. Hemos reproducido el modelo capitalista. Venezuela es el país que mayor renta distribuye entre su población y Chávez se convirtió en un redistribuidor de la renta en una forma más justa, y por eso el gasto social de la cuarta se convierte en inversión social en el proceso bolivariano. Las misiones son eso.

—Pero existe una situación económica y política muy complicada que afecta las condiciones de vida de los venezolanos.

—A Nicolás le toca la situación más complicada de la historia. Pensaban que era otro Chávez. Nicolás no es Chávez. Y ahora la burguesía descubrió que Chávez era bueno y Nicolás es el malo. Nicolás viene con reflejo de clase, da unas reflexiones interesantes y plantea salir del rentismo de una vez por todas. Después de la caída de los precios petroleros se hace más urgente la construcción de un modelo productivo.

—¿Qué hacer?, se preguntó Lenin a principios del siglo pasado…

—Se debe salir del modelo gerencial tecnoburocrático. Tenemos que acabar con el adequito que tenemos por dentro y hablándonos detrás de la oreja porque fuimos educados en la cuarta república y, a veces sin querer, reproducimos esas prácticas porque con eso crecimos.

—¿Es decir que la gerencia no sirve?

—El Estado debe reservarse los administradores y sustituir las juntas directivas de las empresas del Estado que se administran como compañías capitalistas, sociedades anónimas o compañías anónimas. Por eso debemos avanzar en la constitución de los consejos productivos de los trabajadores. Profesionales, empleados y obreros. Somos un colectivo y no individualidades.

—¿El modelo niega la profesionalización y el trabajo técnico?

—Trabajadores somos todos, ganemos más o ganemos menos. No se niega la profesionalización y cada quien aporta lo que tiene. Lo que hace socialista el proceso es la participación de todos en cada uno de los espacios que se requiere para aportarle al país. Hay que desmitificar el obrerismo. Hay que aportar para la optimización de la productividad de las empresas. O lo hacemos productivo o simplemente seguiremos reproduciendo el viejo modelo y seguiremos jodidos. Tenemos que luchar contra el burocratismo, que viene desde la colonia, y que en algunos casos lo hemos sufrido dentro del proceso, y se ha traducido, ese burocratismo, en corrupción.

—¿El modelo niega la propiedad privada?

—Hay que salir del estigma balurdo de la guerra fría y del discurso anticomunista clásico. Que me digan dónde dice en el socialismo que no existe la propiedad privada. Si hablamos del comunismo, es otra cosa. No estoy de acuerdo con que el Estado tenga que administrarlo todo. El Estado está obligado a lo estratégico. Pero la empresa privada tiene un rol que cumplir dentro de una planificación que tiene que hacer el Estado con un proyecto de largo plazo.

—¿Qué hacer con la situación económica? 

—Medidas coercitivas de carácter penal. Que quien siga especulando, debe ir preso. Hay que tomar medidas que, aunque puedan sonar draconianas, son necesarias. Hay fenómenos que no responden a los fundamentos clásicos de economía y vemos cómo se mueve el dólar de manera inescrupulosa, sin obedecer ni siquiera a las leyes del mercado. Este Estado llegó hasta donde tenía que llegar y los trabajadores tenemos que enterrarlo.